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Cuáles fueron las presiones internacionales y de la Corte Suprema que llevaron a la renuncia del ministro Ricardo Salles

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La semana pasada el ministro de Medio Ambiente de Bolsonaro renunció por “motivos personales”, pero una persecución política de algunos jueces de la Corte Suprema, además de presiones de ONGs ecologistas, podrían haber sido la gota que rebalsó el vaso.

El ministro de Medio Ambiente Ricardo Salles renunció este miércoles 23 de junio. Su dimisión fue publicada en la edición extra del Diario Oficial de la Unión. Lo reemplazará Joaquim Álvaro Pereira Leite, el actual Secretario de la Amazonia y Servicios Ambientales en el ministerio, otro aliado del presidente Bolsonaro.

De todos modos, el gobierno queda muy golpeado por su salidaSalles era un popular y muy querido referente del bolsonarismo en Brasil y había sido el encargado de defender las políticas liberales en el plano ambiental de Jair Bolsonaro.

Aunque el ministro alegó dejar el puesto por motivos personales, dos cuestiones claves podrían haberlo empujado a abandonar su cargo en el gobierno Bolsonaro: la constante lucha frente a los intereses de las organizaciones internacionales y la persecución por parte de la oposición, principalmente, por parte del Supremo Tribunal Federal (STF).

Desde que asumió Bolsonaro como presidente, empezó a haber una serie de allanamientos y detenciones ilegales por parte del STF hacia periodistas, empresarios y políticos de derecha. Se abrieron dos causas contra el sector bolsonarista conocidos como la Causa de las Fake News y la Causa de los Actos Antidemocráticos, con el único objetivo de criminalizar a los defensores del actual gobierno y así debilitar el poder del mandatario. Cabe recordar que de los 11 jueces de la Corte Suprema, solo 1 no es de izquierda.

Los ministros del gabinete de Bolsonaro tampoco quedaron exentos de esa persecución. Una parte de ellos tuvo que dejar el gobierno tras amenazas y acusaciones judiciales, que nunca fueron comprobadas.

El caso que tuvo más repercusión en Brasil fue el del ex ministro de Educación, Abraham Weintraub, quien está siendo investigado por sus dichos en una reunión ministerial realizada el 22 de abril de 2020. El ministro habría “amenazado” indirectamente a los ministros de la Corte Suprema al decir que por él, “pondría a todos los vagabundos en la cárcel, empezando por el STF”.

La reunión, a pesar de haber sido privada, fue grabada como todas las reuniones del gabinete, y fue luego difundida por orden del Supremo, lo que causó numerosas discusiones al decirse que no se respetó su confidencialidad.

Ricardo Salles.

Amazonia y ONGs

Defender a la codiciada Amazonia, nunca fue tarea fácil. Ricardo Salles fue el primer ministro de Medio Ambiente que se animó a enfrentarse a los intereses políticos e internacionales sobre esa región. Las ONGs que se instalaron en el país para “proteger a la selva” ya fueron descubiertas en incontables investigaciones por repases y desvíos de dinero.

Durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), Lula creó por decreto el Fondo Amazonia que recibía montos billonarios desde Noruega y Alemania para la supuesta preservación forestal por parte de las ONGs. El Estado no tenía autonomía sobre ese fondo, y la rendición de cuentas de los repases presentaba falencias contables, según manifestó el mismo Salles en una audiencia pública en el STF, el 23 de octubre de 2020.

En el 2019, el Fondo fue paralizado tras una serie de sugerencias hechas por el ministro Salles sobre la aplicación de esos recursos y su transparencia. Por tal motivo, Alemania y Noruega dejaron de efectuar los repases.

Salles también sufrió una serie de ataques por las fake news sobre las quemadas de la Amazonia, en diciembre de 2020.

Hasta el final de su mandato, la presión por parte de esas organizaciones solo fue en ascenso. Aunque Brasil es uno de los países que más área preservada tiene en el mundo con más del 66,3% de selva nativa -según los datos de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (Embrapa)-, las ONGs no están conformadas con las nuevas reglas del gobierno bolsonarista.

El presidente francés Emmanuel Macron había dicho que buscaría una intervención del Amazonas si Salles continuaba en el cargo.

Supremo Tribunal Federal

Ricardo Salles ya había sido víctima de varias acusaciones anteriormente, como fue el caso de la denuncia por improbidad administrativa realizada por el Ministerio Público Federal (MPF) en diciembre de 2020. Acción que fue rechazada por la Justicia.

