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Brasil

Periodistas bolsonaristas censurados por sus opiniones sobre el fraude en las urnas electrónicas

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La dictadura de la Corte Suprema continúa y ordena la desmonetización y censura de periodistas, activistas y otras personalidades de derecha pro-Bolsonaro.

El inspector general del Tribunal Superior Electoral (TSE), ministro Luis Felipe Salomão, ordenó, este lunes 16, la desmonetización de varios canales de la derecha brasileña en las redes sociales y limitó el alcance de sus publicaciones. Esta decisión se suma a una serie de investigaciones sobre “Fake News”, “actos antidemocráticos” y “milicia digital” que determinaron la prisión de varios bolsonaristas por “crimen de opinión”.

El documento firmado por el ministro Salomão, quien fue designado al Tribunal Superior de Justicia (STJ) por el ex presidiario Lula Da Silva, determinó que las plataformas Facebook, Instagram, Twitch, Twitter y YouTube deberán suspender la monetización de los canales investigados por presunta difusión de noticias falsas sobre las elecciones en Brasil. El alcance de todo el material publicado también será reducido.

Según la decisión, los montos que serían transferidos por las plataformas a estos canales no estarán disponibles y serán depositados en una cuenta judicial hasta el final de las investigaciones.

Entre los afectados se encuentran los perfiles y canales Universo, de Roberto Boni; Ravox, de Adilson Nelson Dini; Giro de Notícias, de Alberto Junio da Silva; Terça Livre, de Allan dos Santos; Te Atualizei, de Bárbara Zambaldi Destafani; Direto aos Fatos, de Camila Abdo; Vlog do Lisboa, de Fernando Lisboa da Conceição; y las cuentas de los periodistas Alan Lopes, Emerson Teixeira, Marcelo Frazão de Almeida y Oswaldo Eustáquio; el movimiento Nas Ruas y los diarios Folha Política y Jornal da Cidade Online

En una entrevista a la radio Capital Notícias, el martes 17, Bolsonaro criticó la resolución. “El inspector del Tribunal Superior Electoral está ordenando la desmonetización de las páginas de quienes dicen que las urnas no son confiables o que necesitan una forma de auditar. Pocas personas tienen el coraje o la oportunidad de decir la verdad. Tenemos que resistir, no podemos aceptar dictaduras en Brasil”, dijo el mandatario en cierto momento de la entrevista.

Jueces de la Corte Suprema de Brasil, cabeza de la dictadura judicial.

La caza al sector bolsonarista

La persecución política hacia los conservadores y liberales no es algo novedoso. Desde que Jair Bolsonaro asumió como presidente en el 2019, sectores opositores al gobierno, incluyendo el Supremo Tribunal Federal (la Corte Suprema de Brasil, más conocido por sus siglas en portugués STF) han realizado investigaciones, acusaciones y prisiones arbitrarias a todo aquel que se exprese diferente al pensamiento de la izquierda brasileña.

En abril de 2019, el juez supremo Dias Toffoli, designado por Lula Da Silva para el STF, dio inicio a la investigación de las “Fake News“, que busca penalizar las fuentes de las supuestas noticias falsas, las amenazas y las infracciones que pueden constituir calumnias, difamaciones e insultos contra los miembros de la Corte Suprema.

Con una orden de allanamiento e incautación, alrededor de veinticinco personas, todos de derecha, tuvieron sus casas invadidas por la Policía Federal. Entre ellos, empresarios, diputados, activistas, periodistas, influencers y youtubers pro-Bolsonaro. Al mismo tiempo, se rompió el secreto bancario de cuatro empresarios sospechosos de “financiar noticias falsas“. 

El entonces Ministro de Educación, Abraham Weintraub, y el presidente Bolsonaro también pasaron a ser investigados por esta causa. Weintraub por su polémica frase en la reunión de gabinete: “Por mí, pondría a todos estos delincuentes en la cárcel. Empezando por el STF”, y Bolsonaro por un vivo que realizó y en el cual presentó indicios de fraude electoral, lo que fue considerado por la Corte Suprema como un “atentado contra las instituciones democráticas”. 

En la misma línea, los jueces de la Corte Suprema iniciaron otra investigación contra la ala derechista por supuestos “actos antidemocráticos. La investigación buscaba la existencia de una supuesta red coordinada que defendía ideas como la clausura del Congreso Nacional y del STF. Al igual que en la de las Fake News, hubo allanamientos, incautaciones y rotura del secreto bancario de algunos investigados. 

