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¿Ganó alguna guerra Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial? Un caso de estudio

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Tras la caída de Kabul, y con la caída de Saigón y de Teherán en mente, muchos se han preguntado en los últimos días si la gran potencia estadounidense, que tiene el poderío militar más grande de la historia, realmente logró cumplir sus objetivos bélicos en los últimos 70 años.

Es muy común escuchar a quienes opinan que Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial no ha obtenido ninguna victoria militar. La idea de lo que leerán a continuación es poner esa percepción en un contexto más amplio, y posteriormente, observar cómo aplica esa mirada a otras dos naciones como Rusia y China, y lo que pasó a significar ganar una guerra luego de las dos grandes guerras.

Posterior a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos llevó adelante diferentes acciones militares, de distinta envergadura que me atrevo a colocar en dos categorías diferentes, las que se llevaron a cabo durante la Guerra Fría y las que se iniciaron luego de la Caída del Muro de Berlín.

En el primer caso, hay dos que resaltan claramente, y que seguramente los lectores tienen en mente Corea (1950-1953) y Vietnam (1955-1975).  Analicemos un poco ambas.

En Corea, Estados Unidos y buena parte de la ONU, enfrentaron una guerra de tipo convencional en la península coreana, es decir combates que por sus características eran similares a los que se llevaban a cabo en Europa durante la Segunda Guerra. Fuerzas militares regulares combatiendo contra otras en un espacio geográfico tridimensional, y donde la población civil no era el objeto directo de las acciones.

En Corea, tras la intervención China, la única solución realista de alcanzar era la que se obtuvo: una línea de separación entre dos Coreas y un statu quo que se ha mantenido hasta hoy. La alternativa a ello hubiera sido una hecatombe nuclear, un umbral que sabemos, razonablemente, no quiso cruzarse.

Vietnam por su parte, es una larga guerra, que Estados Unidos con otras naciones aliadas, lleva adelante pero de características completamente diferentes a Corea. No era una guerra donde primaran las operaciones entre fuerzas regulares, sino una donde se combatía a una guerrilla que en modo sostenido, buscaba empeñarse de manera no sostenida y evitaba toda retención de terrenos.

Los planificadores de Estados Unidos mayormente equivocaron la comprensión del tipo de guerra que enfrentaban (hubo excepciones a esto, pero no llegaron a tener tiempo para implementar sus miradas o el apoyo sostenido para ellas) y ello llevó a la debacle que conocemos con el abandono del país y casi dos años después la caída de Saigón en 1975 en manos comunistas.

Vietnamitas aliados de Estados Unidos y diplomáticos norteamericanos subiéndose al último helicóptero que abandonaba Saigón.

Simultáneamente, siempre en ese período de la Guerra Fría, se llevaba adelante la confrontación directa con la Unión Soviética en todo lo relativo a las armas nucleares en sus distintas plataformas (terrestres, submarinas, aéreas) y alcances (tácticas y estratégicas); y otra más encubierta en las guerras revolucionarias y contra revolucionarias en África y América Latina; todas en el marco del creciente desarrollo económico de Estados Unidos y Occidente en general respecto a una Unión Soviética que claramente mostraba la inviabilidad del sistema comunista que se hizo del poder en la Rusia de los zares en 1917.

A pesar de los traspiés en Vietnam y en América Latina, la Guerra Fría tuvo un claro ganador: Estados Unidos. Pero a pesar de lo que han dicho muchos historiados de la época, la historia no terminó allí. Luego de la Guerra Fría, comienzan intervenciones de Estados Unidos sin un objetivo claro ni una guerra geopolítica contra un imperio del mal, lo cual generó diversos resultados que, a pesar de una clara supremacía en el campo de batalla, parece haber dejado al país norteamericano en una situación de clara debilidad.

En la Primera Guerra del Golfo, en 1991, Estados Unidos muestra, junto a una gigantesca coalición, una capacidad de movilización de tropas impresionante y una fuerza militar profesional muy diferente a la que había salido de Vietnam. La campaña enfrenta un enemigo convencional, bien pertrechado, pero pésimamente conducido. Esto fue una victoria fulminante de Estados Unidos, pero no se logra el consenso para llevar a cabo un cambio de gobierno en Irak y Saddam Hussein se mantiene al frente del beligerante país.

