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Afganistán

Kabul ha caído: 20 años de fracasos de Estados Unidos culminan en el Califato de Afganistán

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Después de una campaña fugaz del talibán contra un inexperto Ejército afgano y un Ejército norteamericano en retirada, Kabul ha caído.

El Talibán controlando Kabul significa un fracaso rotundo. Un fracaso gigantesco. A fines del 2001, sin dudas había que atacar Afganistán y destruir al talibán que había permitido que Al Qaeda tuviera un santuario en Asia (cuidado, Al Qaeda es solamente uno, sólo uno, de los centenares de grupos radicalizados islámicos en la región).

Esa acción se hizo de la forma apropiada, con fuerzas especiales, acciones aéreas, operando con los muyahidines de la Liga del Norte. Se logró desalojar al Talibán y formar un gobierno que impidiera que el país sea una base de operaciones para el terrorismo contra Occidente.

Sin embargo, el Talibán nunca fue erradicado, y éste volvió a su santuario de los días soviéticos. Cruzaron la Durand Line, y volvieron a Pakistán.

Solo doce años separaban a las operaciones de Estados Unidos de 1989, año en que las tropas de la Unión Soviética abandonaron Afganistán. Durante diez años los soviéticos habían intentado convertir al comunismo a una sociedad tribal, medieval en sus modos de relacionarse. Sabemos que fracasaron. Lo sabíamos en ese entonces, y lo sabían muchos planificadores en Washington. Sin embargo la creencia en que se podrían hacer las cosas distintas y tener éxito allí donde Moscú fracasó se impuso.

Entonces Estados Unidos, junto a sus aliados de la OTAN, comenzaron a llevar adelante una acción gigantesca en Afganistán. Una donde se buscaba llevar a ese país del Medioevo al Siglo XXI. Todo se intentó, y no pocas cosas fueron exitosas. Las mujeres afganas lo saben bien. Nunca fueron tan libres como durante estas dos décadas. Además, se logró cierto ambiente democrático, con líderes políticos marcados que dirimían sus diferencias en el Parlamento en vez de en el campo de batalla.

Ashraf Ghani y Abdulá Abdulá se convirtieron en los dos principales líderes de la República de Afganistán.

En el plano militar se intentó llevar adelante las lecciones aprendidas en Vietnam, eso de “ganar mentes y corazones“. La teoría es muy buena. Voy a la tribu, les ofrezco seguridad, les soluciono problemas locales de infraestructura y así.

Pero hay un problema: el Talibán… Si ustedes quieren aplicar esa teoría en un país como Afganistán, deben tener contingentes inmensos, sí, inmensos, de tropas propias operando de manera permanente en cuanta aldea se encuentre dispersa en la gigantesca y compartimentada geografía de este país asiático. Esas tropas nunca alcanzaron ese nivel de masividad, ni las provistas por Estados Unidos ni las Fuerzas Armadas locales.

Entonces en algún momento, esas aldeas deben dejarse sin la presencia de sus tropas… Y allí quien aparece es el Talibán. ¿Qué hace cuando llega? Busca los traidores que dialogaron con Estados Unidos, los asesina, reimpone la Ley Sharia y dice que estará ahí afuera… vigilando.

Esto lo hacen los talibanes con el inestimable apoyo de la inteligencia paquistaní. Islamabad, sede del gobierno de Pakistán, tiene una obsesión por Afganistán. Mira a ese territorio como crítico para su estrategia contra India.

Entonces en el sur de Pakistán se les permitió tener refugios a los talibanes, acceder a un sostén logístico, formar muyahidines, adoctrinar y volver a Afganistán, una y otra vez. A lo largo de veinte años. Esto con el conocimiento de todas las capitales occidentales (hasta yo lo conozco…); pero nadie se atreve a romper con Islamabad. Tiene armas nucleares y es aliado de Beijing. Conviene en esa mirada aceptar la duplicidad de Pakistán que al menos combate a algunas facciones más rebeldes del Talibán.