La investigación de los actos antidemocráticos fue archivada en julio de este año, pero a la vez el relator de todas las investigaciones, el juez izquierdista Alexandre de Moraes, determinó la apertura de otra investigación sobre “milicias digitalespara identificar la acción de grupos organizados que buscan atentar contra la democracia y el Estado de derecho democrático.

Desde el inicio de todas la investigaciones, la derecha ha sufrido prisiones arbitrarias por parte de la Corte Suprema, entre ellas, la de la activista Sara Winter, que fue liberada con el archivamiento de la investigación de los actos antidemocráticos, después de un año presa; la del periodista Oswaldo Eustáquio que, aunque ya no está más preso, quedó parapléjico luego de haber sufrido un accidente en su celda; la del diputado Daniel Silveira (PSL) que sigue preso tras haber hecho un video criticando los jueces de la Corte Suprema; y la del ex diputado y presidente nacional del Partido Laborista Brasileño (PTB), Roberto Jefferson, el último preso político de la Corte Suprema y que permanece en la cárcel. 

Con las elecciones presidenciales aproximándose, peligran los perfiles y canales bolsonaristas. Mientras el mandatario brasileño estudia una posibilidad de frenar estos atentados a la democracia sin salirse de las cuatro líneas de la Constitución Nacional, los jueces de la Corte Suprema siguen interfiriendo en los demás poderes y pisan sobre eso que algún día ellos prometieron defender.


Por Maria Laura Assis, para La Derecha Diario.

Brasil

Lula debió salir a aclarar que “es cristiano” y que “nunca habló ni pactó con el diablo”

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El ex presidente socialista, que criticó el cristianismo toda su carrera, ahora lanza una agenda religiosa para intentar ganarle la segunda vuelta a Jair Bolsonaro.

A pesar de haber ganado holgadamente la elección presidencial de primera vuelta el pasado domingo, el ex presidente Lula lanzó una campaña desesperada para “mostrar su lado más religioso”, algo que nunca hizo en su larga carrera política, más bien marcada por sus críticas a la la religión, y especialmente al cristianismo.

Los ataques de Bolsonaro y el Padre Kelmon sobre cuestiones religiosas y morales parecen haber entrado fuerte, y su equipo de campaña ha decidido que su agenda en el mes electoral antes de la segunda vuelta se enfocará en mostrarlo más cercano a líderes religiosos.

Tan es así que este martes, en sus redes sociales, publicó una insólita imagen con un punteo de cuatro consignas sobre su persona: “1) Lula cree en Dios y es cristiano; 2) Lula no tiene un pacto ni nunca conversó con el diablo; 3) Lula cree que un presidente debe cuidar a quien tiene hambre; 4) Con Lula en la presidencia, Brasil vivió un momento de prosperidad”.

Resulta realmente insólito que un candidato a presidente deba salir a aclarar que “nunca pactó ni conversó con el diablo“, y que toda la evidencia presentada, en un caso que parece tan serio para el candidato izquierdista, sea su propia palabra.

Rápidamente, usuarios en redes sociales se burlaron de la publicación, cuestionando, con ironía, que decir que no pactó con el diablo es algo que alguien que pactó con el diablo diría. Por su parte, simpatizantes de Lula le recriminaron el cambio de discurso para ganar el apoyo de los evangélicos.

Hasta la fecha, Lula había hablado extensivamente a favor de la libertad religiosa y de ir en contra del cristianismo como la religión más importante del país. Incluso había promovido religiones africanas como el candomblé, la cábula, o la umbanda. Ahora, parece que dejó esta agenda en el pasado.

Esta publicación de Lula es parte de una coordinación mayor. Este mismo martes, militantes del PT revivieron un video de Jair Bolsonaro cuando era diputado hablando en una logia masónica, acusándolo de ser parte de esta sociedad.

Es una noticia vieja que Bolsonaro ya despejó en el pasado, pero ahora es parte de una campaña de difamación más profunda. El presidente ya había explicado que fue invitado a hablar, y que él, como cristiano, sintió la necesidad de hacerlo en cualquier ámbito al que sea invitado.

Esto se puede escuchar en el propio discurso que da, donde habla extensamente de la religión y de los valores del cristianismo, increpando a los masones que deberían adoptarlos “para ser más felices”.

