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Elecciones en Honduras: La castrochavista Xiomara Castro gana las elecciones y destrona al Partido Nacional

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La izquierdista Xiomara Castro aventaja con amplitud al oficialista Nasry Asfura con más de 50% de los votos escrutados, y le anota una victoria al Foro de Sao Paulo en la región.

La candidata presidencial Xiomara Castro, del izquierdista partido Libertad y Refundación (Libre), aventaja a su principal oponente, el alcalde de Tegucigalpa, el centroderechista Nasry Asfura, del oficialista Partido Nacional (PN), en las elecciones presidenciales de Honduras.

De acuerdo con los conteos publicados por el Consejo Nacional Electoral (CNE), con más del 50% de las actas escrutadas, la esposa del ex presidente Manuel Zelaya obtiene este lunes más del 53% de los votos, mientras Asfura se llevaba más del 33%.

Pasaron varias horas sin que se actualizaran resultados, por lo que algunos hondureños se empezaron a impacientar y a recordar lo que sucedió en las presidenciales de 2017, cuando la tendencia cambió repentinamente, después de que el conteo se detuviera durante horas, desatando protestas y acusaciones de fraude contra el mandatario Juan Orlando Hernández, que finalmente ganó la reelección con muchas irregularidades.

De confirmarse ahora la victoria, la llegada de Castro a la presidencia pondría fin a tres mandatos consecutivos en el poder del Partido Nacional, y Honduras será un nuevo afiliado del Foro de Sao Paulo. La candidata propiciará además una reforma constitucional, como se está haciendo en Chile.

Xiomara Castro junto a su marido, Manuel Zelaya, admirador de Maduro.

Es importante destacar la profunda crisis de representación que atraviesa Honduras: Zelaya, el marido de Xiomara Castro, llegó a la presidencia en 2006 como un candidato de derecha liberal, pero rápidamente giró su gobierno a la extrema izquierda castrochavista. En 2009, cuando intentó seguir los pasos de Chávez reformando la Constitución, fue depuesto por las Fuerzas Armadas.

En 2010 ganó la presidencia el derechista Porfirio Lobo Sosa, quien le abrió el camino en 2014 a su sucesor Juan Orlando Hernández.

“JOH”, por sus iniciales, ganó las elecciones representando a la derecha conservadora, pero tomó el cheque en blanco que le había dado la sociedad para que trajera estabilidad al país, y usó ese capital político para extender una de las mayores redes de narcotráfico de Centroamérica, aliado con el dictador de Nicaragua Daniel Ortega y con el de Venezuela Nicolás Maduro, a través de su hermano, Juan Antonio Hernández (conocido como “Tony”), condenado en Estados Unidos.

Este domingo, los hondureños debieron ir a las urnas para elegir entre dos candidatos asociados al narcosocialismo. Xiomara Castro, la mujer de un presidente que trató de convertirse en dictador, y JOH, engañando al electorado, asegurando ser el representante de la derecha pero defendiendo a las narcodictaduras de la región y habiéndose quedado tres mandatos en el poder, uno más de los constitucionalmente legales.

A la izquierda, Juan Antonio Hernández (conocido como “Tony”), condenado en marzo de este año a cadena perpetua más 30 años de prisión por la Corte del Distrito Sur de Nueva York. A la derecha, el presidente Juan Orlando Hernández, hermano de “Tony”.

El CNE reportó un histórico nivel de participación con más del 68% de los 5,1 millones habilitados por el sufragio. Las autoridades destacaron que los comicios se celebraron sin “incidentes que lamentar”, aunque organizaciones de derechos civiles señalaron la carencia de material electoral, fallas en el sistema de votación y otros problemas menores.

De confirmarse la tendencia, una victoria de Castro no solo se convertiría en la primera mujer en gobernar el país, sino que también pondría fin a 12 años de gobierno conservador y devolvería a la izquierda socialista hondureña al poder por primera vez desde que Zelaya fue depuesto por un golpe de Estado en 2009.

