Este sistema de crueldad fue permitido por un "fallo institucional" derivado del "miedo a las acusaciones de racismo" por parte de la policía y los servicios sociales, quienes sacrificaron a las menores en el altar del multiculturalismo.
Mientras esta tragedia nacional es silenciada, la tensión en las calles ha llegado a un punto de ebullición. El pasado viernes en Edimburgo, un ciudadano escocés de 36 años fue arrestado por la Policía Antiterrorista tras un ataque con machete que dejó a 5 inmigrantes musulmanes heridos. Al ser reducido, el hombre expresó el sentimiento de una nación abandonada: "¡Estoy protegiendo al país de estos putos cabrones musulmanes que violan a nuestras jóvenes hijas!".
La reacción del Primer Ministro progresista, Keir Starmer, ha sido calificada de infame por los sectores conservadores. Starmer se apresuró a emitir un comunicado tildando el ataque de "absolutamente indignante" y motivado por el "odio antimusulmán", prometiendo que el sospechoso enfrentará "todo el peso de la ley".
No obstante, el mandatario ha sido duramente criticado por ignorar deliberadamente el informe de Rupert Lowe, demostrando que para su gestión es más urgente perseguir la reacción ciudadana que castigar a los responsables de la explotación sexual industrial de miles de jóvenes británicas.