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Estados Unidos

Obamagate: cómo el ex-presidente Obama buscó activamente remover del cargo a Donald Trump

Una de las más fuertes revelaciones de los últimos tiempos ponen al ex-presidente Barack Obama como el principal artífice de una larga serie de ataques e intentos de desestabilizar el gobierno de Trump y de removerlo del cargo. Esto es #Obamagate.

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Mientras la política estadounidense continúa intentando comprender todos los detalles del caso del Teniente General Michael Flynn, el presidente Donald Trump no se detiene, y ha dejado claras indicaciones sobre sus pasos a seguir. 
Desde el pasado domingo 10 de mayo, Trump ha comenzado a publicar en sus redes sociales mensajes con un término que rápidamente se convirtió en tendencia a nivel global: Obamagate.
El término Obamagate hace referencia no a una investigación en particular, sino a una serie de investigaciones específicas que se unen en una figura: el ex-presidente Barack Hussein Obama. 
Cada uno de esos “hilos” corresponde a una maniobra distinta que la oposición demócrata ha llevado a cabo para intentar desestabilizar o hasta remover de su cargo al Trump, que comenzaron incluso antes de que fuera electo. Cada una de estas maniobras fueron presentadas de manera independiente por distintas personas, ya sea integrantes del arco político, activistas independientes, o medios de comunicación cercanos al Partido Demócrata. 
Hablar de Obamagate es analizar la conexión en común entre todas estas maniobras golpistas: la coordinación desde las sombras del ex-presidente Obama e integrantes de su gestión para desestabilizar a un gobierno legítimo y electo democráticamente.
La expresión “desde las sombras” es particularmente apta en este caso, ya que Obama se ha propuesto permanecer casi oculto y en silencio desde que abandonó la presidencia el 20 de enero de 2017. La familia Obama tomó la llamativa decisión de continuar viviendo en Washington D.C. en vez de volver a su estado natal de Illinois. En Estados Unidos existe una tradición que no es formal pero viene siendo respetada muy estrictamente por todos los ex-presidentes desde los comienzos del país; cuando dejas el cargo de presidente, dejas Washington. Es simbólico pero también fáctico, la política es más sana si no hay dos figuras de poder cerca de la Casa Blanca al mismo tiempo.
De la misma forma que los Obama nunca se alejaron físicamente del poder, mantuvieron en la práctica un enorme control del Partido Demócrata, aunque lo que eligieron mostrar ante las cámaras no fue su perfil político si no su perfil “hollywoodense”. Una de las más famosas movidas en el mundo del entretenimiento fue el acuerdo alcanzado entre Obama y su esposa, Michelle, con la plataforma Netflix, para producir contenido exclusivo. Esta inédita colaboración entre un reciente ex-presidente y una productora de entretenimiento ya sacó el documental “American Factory”, sobre una fábrica instalada en Ohio por una corporación china, al cual la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas no pudo evitar darle el Premio Óscar por “mejor documental” en la última ceremonia; y el documental “Becoming”, lanzado sorpresivamente a principios de mayo 2020, basado en la autobiografía de la ex-primera dama Michelle Obama. Estso proyectos sirven como una máscara para ocultar el verdadero lobby que Obama sigue realizando atrás de escena.

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Cuidando las apariencias: un ex-presidente que “abandonó” la política


Obama mantuvo durante los últimos años las apariencias de un perfil bajo en lo que respecta a la política nacional. Sus únicas declaraciones públicas significativas fueron su “gira europea” de 2017, cuando expresó su abierto apoyo a Emmanuel Macron en la elección presidencial francesa de 2017, luego realizó una declaración conjunta con la canciller alemana Angela Merkel, y también en esa gira se mostró con el Príncipe Harry. Meses después cuando Trump confirmó la salida de los EE.UU. del Acuerdo Climático de París, Obama hizo público su rechazo a la decisión. Posteriormente, hizo declaraciones en redes sociales sobre las políticas de Trump en cuanto a salud e inmigración. Realizó otras lucrativas visitas internacionales, entre ellas a China, India, y hasta la Argentina, la cual visitó en octubre de 2017 para hablar en la Green Economy Summit que se llevó a cabo en la provincia de Córdoba. Aprovechó su visita para reunirse con el entonces presidente argentino Mauricio Macri donde discutieron una agenda progresista.

