La histórica firma de Silicon Valley apuesta por primera vez a una startup puramente de defensa, en medio de la escasez de misiles en el ejército estadounidense.
Hasta hace poco, los fondos de riesgo evitaban las startups de defensa. Las veían como inversiones moralmente controvertidas y el camino hacia contratos gubernamentales resultaba demasiado largo e incierto. Esa mirada cambió de golpe cuando los conflictos en Ucrania e Irán empezaron a vaciar las reservas de misiles del ejército de Estados Unidos. Hoy, las compañías que demuestran que pueden fabricar equipo rápido y a bajo costo tienen chances reales de conseguir un contrato del Pentágono en plazos acelerados.
Cuatro años después del auge de la tecnología de defensa que arrancó con la invasión rusa a Ucrania, la histórica firma de Silicon Valley Benchmark hizo su primera apuesta en una startup puramente de defensa. Lideró una ronda semilla de 25 millones de dólares en Furientis, una empresa cuyo objetivo es producir en masa interceptores de misiles. La compañía, que recién cumple un año y cuyo nombre significa “de la furia” en latín, ya tiene un contrato financiado del Pentágono para construir interceptores de alcance medio. Según una fuente familiarizada con la operación, la startup fue valuada en 125 millones de dólares.
Esta ronda llega después de un pre-seed de 5 millones anunciado en mayo. “Lo que lograron solo con el pre-seed fue simplemente extraordinario”, dijo a TechCrunch Chetan Puttagunta, socio general de Benchmark. “Fabricaron prototipos con apenas 5 millones. Ya habían hecho lanzamientos exitosos para cuando invertimos nosotros”.
Esa velocidad contrasta de manera marcada con los modelos lentos y costosos de los grandes contratistas tradicionales de defensa. El impulso de Furientis viene de sus cofundadores, que suman años de experiencia en ingeniería aeroespacial y de defensa. Brody Franzen fue ingeniero jefe adjunto en Virgin Galactic antes de sumarse a Castelion, una startup de misiles hipersónicos valuada en 13.000 millones. Aris Simsarian, por su parte, dirigió pruebas de motores de cohetes en Virgin Orbit.
La urgencia detrás del proyecto
La dupla creó Furientis al darse cuenta de que el ejército estadounidense enfrenta una escasez grave de misiles “exquisitos”, que cuestan alrededor de 3 millones de dólares cada uno, para enfrentar amenazas baratas del adversario. Según Franzen, la Marina de Estados Unidos recibe apenas entre 300 y 500 interceptores por año, mientras China afirma producir 3.000 misiles antibuque por mes. “Nos están superando en producción por un factor de más de 100”, afirmó. “Por eso fundamos la compañía”.
Furientis no pretende igualar el rendimiento de los interceptores de máxima categoría. En cambio, diseña y fabrica sus sistemas para que se armen rápido con componentes disponibles en el mercado. Así, cada unidad sale a una fracción del costo de los interceptores tradicionales, una propuesta atractiva para un Pentágono que necesita ampliar stock con presupuestos limitados.
A diferencia de gigantes como Raytheon o Lockheed Martin, atrapados en ciclos de diseño interminables, Furientis prueba sus misiles en el campo cada dos semanas. El objetivo final es fabricar 1.000 sistemas al año en cada planta. Por ahora, la joven empresa opera desde su instalación en Los Ángeles y lleva los prototipos a lanzamientos de prueba en White Sands, Nuevo México.
Dada la necesidad, no es la única en la carrera. Franzen señaló que startups más grandes como Anduril, Castelion y Shield AI también apuran el paso para producir interceptores en masa, mientras los contratistas tradicionales se apresuran a modernizar sus propias líneas de fabricación.