El pastor Silas Malafaia, uno de los líderes evangelistas más importantes de Brasil, salió en defensa de Bolsonaro, asegurando que su labor religiosa y política lo lleva a todos lados: “Él tiene la responsabilidad de hablar en todos lados, en la Iglesia Evangélica, en la Iglesia Católica, en la Masonería, que no es una religión, es una sociedad“.

Resulta extraño que Lula esté intentando ganar votos de Bolsonaro creando una noticia falsa de que es masón, cuando su propio candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin, es líder dentro de la Masonería de Brasil, y ha hablado públicamente del tema en más de una ocasión.

Alckmin, el segundo desde la derecha, con una banda masónica junto al Gran Maestro de la Masonería de Sao Paulo.

Prácticamente todos los años, Alckmin graba un video por el Día de la Masonería, agradeciéndole a todos sus leales, y hablando en favor de la organización que se define como una “sociedad discreta“.

Quiero destacar la importancia de la masonería en el mundo, que siempre estuvo presente en la defensa de la democracia, en la defensa de la libertad, de la igualidad, de la fraternidad, presente en la izquierda del absolutismo inglés, en la revolución francesa, presente aquí en Brasil por la abolición de la esclavitud“, resume el ahora candidato a vicepresidente de Lula.

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Bolsonaro lo hizo: 10 millones de brasileños salieron de la pobreza en 2020 según el Banco Mundial

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A contracorriente de lo que ocurrió en la mayoría de las economías del mundo, la tasa de pobreza de Brasil cayó en 2020 y llegó al nivel más bajo de la historia. En 2021 se recobró el crecimiento y la pobreza vuelve a caer a partir de 2022. 

La medición de la pobreza elaborada y publicada por el Banco Mundial, a partir de ingresos en moneda constante y ajustable por poder adquisitivo, determinó que Brasil concretó una drástica reducción hacia el año 2020. 

Bajo la administración de Jair Bolsonaro la tasa de pobreza medida bajo una línea de 10 dólares PPP de 2017 cayó del 40,5% en 2018 al 39,7% en 2019, y 34,4% para el término de 2020

La adopción de políticas de asistencia social focalizadas y, en mayor medida, el rechazo a un cierre generalizado de la economía a nivel federal contribuyeron a generar un resultado diametralmente opuesto al que se registró en la mayoría de los países en el mundo. 

Bajo esta línea de medición, el Banco Mundial estima que desde 2019 y hasta 2020 un total de 11,7 millones de personas salieron de la pobreza en Brasil, y 10,7 millones solamente en 2020

La tasa de pobreza medida en los US$ 8 PPP de 2017 bajó del 23% en 2018 al 23% en 2020, la medición para los US$ 5 PPP pasó del 17% al 10%, y la pobreza más extrema ubicada en los 2,25 dólares diarios bajó del 5,6% al 2% en el mismo período. 

La aplicación de las reformas estructurales como parte del Consenso de Washington en la década del 90 permitió que Brasil obtuviera un importante despegue económico entre 1994 y 2014. Las privatizaciones, la apertura comercial, la estabilidad de precios y la disciplina fiscal fueron los factores explicativos del holgado crecimiento. 

Pobreza en Brasil entre 1981 y 2020.

Valiéndose de estas reformas el entonces presidente Lula da Silva capitalizó para sí mismo todos y cada uno de los beneficios del Consenso de Washington, pero deteriorando progresivamente los motores que hacían posible esa situación. Esta situación fue similar a lo que ocurrió con otros presidentes contemporáneos como Néstor Kirchner en Argentina o Evo Morales en Bolivia

Lejos de formar parte de un logro del socialismo del siglo XXI o el Foro de Sao Paulo, fue la reforma económica liberal en la década de 1990 la protagonista para que 41,76 millones de brasileños pudieran salir de la pobreza entre 1992 y 2014, y 35 millones a partir de 2004. 

Tras 11 años de Gobierno y contrarreforma del PT, Brasil sufrió una severa crisis económica y financiera entre 2015 y 2016, bajo el Gobierno socialista de Dilma Rousseff. El Banco Mundial estima que la pobreza trepó del 38,8% en 2014 al 41,6% en 2016, y casi 7 millones de brasileños cayeron bajo ese umbral medido a partir de los 10 dólares PPP

A diferencia de lo que ocurrió en las primeras presidencias de Lula, Bolsonaro no heredó una organización económica reformada y funcional, sino que heredó la tarea de volver a encaminar a la economía brasileña por el sendero de las reformas estructurales.