El ex-presidente de EE.UU. Barack Obama junto al entonces presidente de Argentina, Mauricio Macri, jugando golf en octubre de 2017.

Los Obama luego no realizaron más movimientos públicos de relevancia hasta el 14 de abril de 2020, cuando el ex-presidente demócrata anunció en un video su apoyo a su ex-vicepresidente, Joe Biden, para las elecciones de este año. Y más tarde, en mayo del mismo año, Obama criticó públicamente la respuesta de Trump ante la pandemia de COVID-19, calificándola de “un absoluto y caótico desastre.”
Las apariciones públicas de Obama, como se ve, fueron pocas y muy calculadas. Sin embargo, las investigaciones detrás del Obamagate revelan que la mayor parte de su tiempo el ex-presidente estuvo maniobrando alejado de las cámaras, buscando desestabilizar el gobierno de Trump, su rival político, e intentar socavar su presidencia, incluso finalizarla antes de tiempo mediante un impeachment y juicio político.

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Primer ataque: espionaje ilegal

La corrupción de Obama comenzó incluso antes de que Trump ganara la presidencia: múltiples investigaciones promovidas por el actual presidente revelan que el gobierno de Obama diseñó y ejecutó un plan de espionaje y escuchas ilegales hacia Trump y su equipo de campaña durante la carrera presidencial de 2016
Dicho espionaje, en una operación denominada con el nombre en clave “Crossfire Hurricane” (“huracán de fuego cruzado”), fue realizado con la excusa de investigar la supuesta “interferencia” de Rusia en dichas elecciones, y contó con 4 órdenes judiciales otorgada por la Corte de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera (FISA por sus siglas en inglés) para espiar, sin justificación real, al asesor de campaña de Trump, Carter Page.

Segundo ataque: influenciar el Colegio Electoral

El espionaje a la campaña de Trump fue solo el inicio. En noviembre de 2016, cuando Trump ganó las elecciones presidenciales, el Partido Demócrata comenzó a organizar una campaña anti-constitucional para lograr que los miembros del Colegio Electoral de los Estados Unidos votaran en contra de la voluntad de sus Estados. En EE.UU., luego del voto popular, 538 delegados se reúnen para acatar la decisión del voto popular de cada Estado y pronuncian su apoyo al presidente-electo.
La campaña, nombrada “Unite For America”, publicó en diciembre de 2016, tan solo unos días antes de la votación del Colegio Electoral, un video en YouTube con un “mensaje” para los electores republicanos, expresado por múltiples celebridades de Hollywood, pidiéndoles que no elijan Trump e impidan su asunción. El video fue tan mal recibido, que de inmediato decidieron cerrar sus comentarios y sacar la cantidad de votos “me gusta” y “no me gusta” que la gente había llevado a cabo.
La campaña inconstitucional fracasó: Trump fue electo por el Colegio Electoral y asumió la presidencia el 20 de enero de 2017.

Los orígenes de la campaña Unite For America nunca fueron rastreados, así como nunca fue de público conocimiento quién o quiénes estuvieron detrás de la idea, del financiamiento y de la ejecución; el presidente Trump tenía temas más importantes que atender, como una economía dañada, impuestos altos y una guerra contra el terrorismo islámico.
En el video, las celebridades aseguran que “no están pidiendo que se vote a Hillary Clinton”, la perdedora candidata del Partido Demócrata en ese entonces, sino que simplemente eviten votar por Trump, por lo que llamaban a “votar según su consciencia”. Esta campaña política pos-electoral nunca debió ser permitida, ya que buscaba interferir directamente con el Colegio Electoral en un contexto donde el proceso democrático ya había finalizado.
Este fue un último intento de lograr una presidencia de Hillary Clinton. Por lo que, y aunque no existen evidencias de ello aún, es posible considerar que detrás de Unite For America hubo coordinación y dinero demócrata. Y el presidente en ese entonces, quien debería haber frenado esta locura era todavía Barack Obama.