Es destacable que además es la primera vez desde 1998 que un candidato gana las elecciones en Honduras haciendo campaña con una agenda de izquierda. Tanto Ricardo Maduro, Manuel Zelaya, Porfirio Lobo Sosa y JOH habían sido elegidos tras campañas con propuestas de derecha y liberales en lo económico.

Vamos a formar un gobierno de reconciliación, de paz y de justicia. Vamos a iniciar un proceso para garantizar una democracia participativa, una democracia directa”, dijo Castro, de 62 años, quien logró sumar el apoyo de toda la izquierda y partes de la centroderecha, con la candidatura de su vice, Salvador Nasralla.

Sin lugar a dudas es una reivindicación del zelayismo, el movimiento político que inició Manuel Zelaya en 2006, cuando tomó el voto liberal antisistema y lo convirtió en un movimiento antidemocrático, asociado a los peores regímenes comunistas de Latinoamérica.

La candidata, vestida de rojo y negro, terminó su discurso con la frase “hasta la victoria siempre“, una de las más usadas por la revolución cubana.

Honduras

Elecciones en Honduras: Un país atravesado por el narcotráfico que va a las urnas con un panorama de incertidumbre

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La antesala de las elecciones en un país donde la derecha está atrapada entre un partido vinculado al narcotráfico y otro vinculado al castrochavismo.

Este domingo 28 de noviembre, se llevarán a cabo unos nuevos comicios electorales generales en Honduras, en donde más de 5,1 millones de habitantes estarán habilitados para elegir a un nuevo presidente y tres vicepresidentes, 128 diputados del Congreso Nacional, 20 diputados al Parlamento Centroamericano (PARLACEN, un ente “decorativo” cuyas decisiones no son vinculantes), 298 alcaldes y vicealcaldes, junto a 2.092 regidores (concejales) que gobernarán el país durante los próximos cuatro años.

Las elecciones suponen una dura prueba para el Partido Nacional (PNH, centroderecha a derecha), uno de los partidos tradicionales de Honduras, y que gobierna al país desde el año 2010, gracias a la división en la oposición que aún se mantiene y el declive del Partido Liberal (PLH, centro liberal), el más longevo del país.

Durante estos últimos 11 años, se registraron los mayores actos de corrupción en la historia del país. Además, importantes figuras del oficialismo, entre ellos el mismo presidente Juan Orlando Hernández (reelecto en los cuestionados comicios de 2017, a pesar de que la Constitución hondureña lo prohibía), han sido señalados y en algunos casos, sentenciados en cortes federales de Estados Unidos por sus estrechos vínculos con importantes carteles del narcotráfico local e internacional.

Todo esto le ha provocado un importante desgaste al partido oficialista, y por primera vez en más de una década podría perder una elección. Los nacionales afrontaron un duro reto durante la presente campaña para mantener el respaldo de las bases del partido.

A la izquierda, Juan Antonio Hernández (conocido como “Tony”), condenado en marzo de este año a cadena perpetua más 30 años de prisión por la Corte del Distrito Sur de Nueva York. A la derecha, el presidente Juan Orlando Hernández, hermano de “Tony”.

Nasry Asfura

En el nivel presidencial, apenas 3 de los 14 candidatos en contienda tienen posibilidades de llegar al gobierno, según las encuestas. El primero de ellos es el oficialista Nasry Asfura, de ascendencia palestina, conocido como “Tito Asfura” o “Papi a la Orden”. Asfura, un importante empresario de la construcción, se ha desempeñado como alcalde de Tegucigalpa (ciudad capital) desde el 2014, y de llegar al Palacio José Cecilio del Valle, lo haría como el sucesor directo de Hernández.

Posee un perfil más moderado que Hernández, pero es claro que lo utilizará a Asfura para gobernar detrás de escena. Ante esto, los asesores del oficialismo han optado por desmarcar a Asfura del líder del Ejecutivo, adoptando el lema “Papi (Asfura) es diferente”, además de hacer énfasis en las obras de infraestructura vial realizadas por él durante su gestión en la alcaldía, las cuales promete realizar en todo el país, en caso de ganar la presidencia.