Entramos así en una etapa en la que sabemos que no tenemos tropas suficientes, que los talibanes tienen santuarios en Pakistán que aceptamos siempre existirán. Empezamos a comprender que esto no termina bien. Hace años que los planificadores saben que no termina bien.

Talibanes festejan la captura de Afganistán.

Quien claramente veía esto e intentaba cambiar la dinámica fue el general Stanley McCrystal. Durante la era Obama fue designado Comandante de todas las fuerzas en Afganistán. Tenía bastante idea de lo que sucedía allí. Comprendía que había que modificar el enfoque. Negar el acceso a Pakistán, mejorar dramáticamente la condición de seguridad de las aldeas. Tenía el estado mayor para llevar adelante eso.

McCrystal y sus comandantes eran gente disruptiva (para bien), pero muy imprudentes. Se hicieron amigos de un periodista de la revista The Rolling Stones que los acompañaba a todos lados, y en un artículo publicó cosas que ellos decían supuestamente off the record sobre errores políticos de Washington respecto a la guerra… Obama los removió de su cargo poco tiempo después.

Lo que vino después fue apostar a una estrategia utilizada en Vietnam… Una que allí fracasó. Se denominaba la vietnamización de la guerra, es decir, preparar a las fuerzas locales de tal manera que ellas se valieran de sí mismas para defender al país contra el Talibán y así sacar a las tropas norteamericanas del país, dejando que estas llevaran adelante la lucha.

No es una mala idea. Ni cuando se aplicó en Vietnam ni cuando se trató de aplicar en Afganistán. Todo lo que piensen se hizo para que esas fuerzas afganas fueran profesionales: los mejores instructores, equipo militar que en Sudamérica no ven ni siquiera en un película, cursos en el extranjero, generar una fuerza aérea con medios contrainsurgentes muy aptos (un aplauso para los Supertucanos de Brasil que fueron parte importante de la misma), capacitación para los oficiales, y miles de cosas más. Sin embargo, este Ejército cayó en dos semanas contra el Talibán.

¿Por qué falló? Faltó un detalle Uno clave. La fuerza militar que se creó dependía de un poder político que conducía Afganistán extremadamente corrupto, inoperante, desentendido de las necesidades de la población y de sus soldados.

Esa herramienta militar no tenía una conducción política ni por asomo a la altura del desafío. Entonces la fuerza militar afgana tomó el ejemplo de sus políticos. Corrupción, indolencia, arreglar con los talibanes para no ser molestado, proteger el cultivo del opio y su salida con los talibanes.

El inexperto Ejército afgano, que Estados Unidos se pasó 20 años entrenando, colapsó en dos semanas ante el avance talibán.

No hay mucho que esperar de todo esto, salvo lo que hoy vimos. Creo que hasta acá puede entenderse mucho de lo que significa esta caída de Kabul. Pero les robo un poco más de su atención. Quiero ir a algo más profundo.

Los que hoy se están haciendo del poder en Afganistán son los mismos que sostienen que la mujer no debe educarse. Que la ley del Corán es lo que debe imperar. Que toda libertad es vista como nociva, que las culturas que no sean exactamente como la interpretan ellos es una peste. Que los avances en el conocimiento son siempre malos.

Estos no son los musulmanes que tenían un Maimónides. No son los que construyeron la Alhambra ni Andalucía. No son los que miraban a las estrellas ni los que usaban las matemáticas. No son quienes leyeron a los clásicos.

Son bárbaros y detestan la libertad. Entonces con la caída de Kabul se ve amenazada toda idea de libertad, de civilización y de convivencia pacífica entre los hombres en esa región, y es un ideal que de por sí es seguro que tratarán de exportar al resto del mundo, como quisieron hacer en 2001.

Y entonces les pregunto si en Occidente estaremos dispuestos a contener esa amenaza. Si nos daremos cuenta del peligro que enfrentamos. Si buscaremos generar los lazos que aíslen de verdad a estos nuevos barbaros del Islam. No lo sé. Espero por mi nieto que si.