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Tercer ataque: destrucción total de la mano derecha de Trump

Una vez que Trump había ya asumido la presidencia, las maniobras comenzaron a aumentar su intensidad, y tal como describimos en nuestro reciente artículo, en los primeros días del nuevo gobierno, el FBI, que todavía respondía a Obama, decidió perseguir ilegalmente al flamante nuevo asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn. 
Aunque las revelaciones sobre el caso Flynn continúan, documentos recientemente filtrados confirman que el entonces presidente Obama, a través de su jefe de gabinete, Dennis McDonough, fue informado formalmente sobre el espionaje ilegal a Flynn el 5 de enero de 2017, y decidió no frenarlo. 
Otros funcionarios de Obama que recibieron esta información, y luego mintieron al respecto, incluyen al ex-vicepresidente y ahora candidato demócrata Joe Biden, quien obtuvo la información el 12 de enero de 2017, y los directores de la Agencia de Inteligencia Nacional, James Clapper, y de la CIA, John Brennan, quienes accedieron a la información confidencial en múltiples ocasiones entre el 2 de diciembre de 2016 y el 7 de enero de 2017. 
Sin lugar a duda esta parte del #Obamagate amerita un artículo propio y es algo que publicaremos en los próximos días, enfocándonos en estas filtraciones, las primeras evidencias concretas e indudables del Obamagate que vinculan todo directamente al ex-presidente.

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Cuarto ataque: Rusia, Rusia, Rusia

Otro escándalo masivo que cruzó a la presidencia de Trump fue la infame “colusión rusa” que afirmaba que existió cooperación entre Trump y el gobierno de Vladimir Putin durante la campaña presidencial de 2016. 
Según esta teoría totalmente inventada, Putin hackeó los servidores del Comité Nacional Demócrata y filtró su contenido a Wikileaks, con la intención de ayudar a Trump a ganar la elección de 2016. Quienes sostienen esta teoría, entonces, consideran sin ningún tipo de evidencia ni razonamiento lógico que Trump responde al gobierno ruso, y por ende es un agente extranjero gobernando los Estados Unidos. 
El Partido Demócrata y sus aliados en los medios de comunicación empujaron esta teoría conspirativa al punto de que fue considerada punto de partida para llevar a cabo un proceso de impeachment y juicio político al presidente Trump, para lo que se designó a un fiscal especial, el ex-director del FBI, Robert Muller, quien gastó cientos de millones de dólares en na investigación que se extendió por casi 3 años.
Finalmente, la investigación de Mueller dio resultados negativos, y no se pudo encontrar ni un parámetro ni una irregularidad que pueda ser utilizada en contra de Trump. El “Mueller Report” concluyó que no existen evidencias suficientes para afirmar que existe o existió una conexión entre el equipo de Trump y Rusia. Las investigaciones independientes sobre el Obamagate, revelan que el ex-presidente Obama tuvo cierto nivel de responsabilidad en la coordinación de esta noticia falsa que fue potenciada por los medios y por los diputados y senadores demócratas, junto a otras figuras como Joe Biden y Hillary Clinton.

El ex-espia británico Christopher Stelee, contratado por la campaña de Hillary Clinton para escribir un “dossier” (reportaje) falso que involucraba a Donald Trump con el regimen ruso de Vladimir Putin. 

Una pieza clave del “Russiagate” en sus inicios fue un dossier (reportaje periodístico) elaborado por el ex-espía británico Christopher Steele. Este dossier, cuya autoría era inicialmente desconocida, afirmaba que Trump era un agente ruso encubierto, y que el gobierno de Vladimir Putin contaba con “información secreta” sobre Trump que les permitía chantajearlo para ser su títere político. 
Esta información totalmente inventada incluía una visita de Trump a un hotel ruso en 2013, durante el cual, según el dossier, Trump habría llevado a cabo una orgía con prostitutas rusas (que habría incluido un acto fetichista de caracter parafílico) que había sido filmado por los servicios de inteligencia rusos, video con el cual lo estaban chantajeando. 
Finalmente, se reveló que el dossier era completamente falso, y que su autor había sido Steele, quién se encuentra actualmente en juicio y ha revelado que fue contratado por la campaña de Hillary Clinton para escribir el dossier, con el visto bueno (o quizá coordinación directa) del Comité Nacional Demócrata y el gobierno de Obama.
De probarse esta acusación de Steele y de ser encontrado culpable, tanto Hillary Clinton como Obama podrían ir presos.