Esta es la principal propuesta del candidato oficialista, quien además promete la creación de empleo masivo a través de programas del Estado, brindar la “asistencia necesaria” a los agricultores, ganaderos y a la industria maquiladora del país, fortalecer el sistema educativo y sanitario con mayor inversión, entre otras.

Asfura no ha estado exento de acusaciones de corrupción. El candidato presidencial fue investigado recientemente por los delitos de lavado de dinero, malversación de fondos, fraude, uso de documentos públicos falsos y violación de los deberes de los funcionarios.

El proceso de antejuicio contra Asfura fue declarado “en suspenso”, y el expediente ha sido archivado, sin mayores consecuencias para el candidato oficialista, que logró sobrevivir durante la campaña sin hablar del tema.

Xiomara Castro

Otro de los candidatos con mayor intención de voto es Xiomara Castro, del opositor partido Libertad y Refundación (“Libre”, que agrupa a sectores moderados, populistas de izquierda, y a sectores tradicionales socialistas).

Castro ocupó el cargo de Primera Dama durante el mandato de su esposo, José Manuel Zelaya Rosales, quien gobernó al país desde el 2006, hasta junio 2009, tras ser derrocado y enviado al exilio por las Fuerzas Armadas del país cuando trató de imponer una Constitución de corte castrochavista en el país.

Esta gestión tampoco estuvo exenta de polémica. El informe No. 009-2009-DASSJ-PR-B del Tribunal Superior de Cuentas del país (TSC) reveló que tanto Castro como su esposo habrían utilizado fondos públicos para el pago de gastos personales, desde monturas y cuidado de caballos hasta la compra de artículos y joyas para uso personal.

De regreso a los comicios, Castro compite por segunda vez para la presidencia de Honduras, y de la mano de su esposo ha logrado aglutinar a un sector de la oposición de cara a los comicios de este mes.

Castro logró quitar de la competencia al centroderechista Salvador Nasralla y a la socialdemócrata Doris Gutiérrez, quienes declinaron sus aspiraciones a la presidencia y primera vicepresidencia, respectivamente, para aparecer bajo la casilla del partido Libre como candidatos a la vicepresidencia.

Asimismo, logró el apoyo del candidato presidencial independiente de izquierda, Milton Benitez, y una facción disidente del Partido Liberal, denominada “Alianza Liberal Opositora”, que anunciaron su respaldo a Xiomara durante los últimos días, generando expectativas de cara a los presentes comicios ya que aglutina a enormes cantidades de votantes de distintos sectores.

Su candidatura es claramente de izquierda. El Plan de Gobierno de Xiomara Castro plantea “la construcción de un Estado socialista democrático” (página 6), el cual irá de la mano con “un modelo económico alternativo” (página 24), propio de un gobierno de izquierda.

También, se contempla el establecimiento de relaciones diplomáticas con China (página 49), la derogación de leyes aporbadas en los últimos años por Hernández, consideradas como “lesivas” por sectores de oposición, y otras reformas de tinte izquierdista.

Con respecto a temas como el aborto, la ideología de género, o la Asamblea Nacional Constituyente, el partido Libertad y Refundación ha optado por “rechazar” estas propuestas, al menos, en el corto plazo, tras las críticas de diversos sectores por la inclusión de las mismas en el Plan de Gobierno de la oposición izquierdista, y por la inclusión de Salvador Nasralla en su fórmula presidencial (esto último, en relación a la Asamblea Nacional Constituyente)

Yani Rosenthal

Por su parte, el candidato Yani Rosenthal, encabezando el propio Partido Liberal, es otro de los contendientes que goza de un importante respaldo del electorado.