La Intervención de Somalia en 1993, en el marco de una operación de la ONU, y a pedido del Secretario General de la misma, tropas de Estados Unidos intervienen para asegurar cierto marco de estabilidad en el caos de la guerra civil somalí. En ese ámbito, y mientras las fuerzas estadounidenses tratan de capturar a un jefe de uno de los clanes locales, mueren 18 militares y casi 80 resultan heridos. Ello en un medio no convencional, con fuerzas que se mimetizaban entre la población civil. La reacción de Washington fue retirar sus fuerzas de la misión, lo cual fue un preludio del tipo de guerra que Estados Unidos tendría problemas para ganar en las próximas décadas.

La Invasión de Afganistán en 2001, que duró hasta 2021, fue una guerra contra un enemigo irregular; que se entendió así desde el principio; pero que se vio condenada al fracaso por la tolerancia a Pakistán mientras le daba santuario al Talibán, además del empecinamiento en una política de nation building inviable para una cultura tan atravesada por el islamismo. Somos testigos hoy del desenlace de esta intervención.

La Invasión a Irak en 2003, llamada también como la Segunda Guerra del Golfo, comenzó como una campaña regular de Estados Unidos y aliados, contra el mismo enemigo que operó de una manera más inteligente que en 1991, pero que fue aplastado por la capacidad de combinar maniobra y poder de fuego de Estados Unidos. Posteriormente, la campaña se transformó en operaciones contrainsurgentes y derivó en una guerra civil de diferentes intensidades que se mantiene en buena medida hasta hoy, aunque desde 2011, la invasión se convirtió en otro intento de nation building como el que se intentó y fracasó en Afganistán. Estados Unidos evidenció una capacidad militar abrumadora pero serias limitaciones en la fase contrainsurgente.

Tropas norteamericanas derriban las estatuas del dictador Saddam Hussein.

Pero no se puede hablar de éxito/fracaso sin mencionar a la competencia. Veamos ahora a Rusia. Este país, fue claramente uno de los más victoriosos en la Segunda Guerra Mundial.

La Unión Soviética en mí mirada al menos era una “construcción” con mando absoluto en Moscú, por lo cual usaré la palabra Rusia de aquí en más para referirme a la nación rusa. Desde el fin de la Segunda Guerra, y como Estados Unids, tuvo diferentes intervenciones directas para impedir levantamientos en Europa Oriental o soportando con asesores en Corea y Vietnam.

Sin embargo, guerras con un empañamiento relevante fueron:

La Guerra Fronteriza con China en 1969, donde Rusia demostró mayor capacidad para enfrentar a un enemigo convencional.

Su propia Invasión de Afganistán entre 1979 y 1989, donde Rusia ingresó al territorio afgano con un despliegue militar convencional abrumador, muy basado en blindados y su fuerza aérea táctica. Pero ese poder militar fue completamente inadecuado para enfrentar una fuerza irregular que elude acciones decisivas y no busca retener terrenos. Sus planificadores militares estuvieron 10 años evaluando opciones capaces de imponerse a sus enemigos pero fracasaron y finalmente abandonan el país.

La Guerra en Chechenia y Dagestan, que duró desde 1994 al 2009, contó con operaciones militares rusas que buscaban eliminar fuerzas separatistas, y en ellas se puede notar el estado caótico de las tropas rusas luego de la caída de la URSS y la evolución de las mismas fundamentalmente bajo el período de gobierno de Putin, convirtiéndose en fuerzas más profesionales y sofisticadas.

La Campaña en Georgia 2008 y la ocupación de Crimea de 2014: En ambas situaciones, Rusia enfrenta fuerzas convencionales. Su capacidad de despliegue abruma a lo que pueden oponerle tanto Georgia como Ucrania, y logra sin contratiempos sus objetivos en ambas ocasiones.

Podemos mencionar el a mi juicio muy eficiente empleo de las fuerzas aéreas tácticas rusas en Siria, que permitieron al régimen de Al Bashar sostenerse sobre bases mucho más firmes en su guerra civil, al tiempo que los rusos limitaron su involucramiento en esa guerra sin comprometerse decisivamente.

Veamos el caso de China. Luego de la guerra civil que finaliza con la toma del poder en 1949 de Mao y el partido Comunista, las fuerzas militares chinas intervienen en una guerra regular en Corea, logrando que su aliado Corea del Norte pueda evitar una derrota en manos de Estados Unidos y la ONU. Es de remarcar que las fuerzas chinas mostraran esa capacidad de combate a poco tiempo de haber finalizado su lucha civil y frente a un enemigo muy superior en poder de fuego.