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El ataque final: Impeachment

El último ataque que habría coordinado Obama contra Trump fue un escándalo que incluyó muchísima información falsa en base a una llamada que realizó Trump con el recientemente electo presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, el 25 de julio de 2019. 
En dicha llamada, Trump felicitó a Zelenski por su victoria electoral y le declara su intención de ser aliados. Durante la llamada, Trump también le menciona a su par ucraniano su intención de cooperar en la investigación que el nuevo gobierno de Ucrania estaba llevando a cabo sobre los vínculos entre el hijo de Joe Biden, Hunter Biden, y la empresa energética ucraniana Burisma Holdings. El ex-Fiscal General ucraniano, Viktor Shokin, había investigado este vínculo en 2016, pero el entonces vicepresidente Biden presionó al gobierno ucraniano para que removiera a Shokin
Esto no es una teoría conspirativa o una acusación: el mismo Joe Biden admitió haber presionado la salida de Shokin en enero de 2018, con total impunidad. En una conferencia internacional contó ante la mirada atónita de cientos de espectadores que amenazó al gobierno ucraniano de ese entonces con no enviar un préstamo que los EE.UU. habían prometido hasta que Shokin fuera removido. Al final del relato, se ríe mientras cuenta que efectivamente Ucrania removió de su cargo a Shokin.

Tanto Trump como Zelenski tenían y continúan teniendo total potestad para investigar asuntos de corrupción internacional que competen a sus respectivos países, como por ejemplo el affaire Biden-Burisma. 

Sin embargo, el Partido Demócrata vio en esta investigación una supuesta “presión” de parte de Trump hacia su par ucraniano para forzarlo a investigar a Biden, entonces considerado un posible rival en la elección de 2020. Con esta excusa, iniciaron el proceso de impeachment en el Congreso y juicio político, que resultó en un impeachment aprobado por la Cámara de Representantes el 18 de diciembre de 2019, y un fallido juicio político en el que Trump fue exonerado por el Senado el 5 de febrero de 2020.

La pieza final del #Obamagate pone al ex-presidente Obama como principal articulador de este impeachment fallido, coordinando con los medios y con los diputados demócratas un juicio político que estaba destinado a fallar, pero que dañaría fuertemente la imagen de Donald Trump.

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Los ataques mencionados no fueron todos los que ocurrieron, sino los más relevantes. Otros intentos notorios de desestabilizar la presidencia de Trump incluyeron las “revelaciones” de la prostituta Stormy Daniels, quien aseguraba haberse acostado con Trump y haber sido pagada para mantener silencio, y los ataques de su desquiciado abogado ultra-demócrata Michael Avenatti. Los demócratas y sus medios adictos idolatraron a Avenatti por su “valentía” al enfrentarse a Trump, y hasta llegaron a mencionarlo como un posible candidato presidencial para 2020. Avenatti terminó condenado por extorsión y preso en febrero de 2020.

Y no debe olvidarse la campaña de desprestigio hacia el entonces candidato a juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Brett Kavanaugh, quien fue falsamente acusado de abusar sexualmente de la profesora Christine Blasey Ford, quien afirmaba que Kavanaugh había intentado violarla en la década del ’80 (nunca especificó un año exacto) cuando ambos eran adolescentes, en una fiesta en Maryland. 
Tras una investigación del FBI, la acusación de Blasey Ford fue desestimada por falta de evidencias, y Kavanaugh fue electo juez de la Corte Suprema en octubre de 2018 por 50 votos contra 48. Un año más tarde, Blasey Ford admitió que lo que ella contó en la acusación que le hizo a Kavanaugh no era del todo cierto, y que sufrió presiones del arco político demócrata para decir algunas cosas.

Las pruebas de la intervención de Obama y sus funcionarios de alto nivel, incluyendo a James Comey, Hillary Clinton y Joe Biden, aparecen cada día más claras, y sin dudas continuarán surgiendo en los próximos días y semanas. 
Después de todo, no por nada Trump se está asegurando de que no olvidemos el tema y continuemos investigando:

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Economía

Inminente recesión en Estados Unidos: La caída del PBI en el primer trimestre fue más fuerte que lo estimado

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Los organismos de estadísticas oficiales volvieron a recortar la estimación de crecimiento para el PBI en el primer trimestre del año, y encontraron que la caída no fue de 1,5% si no que de 1,6%.

La Oficina de Análisis Económico de los Estados Unidos publicó este miércoles un nuevo informe que ajusta hacia la baja la estimación de crecimiento correspondiente a los primeros tres meses del año. El PBI estadounidense cayó oficialmente un 1,6% en el primer trimestre de 2022, en comparación con el último trimestre del año pasado, cuando la estimación anterior proyectaba una caída del 1,5%.