Rosenthal, un reconocido miembro del establishment del partido, ocupó el cargo de Ministro de la Presidencia (2006-2008) durante el gobierno de Manuel Zelaya Rosales, hasta que éste giró al chavismo y Rosenthal salió expulsado del Ejecutivo.

Es considerado por muchos en Honduras como el arquitecto detrás de la política macroeconómica de Zelaya, que produjo en los primeros dos años de su gobierno un alto crecimiento del PIB y bajos índices de inflación.

El candidato retornó al país centroamericano en 2020, tras ser condenado a tres años de prisión en Estados Unidos, por el delito de “transacciones monetarias de propiedades derivadas de delitos de tráfico de drogas”. Rosenthal ha asegurado que “ha aprendido de sus errores”, y que “su experiencia en la prisión le permitió vivir en carne propia las carencias que sufre en su mayoría el pueblo hondureño”.

Es por eso que el candidato ha presentado como una de sus principales propuestas la implementación de un “Ingreso Básico Universal” de 1.500 lempiras mensuales (unos US$ 62 ), el cual, sería entregado a tres millones de ciudadanos mayores de 18 años en su primer año de gobierno, a cuatro millones en el segundo año y a cinco millones en el tercer año.

Esta medida carece de sustento científico y el consenso económico es que un subsidio de esta magnitud solo generaría una caída en el poder adquisitivo de los hondureños en el largo plazo, pero como propuesta de campaña a conseguido enorme tracción política.

También pretende transformar la economía de consumo interno del país en una “economía de exportación agroindustrial, de manufactura ligera y servicios”.

Los últimos resultados de dos encuestadoras autorizadas por el Consejo Nacional Electoral

Las encuestas de Paradigma y C ESPAD no reflejaron de manera unánime a un claro ganador. Asfura lidera en algunos sondeos pero Castro se impone en otros que dan a Rosenthal muy bajo. La incertidumbre a dos días de la elección es total.

Lo que sí está asegurado es que los hondureños decidirán entre la continuidad de un partido vinculado al narcotráfico que se muestra ante el público como “la salvación del país ante la amenaza comunista” (a pesar de los vínculos de Juan Orlando Hernández con el dictador Daniel Ortega), una candidata de izquierda cuyos vínculos y declaraciones deberían generar una enorme preocupación, o un candidato cuyo pasado aún no es perdonado por un sector de la población. El panorama del país es y será incierto durante los próximos cuatro años, gane quien gane.

Papeleta presidencial, Honduras (Véase www.cne.hn/papeletas/). Solo 3 de 14 candidatos tienen posibilidades de obtener la victoria, en un proceso lleno de incertidumbre.

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Ortega ha conseguido un gran aliado para los negocios del régimen sandinista en Honduras: Juan Orlando Hernández

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Bajo la complicidad del cuestionado Juan Orlando Hernández y otros funcionarios de Honduras, el régimen comunista nicaragüense desarrolló una importante red de corrupción que operan en los dos países centroamericanos, logrando evadir las sanciones aplicadas por Estados Unidos 

Desde la Cuba de Miguel Díaz-Canel y la Venezuela de Nicolás Maduro, hasta la Bolivia de Luis Arce y Evo Morales, son los “incondicionales” del cada vez más aislado régimen comunista de Daniel Ortega en Nicaragua, que en los últimos meses ha intensificado sus acciones para mantenerse en el poder, persiguiendo y arrestando arbitrariamente a importantes figuras de oposición.

Y aunque para nadie es desconocida la influencia de estos países para el sostenimiento económico de Nicaragua, y de las redes criminales del régimen sandinista, existe otro importante pero discreto aliado que le ha abierto las puertas a testaferros de Ortega para ayudar a aliviar las numerosas sanciones aplicadas a los negocios de la dictadura: Honduras

A pesar del derrocamiento y exilio del entonces Presidente de Honduras, Manuel Zelaya Rosales, uno de los aliados de Ortega en Centroamérica, en junio del 2009, los vínculos entre ambos países se fortalecieron desde entonces.

