La dictadura busca sostenerse tras la captura de Maduro con una designación sin respaldo democrático.
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El Tribunal Supremo de Justicia del régimen venezolano ordenó este sábado que Delcy Rodríguez asuma como presidenta encargada de Venezuela, luego de la captura de Nicolás Maduro durante una intervención militar de Estados Unidos en Caracas y otras zonas estratégicas del país.
La decisión fue comunicada a través de un mensaje obligatorio en cadena nacional, leído por Tania D’Amelio, presidenta de la Sala Constitucional del TSJ. En el texto, el tribunal instruyó que Rodríguez asuma “todas las atribuciones, deberes y facultades inherentes al cargo de presidente de la República”, con el argumento de preservar la continuidad administrativa y la defensa del Estado.
Maduro en territorio americano.
El fallo expone con crudeza el funcionamiento interno del régimen chavista: ante la ausencia forzada de su líder, el poder no se somete a ningún mecanismo institucional legítimo ni a la voluntad popular, sino que se reasigna por decreto judicial dentro del mismo círculo de poder. No hubo consulta, ni debate, ni control parlamentario. Solo una orden.
Mientras tanto, Maduro permanece detenido en suelo estadounidense, a la espera de ser juzgado por presuntos delitos vinculados al narcotráfico y otras causas federales. La confirmación de su traslado fuera de Venezuela terminó de desatar un reordenamiento acelerado del poder interno, con el objetivo central de evitar un vacío que pudiera derivar en fracturas dentro del aparato chavista.
Considerada una de las figuras más duras y leales del régimen, Delcy fue durante años la principal operadora política y diplomática del chavismo. Su ascenso busca garantizar que el control permanezca en manos del mismo núcleo que condujo al país a una crisis humanitaria, económica e institucional sin precedentes.
Delcy Rodriguez. junto a Diosdado Cabello, rumoreado como líder de facto.
Desde Caracas, el régimen intentó presentar la decisión como un acto de “normalidad constitucional”. Sin embargo, para la comunidad internacional y para millones de venezolanos, se trata de un intento de sostener artificialmente una estructura de poder que se derrumba.
La situación abre un nuevo escenario de extrema tensión. Con Maduro fuera del tablero y una sucesión decidida entre cuatro paredes, la dictadura enfrenta el desafío de contener presiones internas, el aislamiento externo y el avance de investigaciones internacionales. El reemplazo no implica un cambio de rumbo, sino la continuidad de un sistema que se resiste a caer, incluso después de la amenaza de nuevas intervenciones.