Se trata de la primera caída trimestral registrada desde la crisis por la pandemia en 2020, y la primera fuera del contexto pandémico desde 2008. La actividad económica mensual, estimada por la firma IHS Markit, revela que la economía se encuentra estancada desde octubre del año pasado.

Además, se descarta una rápida respuesta de la Reserva Federal para aumentar la tasa de interés de corto plazo y contener el ritmo de la inflación. La tasa efectiva de los bonos de la FED alcanzó el 1,58% en el mes de junio.

De producirse una segunda caída trimestral al término de este mes, la economía estadounidense entraría técnicamente en una recesión formal, y este escenario cada vez cobra más relevancia en los análisis de los mercados.

Los principales motivos para la corrección bajista fueron dos: el estancamiento del gasto de los consumidores a causa del deterioro del salario real, y el retroceso de las ganancias corporativas. Solamente en lo que va de la administración de Joe Biden, los salarios reales del sector privado acumularon una caída del 3,3% en promedio. La inflación está provocando un impacto negativo en el poder adquisitivo de los salarios, el crecimiento del consumo y el nivel de ventas.

La estimación oficial de crecimiento para 2023, también estimada por la Oficina de Análisis Económico, se redujo a sólo el 1,6% anual y fue rebaja de aquel 2% que se proyectaba hace tan solo un mes. Por su parte, el crecimiento estimado para 2022 continúa en el rango del 2,4%, a pesar de una incipiente recesión que podría afectar al primer semestre del año.

El organismo de estadística explicó que su pronóstico más factible espera una “recesión de bajo crecimiento” similar a la que registró Estados Unidos entre 2000 y 2001, sin necesidad de producirse una caída consecutiva de dos trimestres. Sin embargo, este último escenario de recesión técnica no es improbable y, de hecho, se proyecta con una probabilidad de ocurrencia de entre el 35% y el 45% según precisaron las autoridades. 

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Estados Unidos

Mensaje de voz filtrado de Biden a su hijo lo complica: “Quiero que hablemos de nuestros negocios en China”

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Joe Biden le envió un audio a Hunter en diciembre de 2018 diciendo que quería hablar con él después de leer una historia del New York Times sobre los tratos de Hunter con el gigante petrolero chino CEFC.

Un mensaje de voz del 12 de diciembre de 2018 que se filtró a la prensa puso contra las cuerdas al presidente Joe Biden y, nuevamente, a su hijo Hunter Biden, reporta en exclusiva el DailyMail.com.

El mensaje fue rescatado del minado de datos de la computadora portátil que se olvidó en un taller de reparación en 2020. En ella, se encontró un back-up completo del iPhone de Hunter Biden, con cientos de chats.

Entre ellos, uno se destacaba: “Papá“. Al abrir el chat, uno de los audios llamó la atención de los periodistas que llevan ya dos años investigando la información guardada en el disco duro de esa laptop.

“Cómo andas amigo. Soy Papá. Son las 8:15 del miércoles a la noche. Cuando puedas llamame. No es urgente, solo quiero hablar contigo de nuestros [negocios en China]. Creo que el artículo que se publicó online, y que va a salir impreso mañana en el Times fue muy bueno. Creo que fuiste muy claro. Pero bueno, cuando tengas una oportunidad llamame. Te amo”.

El artículo al que hace referencia fue publicado ese mismo 12 de diciembre a la noche, bajo el titulo de “Un magnate chino buscó poder e influencia: Ye Jianming cortejó a la familia Biden y se conectó con exfuncionarios de seguridad de los Estados Unidos“, en referencia a tratos oscuros entre Hunter Bien y el presidente del gigante petrolero estatal chino CEFC.

La historia del New York Times de 2018 señaló que el presidente de CEFC, Ye Jianming, había sido arrestado en China y su principal lugarteniente, Patrick Ho, había sido condenado en los Estados Unidos por sobornar a funcionarios africanos para ayudar a Irán a evadir las sanciones petroleras.

El artículo revela que Ye se había reunido con Hunter en un hotel de Miami en 2017 para discutir “una asociación para invertir en acuerdos de infraestructura y energía estadounidenses”. Hunter fue entrevistado por el Times para la nota, y negó cualquier vínculo.