Por Guillermo Lafferriere, para La Derecha Diario.

Afganistán

Continúa el baño de sangre en Afganistán mientras Biden asegura que los talibanes son “progresistas”

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Tras una serie de medidas para flexibilizar la Ley Sharia, el gobierno de Estados Unidos reivindicó el “progresismo” de los talibanes, pero los medios locales reportan la radicalización extrema de las políticas islámicas.

Al tomar el poder hace 4 meses, los talibanes prometieron que habían cambiado. Pero lo cierto es que en su corto tiempo al frente del gobierno, han demostrado que su violencia no es episódica, sino sistemática, regular, cada vez más cotidiana. Violencia que agregan violencia a otros conflictos en todo el país.

Los talibanes han empezado a darle la bienvenida a los extranjeros intentando aparentar una normalidad en Kabul que contrasta con la dura realidad de millones de afganos que huyen del país por las constantes violaciones a los derechos humanos, por los fusilamientos en plazas publicas y por la hambruna que azota a todo el país.

Periodistas, jueces, abogados y deportistas ya huyeron de forma masiva del país. Por ejemplo, un grupo de jueces pidió asilo político en Brasil, y logró escaparse por la frontera con asistencia internacional. Por su parte, la delegación de Afganistán que participaron en los Mundiales de Boxeo se encuentran en el país balcánico en busca de visados para recibir asilo en algún país de Occidente ante las constantes amenazas de los terroristas en el poder.

Si los talibanes nos encuentran, nos matarán”, es la frase que se repite entre los refugiados.

A falta de fondos, los talibanes han dado prioridad al pago de sus milicianos y la mayoría de los empleados públicos solo han cobrado una mensualidad desde agosto pasado. Aun así, quienes han vuelto al trabajo siguen acudiendo cada día con la ilusión de recibir los pagos atrasados.

El pasado 3 de diciembre, los talibanes emitieron un decreto donde aparentan cierta flexibilización en la Ley Sharia. A partir de este mes, supuestamente exigirán que las mujeres adultas brinden consentimiento antes del matrimonio, pero como pudimos confirmar a través de medios locales, solamente esta semana, se ha forzado a 4 menores de edad a casarse con hombres mayores y 2 viudas han sido obligadas a casarse con parientes y abandonar sus bienes para ser entregados a sus nuevos maridos, en las zonas de Herat, Jam y Kandahar, respectivamente.

Lo cierto es que el mundo mira en silencio lo que sucede con los afganos bajo el régimen de terror de los talibanes, mientras Biden dice que los talibanes ahora son “progresistas” y China se adueña de todos los recursos naturales del país.

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Afganistán

En 3 meses de los talibanes en el poder, Afganistán ya está nuevamente sin alimentos y con la economía colapsada

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Así es Afganistán luego de tres meses del retorno talibán al poder: represión, crisis humanitaria, desnutrición, asesinatos políticos, violación en manada y colapso de la economía.

Desde la llegada de los talibanes al poder en agosto del 2021, la situación humanitaria y económica se ha deteriorado notablemente en Afganistán. A los terroristas les ha tomado sólo 90 días para que un país destrozado por medio siglo de conflictos haya desandado los avances conseguidos desde el año 2001.

Las medidas que ha adoptado el grupo fundamentalista ha demostrado que las promesas hechas tras la conquista relámpago del país, era una estrategia para blanquear un régimen que ahoga a su población a través del miedo y el hambre.

El país asiático que no gozaba de la mejor salud antes de la llegada de los talibanes, especialmente en las zonas rurales, ha vuelto a aplicar normas de segregación por sexos, asesinatos a minorías étnicas, aumentó de la represión contra periodistas y activistas, asesinatos en plazas públicas, palizas a las mujeres, violación en manada contra mujeres y entrenar militarmente a los niños.

Todo esto sumado a una desastrosa política económica, que se enfocó en cerrar y expropiar bancos, industrias y toda la explotación minera y petrolera del país, generando enormes problemas de abastecimiento.