En abril de este año, el ex Superintendente de la Policía Federal en Amazonas, Alexandre Saraiva, presentó una denuncia penal ante la Corte Suprema contra Ricardo Salles.

Según Saraiva, Salles actuó para ayudar a los objetivos de una operación de tala ilegal. Tal acusación fue negada por el ministro y por el gobierno federal quien dijo que se trataba de una extracción legal y que no hubo interferencias a favor de intereses privados.

En entrevista a la rádio Jovem Pan, Salles dijo que estas denuncias son un intento de crear algún hecho para atacar a su imagen y así alcanzar a la del Presidente. Saraiva presentó pruebas que permanecen inconclusas y hasta el momento no han llegado a nada.

Sin embargo, el miércoles 19 de junio, la Policía Federal allanó la casa de Salles por orden del juez supremo, Alexandre de Moraes, quien además determinó la quiebra de su secreto bancario y fiscal.

Esta operación, conocida como Akuanduba,fue llevada a cabo tras las denuncias infundadas que acusaban a Salles y a otras autoridades de facilitar la exportación ilegal de madera a Estados Unidos y Europa.

Cuatro días después de estos allanamientos, Salles presentó su renuncia de forma oficial. En su último comunicado a la prensa, en el Palácio do Planalto, destacó que en estos dos años y medio buscó cumplir con la orientación presidencial de equilibrar el desarrollo económico con el medio ambiente, con respeto al sector privado, la agroindustria y los empresarios.

Por último, Salles dijo que en el país se está produciendo un proceso de “criminalización” de opiniones divergentes sobre el tema ambiental y que por eso, él estaba abriendo espacio para un mayor diálogo.


Por María Laura Assis, para La Derecha Diario.

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Brasil

Lula debió salir a aclarar que “es cristiano” y que “nunca habló ni pactó con el diablo”

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El ex presidente socialista, que criticó el cristianismo toda su carrera, ahora lanza una agenda religiosa para intentar ganarle la segunda vuelta a Jair Bolsonaro.

A pesar de haber ganado holgadamente la elección presidencial de primera vuelta el pasado domingo, el ex presidente Lula lanzó una campaña desesperada para “mostrar su lado más religioso”, algo que nunca hizo en su larga carrera política, más bien marcada por sus críticas a la la religión, y especialmente al cristianismo.

Los ataques de Bolsonaro y el Padre Kelmon sobre cuestiones religiosas y morales parecen haber entrado fuerte, y su equipo de campaña ha decidido que su agenda en el mes electoral antes de la segunda vuelta se enfocará en mostrarlo más cercano a líderes religiosos.

Tan es así que este martes, en sus redes sociales, publicó una insólita imagen con un punteo de cuatro consignas sobre su persona: “1) Lula cree en Dios y es cristiano; 2) Lula no tiene un pacto ni nunca conversó con el diablo; 3) Lula cree que un presidente debe cuidar a quien tiene hambre; 4) Con Lula en la presidencia, Brasil vivió un momento de prosperidad”.

Resulta realmente insólito que un candidato a presidente deba salir a aclarar que “nunca pactó ni conversó con el diablo“, y que toda la evidencia presentada, en un caso que parece tan serio para el candidato izquierdista, sea su propia palabra.

Rápidamente, usuarios en redes sociales se burlaron de la publicación, cuestionando, con ironía, que decir que no pactó con el diablo es algo que alguien que pactó con el diablo diría. Por su parte, simpatizantes de Lula le recriminaron el cambio de discurso para ganar el apoyo de los evangélicos.

Hasta la fecha, Lula había hablado extensivamente a favor de la libertad religiosa y de ir en contra del cristianismo como la religión más importante del país. Incluso había promovido religiones africanas como el candomblé, la cábula, o la umbanda. Ahora, parece que dejó esta agenda en el pasado.

Esta publicación de Lula es parte de una coordinación mayor. Este mismo martes, militantes del PT revivieron un video de Jair Bolsonaro cuando era diputado hablando en una logia masónica, acusándolo de ser parte de esta sociedad.

Es una noticia vieja que Bolsonaro ya despejó en el pasado, pero ahora es parte de una campaña de difamación más profunda. El presidente ya había explicado que fue invitado a hablar, y que él, como cristiano, sintió la necesidad de hacerlo en cualquier ámbito al que sea invitado.