El New York Times informó que cuando arrestaron a Ho, el corrupto funcionario chino llamó al hermano de Joe, Jim Biden, quien trabajaba con Hunter, pidiendo hablar con él para “solucionar esto”. Hunter aceptó poco tiempo después representarlo legalmente a Ho en Estados Unidos, pero después terminó renunciando como su abogado.

El presidente ha negado repetidamente que haya hablado alguna vez sobre los negocios extranjeros de Hunter con su hijo, a pesar de la abrumadora evidencia de lo contrario. En el mismo debate presidencial con Trump en 2020 le mintió a toda la nación cuando dijo que nunca habló de los negocios que su hijo y su hermano tienen en China, Rusia o Ucrania con ellos.

Los archivos en la computadora portátil de Hunter muestran que en 2015 llegó a un acuerdo con la Ye Jianming por millones de dólares a cambio de abrirle la puerta de la Casa Blanca y ponerlo en contacto directo con Joe Biden, que en ese momento era vicepresidente del país..

En varios videos, mensajes de texto y correos electrónicos, Hunter se refiere a Patrick Ho como el “jefe de espionaje de China”, un referencia muy acertada, ya que estaba siendo monitoreado por el FBI por su trabajo de espía para China, según una orden FISA obtenida por DailyMail.com.

Patrick Ho era vicepresidente de CEFC pero su verdadero rol era viajar por el mundo y extender la influencia de China por todos los gobiernos que pudiera. Se lo considera ampliamente como el cerebro de la Brick & Road Initiative (Nueva Ruta de la Seda), con la que el régimen de Xi Jinping actualmente está subyugando a decenas de países en todo el mundo, que aceptan préstamos impagables del Banco Chino, para construir puertos, aeropuertos, rutas y trenes, y cuando no pueden pagar esas obras pasan a ser propiedad china. Países como Somalía, Etiopía y la propia Argentina ya han caído en esta trampa de la dueda.

Patrick Ho, supuestamente preso en Hong Kong, en realidad, está desaparecido y sus familiares aseguran que no lo ven hace 2 años.

Tengo otro reportero del New York Times llamando sobre mi representación del Dr. Patrick Ho, el maldito jefe de espionaje de China que comenzó la compañía que fundó mi socio [Jianming], que tiene un valor de US$ 323 mil millones y ahora está desaparecido“, se lo escucha diciendo a Hunter a una amiga suya en una grabación del 11 de mayo de 2018.

El mensaje de voz de Joe a Hunter sobre el artículo del Times es el último de una cantidad abrumadora de evidencia que sugiere que el presidente mintió acerca de no saber sobre los negocios extranjeros de su hijo. Muy por el contrario, toda la evidencia indica que estuvo extremadamente interesado, casi como si no solo supiera, si no que fue él quien lo mandaba a hacer estos negociados.

Por ejemplo, el entonces vicepresidente asistió a una cena en Washington D.C. con importantes empresarios de Ucrania, Kazajstán y Rusia en 2015. Un chequeo del New York Post reveló que absolutamente todos los invitados eran socios comerciales de Hunter.

De hecho, en un reciento correo electrónico filtrado del hijo del presidente, admite que la cena era “aparentemente para discutir la seguridad alimentaria”, pero que “en realidad era una oportunidad para presentar a los clientes” que habían pagado para conocer a Joe Biden.

La Casa Blanca en ese momento encabezada por Barack Obama negó en un principio la asistencia de Joe, pero luego, cuando aparecieron fotografías de él allí, afirmó que solo fue una breve visita.

Joe también conoció a otro de los socios comerciales chinos de Hunter, Jonathan Li, cuando llevó a su hijo a un viaje del Air Force 2 a China en 2013. Se cree que Li fue el primer cliente de Hunter, que le pagó para conocer a su padre. Luego, en 2014, importantes empresarios mexicanos Carlos Slim y Miguel Alemán Velasco se reunieron por horas con Joe Biden en la residencia oficial del vicepresidente, mitín por el cual le pagaron millones de dólares a Hunter para que organice, según admite él mismo en otro correo electrónico filtrado.

Por último, los resumenes de cuenta encontrados en los correos electrónicos de la computadora portátil de Hunter muestran que él y su padre compartían una cuenta bancaria y pagaban las cuentas del otro, mientras que el socio comercial de Hunter, Eric Schwerin, pagaba los impuestos de Joe Biden.

