El Gobierno de Vladimir Putin analiza una controvertida reforma que podría reducir la edad mínima para trabajar a 12 años y reabrir campos de trabajo infantil similares a los utilizados durante la era soviética.
La iniciativa surge en un contexto de profunda escasez de mano de obra, agravada por el impacto de la guerra en Ucrania y la crisis demográfica que atraviesa el país.
La propuesta es impulsada por la defensora para los derechos del niño en Moscú, Olga Yaroslavskaya, quien planteó la necesidad de modificar la legislación vigente para permitir que adolescentes más jóvenes puedan incorporarse al mercado laboral, al menos de forma parcial durante las vacaciones.
Soldados rusos muertos.
“Cuando hablamos con adolescentes de 12 años o más, todos quieren trabajar en verano, casi todos”, afirmó la funcionaria durante una conferencia de prensa sobre seguridad infantil. En ese sentido, sostuvo que la medida permitiría a los jóvenes ganar “un poco de dinero” y ocupar su tiempo de manera estructurada.
Actualmente, la normativa rusa permite el empleo de menores a partir de los 14 años con autorización de los padres, o desde los 15 años de forma independiente. Sin embargo, Yaroslavskaya considera que ese marco resulta insuficiente frente a la situación actual y remarcó que “no es ningún secreto que necesitamos cambiar la legislación laboral federal”.
Uno de los aspectos más polémicos de la propuesta es la posible reactivación de los campos de trabajo infantil, una práctica habitual durante la Unión Soviética. La funcionaria defendió esta idea al asegurar que estos espacios podrían ofrecer contención y organización para los adolescentes, especialmente aquellos cuyas familias no pueden costear actividades recreativas prolongadas.
“Me parece que el regreso de los campos de trabajo es un escenario realista que nuestros hijos apoyarán”, declaró en una entrevista con la radio Govorit Moskva.
Campo de trabajo infantil soviético.
Para respaldar su postura, Yaroslavskaya recordó su propia experiencia en este tipo de programas: “En séptimo grado [octavo año], nos llevaron a desyerbar tomates bajo un calor de 40 grados en un barracón en medio de los campos”. Y agregó: “Sobrevivimos, y además, me traje a casa 120 rublos”.
El trasfondo de estas propuestas está directamente vinculado a la creciente presión sobre el mercado laboral ruso. Economistas advierten que la falta de trabajadores se ha vuelto un problema estructural que podría afectar el crecimiento económico durante los próximos años.
Según estimaciones de Bloomberg, Rusia necesita alrededor de 1,5 millones de trabajadores adicionales para equilibrar su mercado laboral. A su vez, la Unión Rusa de Industriales y Empresarios proyecta un déficit de hasta tres millones de trabajadores hacia 2030.
La crisis se ve profundizada por varios factores simultáneos: una tasa de natalidad históricamente baja, la emigración de hasta un millón de jóvenes profesionales tras el inicio de la guerra y una elevada mortalidad entre hombres jóvenes en la guerra con Ucrania, donde se estima que alrededor de 1,5 millones de soldados rusos han muerto o resultado heridos.
En este escenario, las autoridades rusas evalúan medidas polémicas para sostener la actividad económica, incluso si implican revisar límites laborales históricamente establecidos.