Esto se puede escuchar en el propio discurso que da, donde habla extensamente de la religión y de los valores del cristianismo, increpando a los masones que deberían adoptarlos “para ser más felices”.

El pastor Silas Malafaia, uno de los líderes evangelistas más importantes de Brasil, salió en defensa de Bolsonaro, asegurando que su labor religiosa y política lo lleva a todos lados: “Él tiene la responsabilidad de hablar en todos lados, en la Iglesia Evangélica, en la Iglesia Católica, en la Masonería, que no es una religión, es una sociedad“.

Resulta extraño que Lula esté intentando ganar votos de Bolsonaro creando una noticia falsa de que es masón, cuando su propio candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin, es líder dentro de la Masonería de Brasil, y ha hablado públicamente del tema en más de una ocasión.

Alckmin, el segundo desde la derecha, con una banda masónica junto al Gran Maestro de la Masonería de Sao Paulo.

Prácticamente todos los años, Alckmin graba un video por el Día de la Masonería, agradeciéndole a todos sus leales, y hablando en favor de la organización que se define como una “sociedad discreta“.

Quiero destacar la importancia de la masonería en el mundo, que siempre estuvo presente en la defensa de la democracia, en la defensa de la libertad, de la igualidad, de la fraternidad, presente en la izquierda del absolutismo inglés, en la revolución francesa, presente aquí en Brasil por la abolición de la esclavitud“, resume el ahora candidato a vicepresidente de Lula.

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Brasil

Bolsonaro lo hizo: 10 millones de brasileños salieron de la pobreza en 2020 según el Banco Mundial

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A contracorriente de lo que ocurrió en la mayoría de las economías del mundo, la tasa de pobreza de Brasil cayó en 2020 y llegó al nivel más bajo de la historia. En 2021 se recobró el crecimiento y la pobreza vuelve a caer a partir de 2022. 

La medición de la pobreza elaborada y publicada por el Banco Mundial, a partir de ingresos en moneda constante y ajustable por poder adquisitivo, determinó que Brasil concretó una drástica reducción hacia el año 2020. 

Bajo la administración de Jair Bolsonaro la tasa de pobreza medida bajo una línea de 10 dólares PPP de 2017 cayó del 40,5% en 2018 al 39,7% en 2019, y 34,4% para el término de 2020

La adopción de políticas de asistencia social focalizadas y, en mayor medida, el rechazo a un cierre generalizado de la economía a nivel federal contribuyeron a generar un resultado diametralmente opuesto al que se registró en la mayoría de los países en el mundo. 

Bajo esta línea de medición, el Banco Mundial estima que desde 2019 y hasta 2020 un total de 11,7 millones de personas salieron de la pobreza en Brasil, y 10,7 millones solamente en 2020

La tasa de pobreza medida en los US$ 8 PPP de 2017 bajó del 23% en 2018 al 23% en 2020, la medición para los US$ 5 PPP pasó del 17% al 10%, y la pobreza más extrema ubicada en los 2,25 dólares diarios bajó del 5,6% al 2% en el mismo período. 

La aplicación de las reformas estructurales como parte del Consenso de Washington en la década del 90 permitió que Brasil obtuviera un importante despegue económico entre 1994 y 2014. Las privatizaciones, la apertura comercial, la estabilidad de precios y la disciplina fiscal fueron los factores explicativos del holgado crecimiento. 

Pobreza en Brasil entre 1981 y 2020.

Valiéndose de estas reformas el entonces presidente Lula da Silva capitalizó para sí mismo todos y cada uno de los beneficios del Consenso de Washington, pero deteriorando progresivamente los motores que hacían posible esa situación. Esta situación fue similar a lo que ocurrió con otros presidentes contemporáneos como Néstor Kirchner en Argentina o Evo Morales en Bolivia

Lejos de formar parte de un logro del socialismo del siglo XXI o el Foro de Sao Paulo, fue la reforma económica liberal en la década de 1990 la protagonista para que 41,76 millones de brasileños pudieran salir de la pobreza entre 1992 y 2014, y 35 millones a partir de 2004. 

Tras 11 años de Gobierno y contrarreforma del PT, Brasil sufrió una severa crisis económica y financiera entre 2015 y 2016, bajo el Gobierno socialista de Dilma Rousseff. El Banco Mundial estima que la pobreza trepó del 38,8% en 2014 al 41,6% en 2016, y casi 7 millones de brasileños cayeron bajo ese umbral medido a partir de los 10 dólares PPP

A diferencia de lo que ocurrió en las primeras presidencias de Lula, Bolsonaro no heredó una organización económica reformada y funcional, sino que heredó la tarea de volver a encaminar a la economía brasileña por el sendero de las reformas estructurales.