Ni el posterior triunfo del Partido Nacional de Honduras (PNH, de orientación centroderecha a derecha) en noviembre de ese mismo año, detuvo las intenciones de los socios del ALBA para establecer negocios en Honduras. Todo esto, a pesar de que el PNH se ha mostrado ante el electorado como “la única alternativa para evitar la instalación del modelo chavista y sus negocios en el país”

En 2013, bajo la administración del centroderechista (aunque ex militante del comunismo) Porfirio Lobo Sosa, y el respaldo del entonces Presidente del Congreso Nacional, hoy cuestionado Presidente del país, Juan Orlando Hernández, se constituyó en el país la empresa “Alba Alimentos de Honduras S.A. de C.V.” (Alba- Honduras), con un capital de 25.000 lempiras (unos US$ 1.050 al cambio actual).

El 60% de las acciones de dicha empresa quedó en manos del nicaragüense José Francisco López, en representación de “ALBA Alimentos de Nicaragua S.A.”, mientras que el 40% restante es controlada por el hondureño Gerardo Arcángel Meraz Puerto, representante de la empresa “Comercializadora Centroamericana” (Comercah), según documentos en poder del medio centroamericano Expediente Público

El nicaragüense López, señalado como testaferro de Daniel Ortega, fue sancionado por Estados Unidos bajo la Ley Magnitsky en julio de 2018, y se vio obligado a renunciar a sus altos cargos administrativos en Petróleos de Nicaragua (Petronic) y la Empresa Nicaragüense de Minas (Eniminas), aunque se mantiene al frente de la tesorería del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Por su parte, el hondureño Meraz Puerto mantiene un perfil mucho más discreto que su socio. Aún así, ha sido señalado por ser uno de los protegidos de Juan Orlando Hernández, siendo nombrado por él para un cargo gubernamental en la zona norte de Honduras. Además, el medio antes mencionado señala que el empresario hondureño es poseedor de 24 empresas, y en ellas, resaltan entre sus socios, algunos familiares de Hernández. 

Video de YouTube: Albanisa, la red sancionada en Nicaragua que sobrevive en Honduras:

Juan Orlando Hernández: El “salvavidas” del régimen sandinista 

Mientras la comunidad internacional continúa omitiendo el decepcionante papel de Honduras y el gobernante Partido Nacional en la crisis política de Nicaragua, el cuestionado Juan Orlando Hernández mantiene una estrecha comunicación con el régimen sandinista, y hasta el momento, ni la Cancillería de dicho país, ni los líderes de su partido han expresado su solidaridad con las víctimas de la represión comunista. 

Los intereses personales de Hernández continúan prevaleciendo por encima de la estabilidad política de la región, algo que fue demostrado durante la pasada sesión del Consejo Permanente de la OEA, realizada el 15 de junio, en donde Honduras, al igual que México, Argentina, Belice y Dominica, se abstuvo de votar contra Nicaragua, y exigir la liberación inmediata de los presos políticos.

Asimismo, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), liderado por el hondureño Dante Mossi (cercano a Hernández), continúa otorgando préstamos a la dictadura comunista con total normalidad, sin controles de transparencia ni rendición de cuentas.

Estas y otras acciones han sido aplaudidas por el régimen de Ortega, quien jamás se manifestó en contra de su supuesto “rival ideológico” del país vecino, por razones obvias, ni siquiera, durante los procesos electorales del 2013 y 2017, en donde el partido Libertad y Refundación (coordinado por Manuel Zelaya, su primer aliado) y otros partidos y figuras políticas de oposición denunciaron la existencia de un fraude electoral, en favor de Hernández y el Partido Nacional.

Por las alianzas que logró constituir Ortega, gane Zelaya Rosales en los comicios presidenciales que se llevarán a cabo en el mes de noviembre, o gane el candidato de Hernández, él tendrá un excelente aliado para la corrupción en Honduras.