Según informes brindados por la ONU, todas las movilizaciones en contra de las políticas de los talibanes fueron reprimidas brutalmente dejando ciento de muertos y decenas de heridos, en las mismas, las autoridades utilizaron palos, látigos y municiones de plomo contra los manifestantes.

Más de la mitad de la población se enfrenta a una aguda escasez de alimentos, unos 22 millones de los cerca de 38 millones de habitantes sufrirán inseguridad alimentaria este invierno.

La crisis en el país ya supera la de Siria o Yemen. El sistema de salud está igualmente a un paso del colapso. La llegada de los talibanes socavó un sistema ya de por sí frágil. Hay familias que recorren más de 100 kilómetros para encontrar un hospital que pueda atenderlos. Según denuncian a la prensa local, tal es el caso de la ciudad de Herat, que tras la avanzada talibán quedó con sus hospitales destruidos y los talibanes todavía no los han reconstruido.

Por otro lado, Facebook anunció que piratas informáticos de Pakistán utilizaron Facebook para atacar a personas de Afganistán con conexiones con el anterior Gobierno durante la toma del país por los talibanes y revelaron sus ubicaciones, lo cual facilitó que fueran secuestrados o asesinados en sus propios hogares.

Facebook dijo que el grupo, conocido como SideCoý, compartió enlaces de sitios web que albergan “malware” o contenido malicioso que facilita la vigilancia de los dispositivos de determinadas personas. La empresa declaró que el grupo creaba personajes ficticios de mujeres jóvenes como “señuelo romántico” para generar confianza y engañar a los objeticos.


Por Valery Romanov, para La Derecha Diario.

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Afganistán

Los talibanes aseguran haber controlado al Estado Islámico pero el Pentágono sigue en máxima alerta

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Los talibanes dicen haber matado a más de 30 miembros del Estado Islámico y detenido a otros 600 miembros en Afganistán, poniendo fin a su filial ISIS-K.

El portavoz de los servicios de Inteligencia afganos, Jalil Hamaz, ha asegurado que el régimen talibán ha asesinado a más de 30 supuestos miembros del Estado Islámico y han arrestado a otros 600 en los últimos 90 días.

De esta manera, el emirato asegura haberle puesto fin a las aspiraciones de los extremistas radicales de derribarlos e instaurar su propio califato.

Cabe recordar que los talibanes y los miembros de ISIS, aunque los dos pertenecientes al fundamentalismo islámico, difieren en conceptos teológicos y políticos fundamentales que ha llevado a un enfrentamiento de ambas fuerzas.

El viceministro de Información afgano, Zabihulá Muyahid, afirmó que los integrantes detenidos no son combatientes como los que pertenecen al grupo en Irak y Siria y ha señalado que se trata de “un pequeño grupo” de personas “impresionadas” por la ideología de la formación jihadista.

No obstante, la realidad en Afganistán es otra. Desde que asumieron el poder en agosto del 2021, la facción del Estado Islámico en territorio afgano (conocido como ISIS-K) ha estado atacando a los talibanes desde todos los frentes.

Después de dar su carta de presentación asesinando 13 soldados estadounidenses durante la retirada de tropas de Kabul, el ISIS-K se adjudicó múltiples atentados contra el régimen talibán, incluso uno con tres bombas separados contra tres vehículos talibanes en la ciudad de Jalalabad en septiembre. Las tres explosiones mataron a por lo menos dos personas e hirieron a otras 20.

Miembros de ISIS-K con su característico turbante amarillo.

En los últimos días, los jihadistas han seguido golpeando objetivos importantes, entre ellos Kandahar, cuna del movimiento talibán. 

El nuevo régimen de Kabul no contaba con que la rama afgana del ISIS continuaría atacando en el país con el objetivo de desestabilizarlo. Los talibanes están sufriendo ahora en sus propias carnes una guerra de guerrillas y atentados similares a los que ellos perpetraron por 20 años para alcanzar el poder.

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