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El Juez Moro fue electo como Senador y brinda su apoyo a Bolsonaro: “Lula no es y nunca puede ser una opción”

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El ex magistrado fue ministro de Justicia de Bolsonaro después de encabezar la operación Lava Jato y condenar a Lula. Por el partido Unión Brasil, se quedó con una banca por el estado de Paraná.

El ex juez brasileño Sergio Moro, responsable por sentenciar al ex presidente Lula da Silva a la cárcel por su participación en la causa Lava Jato, fue electo como senador por el estado de Paraná este domingo, con 1.953.188 votos (33,5%).

Moro encabezó la lista del partido União Brasil, parte del Centrão, una coalición de partidos de centro que rechazan la política bipolar entre Lula y Bolsonaro. Para la presidencia, este partido tuvo un pésimo desempeño, con solo 600.955 votos (0,51%) de la candidata Soraya Thronicke.

El dirigente quedó por delante de Paulo Martins (candidato de Bolsonaro) con el 29% ; Alvaro Dias (candidato más cercano a Lula) con 23,9%; y Rosane Ferreira (Partido Verde, también cercana a Lula), con el 8%.

Gran victoria. Golpeamos a todo el sistema político en nuestra contra. Pocos aliados políticos, pero valiosos. Le ganamos al PT en Paraná“, expresó contento el ex ministro. Además, confirmó que su esposa, Rosangela Moro, fue electa como diputada federal en São Paulo: “Mi esposa @rosangelamorosp electa diputada federal en SP. Muchas gracias. Paraná y Brasil tendrán un senador fuerte e independiente en Brasilia“.

A pesar de haber sido ministro de Justicia del Gabinete de Bolsonaro, Moro se fue del gobierno denunciando corrupción en 2020, aunque cuando fue citado por la justicia para declarar afirmó que no vio ningún acto delictivo.

Tras cotejar con la extrema izquierda, incluso sumándose como comentarista del canal Globo, el medio predilecto de Lula, y amenazar con una candidatura a presidente que divida el voto de Bolsonaro, finalmente terminó dando un paso al costado y reduciendo su candidatura al Senado, y minimizando las críticas a Bolsonaro.

Ahora, después de ser electo, decidió dar un paso más y abiertamente declaró su apoyo a la reelección del presidente. “Lula no es una opción electoral, con su gobierno marcado por la corrupción de la democracia”, escribió Moro en Twitter. “Contra el proyecto de poder del PT, declaro, en la segunda vuelta, apoyo a Bolsonaro”, sentenció.

Juicio contra Lula

Moro juzgó desde Paraná en primera instancia los casos de la Operación Lava Jato, que en 2014 destapó una trama de corrupción en la estatal Petrobras, y encarceló a empresarios y políticos, entre ellos a Lula, quien pasó 580 días en prisión.

Lula apeló la decisión de Moro y fue nuevamente condenado, en segunda instancia, por la Corte de Apelaciones de Porto Alegre. Incluso Lula presentó un habeas corpus en la Corte Suprema, compuesta por todos jueces designados en sus gobiernos, pero por una decisión 6-5 fue rechazado.

El expresidente, desde la cárcel, volvió a apelar. En tercera instancia, la Corte Suprema tomó una decisión sin precedentes. Nuevamente liderada por los jueces de izquierda que puso el propio Lula durante su mandato, se tomó la decisión que los presos en tercera instancia, mientras esperan su última sentencia, deben hacerlo fuera de la cárcel.

Así, el 8 de noviembre del 2019, condenado en dos oportunidades y esperando una tercera y final condena, Lula quedó en libertad. Dos años estuvo esperando la nulificación de su juicio, hasta que el caso lo tomó nuevamente la Corte Suprema en marzo del 2021.

Allí, por una decisión 8-3, los jueces de la Corte decidieron que, si bien no sería declarado inocente, anularían su condena porque el tribunal de Curitiba que lo condenó carecía de jurisdicción para hacerlo y ordenó un nuevo juicio en Brasilia, que todavía está en fase de investigación.

Moro, como ministro de Justicia, no hizo nada para evitar este abuso de poder de la Corte Suprema, y dejó que la histórica Operación Lava Jato fuera anulada, y prácticamente todos los empresarios y políticos que encarceló quedaron en libertad.

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