Los señalamientos de la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York a Hernández por colaborar con el narcotráfico en la región podrían obligar a éste a buscar refugio y esconderse de la justicia, siendo Nicaragua uno de los posibles destinos, emulando así a otros ex presidentes de la región, como Mauricio Funes, o Salvador Sánchez Cerén

Juan Orlando Hernández, en el acto central del 35 aniversario de la Revolución Sandinista 

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Honduras

Juan Orlando Hernández, el hombre que convirtió a Honduras en una autocracia 

El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, gobierna al país centroamericano desde 2014. Sus conexiones con el crimen organizado, y sus maniobras autoritarias para consolidar su poder han provocado una crisis política y social sin precedentes en la historia del país. 

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El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández ha sido un político “astuto” a lo largo de su carrera política, pero a la vez, se ha convertido en un peligro para la democracia del país centroamericano, a través de la consolidación de un sistema autocrático, el cual ha generado temor entre diversos sectores del país. 

A pesar de sus promesas de “una vida mejor” para la hastiada sociedad hondureña, y de sus numerosos planes para atraer inversión extranjera al país, Hernández no puso en marcha ninguna de sus promesas de campaña, aunque continuaría beneficiando al poderoso establishment hondureño, a través de varias concesiones y leyes trascendentales para la nación. 

Sumado a esto, el incipiente nivel de narcotráfico abarca a todos los niveles de la sociedad hondureña. Varios políticos y antiguos miembros de la Policía Nacional han sido condenados en Estados Unidos por delitos de narcotráfico, lo cual ha demostrado la debilidad del sistema de seguridad y justicia hondureño.  

Desde sus inicios como congresista en los años noventa, Hernández logró un lento pero poderoso ascenso a la cúpula del poder. Su gestión como Presidente del Congreso Nacional entre los años 2010-2014, lo convertirían en una figura notable del centroderechista Partido Nacional, de cara a los comicios internos del 2013.

Con el respaldo de Porfirio Lobo Sosa, en ese momento, Presidente de Honduras, ganaría esos comicios bajo sospechas de fraude. Sin embargo, las denuncias no llegaron a más, luego de que los candidatos rivales decidieran sumarse a la campaña de Hernández para las elecciones generales del 2013. 

Luego de superar ese polémico suceso, el 24 de noviembre del 2013, ganaría las elecciones generales, con el 36,89% de los votos, nuevamente bajo sospechas de fraude electoral. El último obstáculo para llegar al poder había sido superado. 

Juan Orlando Hernández, del centroderechista Partido Nacional, celebrando su controversial triunfo en los comicios generales del 2013. 

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Primer mandato: Promesas Incumplidas

El 27 de enero del 2014, Hernández tomó posesión como presidente de la República, prometiendo a la ciudadanía reducir los niveles de pobreza, desempleo e inseguridad, además de un combate frontal a la corrupción.
Sin embargo, a pesar de lo anterior, se revelarían varios esquemas de corrupción que provocaron indignación en el país. En 2015, el desfalco de unos 200 millones de dólares del Instituto Hondureño de Seguridad Social salpicaría a poderosos funcionarios y empresarios del país, así como también al Partido Nacional.
Juan Orlando Hernández negaría su implicación en los hechos, aunque luego admitió que su partido utilizó US$ 148.000 para financiar su campaña electoral
En mayo de ese mismo año, ciudadanos fundaron el movimiento “Oposición Indignada”, cuya misión era exigir el cese de la corrupción e impunidad en Honduras, sin embargo, Hernández no cumpliría con sus peticiones luego de cinco años de protestas. 
Pese a las críticas recibidas por diversos sectores, Hernández seguía mostrándose como un hombre de “mano dura”. Gozaba de cierto respaldo en las zonas más vulnerables, gracias a sus políticas de seguridad. 
La oposición afirma que la estrategia de Hernández busca “militarizar al país”, ya que el presidente no sólo los envió a patrullar las calles, sino que los incluyó en su gabinete y les otorgó poderes extraordinarios”, una estrategia utilizada por otros mandatarios hondureños en el pasado. 