Joe Biden se reunió con los multimillonarios mexicanos Carlos Slim y Miguel Alemán Velasco, socios comerciales de su hijo Hunter, en la oficina del vicepresidente en 2014.

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Estados Unidos

La mujer de Jeffrey Epstein, acusada de tráfico de niñas para su red de pedofilia, condenada a 20 años de prisión

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La sentencia de Ghislaine Maxwell fue un papelón de la justicia de Estados Unidos. Las víctimas habían pedido 60 años y el juez dio solo un tercio del tiempo y no pidió publicar lista de clientes.

Ghislaine Maxwell, la ciudadana británica que durante su noviazgo con el millonario Jeffrey Epstein se convirtió en la principal reclutadora de niñas para la red de pedofilia de su marido, fue condenada este martes a 20 años de prisión y una multa de US$ 750.000.

La sentencia fue duramente criticada por las víctimas, que habían pedido por lo menos 60 años para Maxwell, lo que hubieran hecho que la mujer de 60 años no saldría nunca más de la cárcel hasta su muerte. La cantidad de tiempo fue decisión de la jueza federal de distrito Alison J. Nathan.

También fue ampliamente criticado que el juez no pidió en ningún momento la lista de clientes de la proxeneta, y es la primera vez que en un caso donde se condena a los líderes de una red de pedofilia no se expone la lista de clientes. La poderosa pareja cortejaba a ricos y famosos mientras atraían a niñas vulnerables de hasta 14 años y luego las explotaban.

Los fiscales dijeron que Epstein, quien apareció supuestamente suicidado en su celda en 2019 mientras esperaba el juicio, abusó sexualmente de niños cientos de veces durante más de una década, y no podría haberlo hecho sin la ayuda de Maxwell, su novia de toda la vida.

La condena, dictada en diciembre por un jurado, la declaró culpable de tráfico sexualtransportar a menores para que participen en actos sexuales ilegales y dos cargos de conspiración.

“Es importante enfatizar que aunque Epstein fue central en este esquema criminal, la Sra. Maxwell no está siendo castigada en lugar de Epstein o como representante de Epstein. El comportamiento de Maxwell fue atroz y depredador en sí mismo”, aclara la sentencia.

“El estado de derecho exige, y este tribunal está de acuerdo, que ya seas rico, poderoso o completamente desconocido, nadie está por encima de la ley”, lee el veredicto. “Maxwell participó directa y repetidamente y durante muchos años en un plan horrible para atraer, transportar y traficar niñas menores de edad, algunas de tan solo 14 años”.

Annie Farmer, víctima de Jeffery Epstein, llega con la abogada Sigrid McCawley para la sentencia (REUTERS/Shannon Stapleton)Annie Farmer, víctima de Jeffery Epstein, llega con la abogada Sigrid McCawley para la sentencia.

Sarah Ransome y Elizabeth Stein, víctimas de Jeffery Epstein, llegan para la sentencia del juicio de Ghislaine Maxwell (REUTERS/Brendan McDermid)Sarah Ransome y Elizabeth Stein, víctimas de Jeffery Epstein, llegan para la sentencia del juicio de Ghislaine Maxwell.

Maxwell, que vestía un uniforme azul de prisión y una máscara blanca para cumplir con las reglas del coronavirus, miró hacia un lado cuando se anunció la sentencia, pero por lo demás no reaccionó. También se había sentado en silencio antes, mientras la fiscal federal adjunta, Alison Moe, contaba cómo Maxwell sometió a las niñas a “pesadillas horribles” al llevarlas a la isla de Epstein.

“Eran socios en el crimen juntos y abusaron de estos niños juntos”, dijo en las lecturas previas a la sentencia, llamando a Maxwell “una persona que era indiferente al sufrimiento de otros seres humanos”.

Cuando tuvo la oportunidad de hablar, Maxwell dijo que simpatizaba con los sobrevivientes y que era “el mayor arrepentimiento de mi vida haber conocido a Jeffrey Epstein”, y lo llamó “un hombre manipulador, astuto y controlador que vivió una vida profundamente compartimentada”, haciéndose eco de las afirmaciones de sus abogados defensores de que Epstein era el verdadero autor intelectual.

Maxwell, que niega haber traficado o abusado de nadie, dijo que esperaba que su condena y su “encarcelamiento inusual” trajeran alguna “medida de paz y finalidad” a las víctimas.