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Brasil

El Juez Moro fue electo como Senador y brinda su apoyo a Bolsonaro: “Lula no es y nunca puede ser una opción”

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El ex magistrado fue ministro de Justicia de Bolsonaro después de encabezar la operación Lava Jato y condenar a Lula. Por el partido Unión Brasil, se quedó con una banca por el estado de Paraná.

El ex juez brasileño Sergio Moro, responsable por sentenciar al ex presidente Lula da Silva a la cárcel por su participación en la causa Lava Jato, fue electo como senador por el estado de Paraná este domingo, con 1.953.188 votos (33,5%).

Moro encabezó la lista del partido União Brasil, parte del Centrão, una coalición de partidos de centro que rechazan la política bipolar entre Lula y Bolsonaro. Para la presidencia, este partido tuvo un pésimo desempeño, con solo 600.955 votos (0,51%) de la candidata Soraya Thronicke.

El dirigente quedó por delante de Paulo Martins (candidato de Bolsonaro) con el 29% ; Alvaro Dias (candidato más cercano a Lula) con 23,9%; y Rosane Ferreira (Partido Verde, también cercana a Lula), con el 8%.

Gran victoria. Golpeamos a todo el sistema político en nuestra contra. Pocos aliados políticos, pero valiosos. Le ganamos al PT en Paraná“, expresó contento el ex ministro. Además, confirmó que su esposa, Rosangela Moro, fue electa como diputada federal en São Paulo: “Mi esposa @rosangelamorosp electa diputada federal en SP. Muchas gracias. Paraná y Brasil tendrán un senador fuerte e independiente en Brasilia“.

A pesar de haber sido ministro de Justicia del Gabinete de Bolsonaro, Moro se fue del gobierno denunciando corrupción en 2020, aunque cuando fue citado por la justicia para declarar afirmó que no vio ningún acto delictivo.

Tras cotejar con la extrema izquierda, incluso sumándose como comentarista del canal Globo, el medio predilecto de Lula, y amenazar con una candidatura a presidente que divida el voto de Bolsonaro, finalmente terminó dando un paso al costado y reduciendo su candidatura al Senado, y minimizando las críticas a Bolsonaro.

Ahora, después de ser electo, decidió dar un paso más y abiertamente declaró su apoyo a la reelección del presidente. “Lula no es una opción electoral, con su gobierno marcado por la corrupción de la democracia”, escribió Moro en Twitter. “Contra el proyecto de poder del PT, declaro, en la segunda vuelta, apoyo a Bolsonaro”, sentenció.

Juicio contra Lula

Moro juzgó desde Paraná en primera instancia los casos de la Operación Lava Jato, que en 2014 destapó una trama de corrupción en la estatal Petrobras, y encarceló a empresarios y políticos, entre ellos a Lula, quien pasó 580 días en prisión.

Lula apeló la decisión de Moro y fue nuevamente condenado, en segunda instancia, por la Corte de Apelaciones de Porto Alegre. Incluso Lula presentó un habeas corpus en la Corte Suprema, compuesta por todos jueces designados en sus gobiernos, pero por una decisión 6-5 fue rechazado.

El expresidente, desde la cárcel, volvió a apelar. En tercera instancia, la Corte Suprema tomó una decisión sin precedentes. Nuevamente liderada por los jueces de izquierda que puso el propio Lula durante su mandato, se tomó la decisión que los presos en tercera instancia, mientras esperan su última sentencia, deben hacerlo fuera de la cárcel.

Así, el 8 de noviembre del 2019, condenado en dos oportunidades y esperando una tercera y final condena, Lula quedó en libertad. Dos años estuvo esperando la nulificación de su juicio, hasta que el caso lo tomó nuevamente la Corte Suprema en marzo del 2021.

Allí, por una decisión 8-3, los jueces de la Corte decidieron que, si bien no sería declarado inocente, anularían su condena porque el tribunal de Curitiba que lo condenó carecía de jurisdicción para hacerlo y ordenó un nuevo juicio en Brasilia, que todavía está en fase de investigación.

Moro, como ministro de Justicia, no hizo nada para evitar este abuso de poder de la Corte Suprema, y dejó que la histórica Operación Lava Jato fuera anulada, y prácticamente todos los empresarios y políticos que encarceló quedaron en libertad.

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