Juan Orlando Hernández, en su primera Toma de posesión. Mientras se realizaba este acto, sectores de oposición se manifestaban en contra del mandatario en distintos puntos de la ciudad de Tegucigalpa, capital del país

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A pesar de las denuncias de corrupción y narcotráfico, y de una Constitución que impide claramente la reelección en Honduras (Véase ARTICULO 239), Hernández decidió aspirar nuevamente a la candidatura presidencial, en el año 2017, después de ser habilitado por los miembros de la Sala de lo Constitucional, de la Corte Suprema (CSJ), los cuales son afines a la cúpula en el poder. 
Pero Hernández no la tendría fácil, su rival más fuerte era el candidato Salvador Nasralla, un candidato de centro/ centroderecha, carismático presentador de televisión y fundador del Partido Anticorrupción.
Si bien Nasralla es claramente un outsider de discurso moderado, terminó formando parte de la coalición denominada “Alianza de Oposición contra la Dictadura”, conformada por sectores de centroizquierda e izquierda. 
Su unión al chavismo a través de Zelaya provocó que el candidato opositor adoptara parte del discurso de la izquierda radical, lo que le obligó a apoyar a las dictaduras de Venezuela y Corea del Norte, por lo que a nivel internacional recibiría varias muestras de rechazo por parte de sectores importantes de derecha. 

“Los medios de comunicación en el mundo entero tratan de instalar en la mente de la gente ideas falsas, como que Nicolás Maduro es un ogro (…) yo he ido a Venezuela y obviamente hay gente descontenta, pero no así como aparece en los medios”, aseguró Nasralla en los últimos días de campaña.

Salvador Nasralla, un outsider conservador que dio un inesperado giro a la centro-izquierda, para evitar la reelección indefinida de Juan Orlando Hernández.

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El 26 de noviembre del 2017, los hondureños acudirían masivamente a las urnas. Los primeros resultados no se darían hasta la madrugada del día siguiente. Con el 57,18% de los mesas escrutadas, Nasralla encabezaba la elección con un 45,17% de los votos, mientras que JOH tenía un 40,21% de los votos. 

Esta era una tendencia irreversible, que provocaría un cambio significativo en Honduras. Sin embargo, el sistema se caería “misteriosamente” durante varios días. 

Recién el 17 de diciembre, 21 días después de la elección y de manera sorpresiva, el Tribunal Supremo Electoral declaraba a Juan Orlando Hernández ganador de las elecciones, con el 42,95%, mientras que Nasralla “obtuvo” el 42,45%, una diferencia de apenas 0,5%.
Parecida a la situación de Bolivia que desembocó en la renuncia del aspirante a dictador Evo Morales, Juan Orlando Hernández ganó una de las elecciones menos transparentes de la historia del país. A raíz de este grosero fraude electoral, hubo manifestaciones públicas y protestas violentas. Durante esta crisis, murieron 23 personas.

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El 24 de enero de 2018 asumió su segundo mandato, a pesar del fraude y a pesar de ser inconstitucional, y Honduras está virtualmente en una nueva dictadura, que mantiene un férreo control de las libertades en el país. 

Recientemente, a fines de 2019, nuevos documentos de la Corte del Distrito Sur de Nueva York implicarían a Juan Orlando Hernández  en actividades de narcotráfico, y posteriormente fue vinculado al Cartel de Sinaloa de México y al Cartel de los Soles de Maduro.
A medida que pasan los días, el autócrata Hernández busca otras opciones para evitar ser enjuiciado por la temida justicia estadounidense. Su hermano, Juan Antonio Hernández (que mantuvo vínculos con el grupo terrorista de las FARC), fue encontrado culpable por narcotráfico en 2019, por lo que el destino de “JOH” parece ser inevitable. 
Juan Orlando Hernández es un hombre autoritario, que aprovechó la débil institucionalidad del país y la necesidad de mano dura en seguridad para afianzar su poder y crear otro narco-estado más en Latinoamérica.


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