La jueza se negó a dejar que Maxwell escapara de la culpabilidad, y tras su declaración, aclaró que Maxwell estaba siendo castigada por sus propias acciones, no por las de Epstein. Llamó a los crímenes “atroces y depredadores” y dijo que Maxwell, como una mujer adulta, proporcionó una apariencia de seguridad mientras “normalizaba” el abuso sexual a través de su participación, aliento e instrucción.

Varios sobrevivientes describieron su abuso sexual, incluida Annie Farmer, cuya voz se quebró varias veces cuando dijo: “Seguiremos viviendo con el daño que nos causó”. Farmer dijo que su hermana y ella misma intentaron hacer públicas sus historias sobre Epstein y Maxwell hace dos décadas, solo para que la poderosa pareja las callara a través de amenazas e influencia con las autoridades.

La llegada de Trump al poder, dicen las fuentes con conocimiento de la causa, destrabó muchas instancias judiciales que permitieron que fiscales federales se animen a tomar el caso. Epstein era muy cercano a los Clinton, a Obama y a Joe Biden, y las víctimas han dicho off the record que por muchos años la Casa Blanca intervino directamente para que sus denuncias no lleguen a la prensa.

Aproximadamente desde fines de la década del ’80, decenas de mujeres han caído en las garras de Epstein. Muchas describieron a Maxwell actuando como una empleada del magnate neoyorquino que las reclutaba para darle masajes a Epstein. Generalmente en países de bajos recursos, donde a veces incluso se las compraba a sus padres o directamente las secuestraba.

Cuatro de estas mujeres, que se estiman en los cientos, se animaron a testificaron que fueron abusadas cuando eran adolescentes en la década de 1990 y principios de la década del 2000 en las mansiones de Epstein en Florida, Nueva York, Nuevo México y las Islas Vírgenes.

Tres fueron identificadas en la corte solo por sus nombres o seudónimos para proteger su privacidad: Jane, una actriz de televisión; Kate, una ex modelo del Reino Unido; y Carolyn, ahora una madre que se recupera de la adicción a las drogas. La cuarta fue Farmer, la única acusadora que se identificó en la corte con su nombre real, después de hablar públicamente, diciendo que no les tiene miedo.

Describieron cómo Maxwell los cautivó con conversaciones, obsequios y promesas de que Epstein podría usar su riqueza y conexiones para ayudarlas a cumplir sus sueños. Luego ella los llevaba a darle “masajes” a Epstein y a otros clientes. Masajes que se volvían sexuales y después cuando se querían ir, no las dejaban, quedando a veces por varios meses secuestradas en las mansiones del millonario.

Carolyn testificó que ella era una de varios adolescentes que vivían cerca de la casa de Epstein en Florida a principios de la década de 2000 y aceptó una oferta para masajearlo a cambio de un billete de US$ 100. Ella tenía 14 años, y desde ese momento estuvo casi 10 meses secuestrada en la mansión, donde fue abusada en repetidas ocasiones.

Las acusaciones contra Epstein surgieron públicamente por primera vez en 2005. Se declaró culpable de cargos sexuales en Florida y cumplió 13 meses en la cárcel, gran parte de ellos en un programa de liberación laboral como parte de un acuerdo criticado como indulgente. Posteriormente, se le pidió que se registrara como delincuente sexual.

En los años siguientes, muchas mujeres demandaron a Epstein por los abusos. Una mujer, de las más famosas denunciantes, de nombre Virginia Giuffre, afirmó que Epstein y Maxwell también la habían prostituido contra su voluntad para que tuviera citas sexuales con hombres poderosos, incluido el príncipe Andrew del Reino Unido, con quien tiene una demanda abierta.

Los fiscales federales en Nueva York revivieron el caso contra Epstein por orden de la Casa Blanca de Trump, después de que las historias del Miami Herald en 2018 atrajeran nueva atención a sus crímenes. Fue arrestado en 2019, pero apareció suicidado un mes después.

Once meses después de su muerte, Maxwell fue arrestada en una finca de New Hampshire. Ciudadana estadounidense, británica y francesa, ha permanecido en una cárcel federal en la ciudad de Nueva York desde entonces.

Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell en un evento en Nueva York, 16 de mayo de 1995Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell en un evento en Nueva York, 16 de mayo de 1995.

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