Luego debió enfrentar la Guerra Fronteriza con India 1962, que fue otra de carácter regular en la que China se mostró superior a las fuerzas indias en esta breve confrontación fronteriza, en un terreno complicado.

En la Guerra Fronteriza con Rusia 1969, el Ejército chino no estaba en capacidad de enfrentar a un enemigo como Rusia. La guerra, muy breve, fue de carácter regular y resultó en una devastadora derrota en manos de China.

La Guerra con Vietnam en 1979, cuando China invade Vietnam y es repelida de manera muy eficiente por parte del Ejército vietnamita. Se da una guerra de carácter regular en el marco de un territorio muy poco apto para el empleo de medios blindados. Sin embargo, a través de la política logra instalar un gobierno aliado en Vietnam, y logra unificar el país tras la retirada de Estados Unidos.

Posteriormente a estas guerras, China no ha tenido experiencia de combate reciente.

Voy a dar mí mirada general sobre todo lo que hasta aquí he detallado. Tanto Estados Unidos como Rusia, han evidenciado posteriormente a la Segunda Guerra Mundial capacidades relevantes para llevar adelante guerras de tipo convencional, es decir contra enemigos constituidos por fuerzas regulares. Y la limitación a obtener una victoria ha sido como en el caso coreano, cuando lograrla significaba el riesgo de una confrontación nuclear contra otro actor con similares capacidades en ese campo.

Al mismo tiempo, ambas naciones demostraron su ineptitud para enfrentar las complejidades que la guerra no convencional o bien en un ambiente híbrido, es decir, donde actúan de manera simultánea fuerzas oponentes regulares e irregulares. No es que no hayan desarrollado doctrinas y manuales para ese tipo de guerras, pero en los hechos han fracasado.

¿Y qué podemos decir de China? Como dijo Kissinger, China es una manera de ver el mundo… Tiene una historia de miles de años. Sin embargo desde hace 42 años no desarrolla operaciones militares que le demanden un esfuerzo considerable, y eso es deliberado.

En ese lapso sus Fuerzas Armadas han asistido a una transformación copernicana. Dejaron atrás, muy atrás, el concepto de fuerza de masas, para optar por el de una fuerza más reducida, profesionalizada, con capacidades tecnológicas de primer orden, muy bien adiestradas; pero hasta el momento sin experiencia de combate…

Para ir cerrando y volviendo al título del trabajo. Estados Unidos sigue siendo a mi juicio, la potencia militar capaz de enfrentar cualquier enemigo regular del planeta con chances ciertas de poder salir victorioso de ese choque. El empleo de ese recurso, es una decisión política y la credibilidad de la apelación es de ese ámbito, no del militar. 

Rusia y China poseen fuerzas militares relevantes, y creo que con criterio, buscarán evitar políticas que las pongan en la situación de enfrentar fuerzas irregulares, pues tendrían las mismas dificultades que Washington para atender las demandas de ese tipo de guerras sin apelar a un uso indiscriminado del poder militar.

Las guerras del Siglo XXI, donde la hibridez se haga presente, impondrá severas limitaciones a la obtención de una victoria militar del tipo de las que era observable en la Segunda Guerra Mundial. Comprender esa situación es la tarea primordial de los políticos, de manera de no exigir al instrumento militar cosas que no puede brindar. Gigantesco desafío, que no tiene todavía una salida.


Por Guillermo Lafferriere, para La Derecha Diario.

Estados Unidos

Biden prohíbe el uso de Tornado Cash, la aplicación que permite transferir criptos de manera anónima

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El Tesoro puso a la aplicación en la lista SDN junto a grupos terroristas, el gobierno de Irán y de Corea del Norte y a oligarcas rusos por la “guerra contra la evasión” de Biden.

El lunes pasado, el Tesoro de los Estados Unidos realizó una votación interna luego de que el presidente Joe Biden les pidiera revisar la legalidad de una aplicación conocida como Tornado Cash, que permite realizar transferencias de criptomonedas de manera totalmente anónima entre sus usuarios.

La votación resultó en favor de prohibir su uso en Estados Unidos, y la aplicación fue ingresada a la Lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN), donde comparte lugar con organizaciones terroristas, instituciones iraníes y norcoreanas, y empresas estatales rusas. Una decisión bastante exagerada.

Tornado Cash recibe las criptomonedas que uno quiere transferir y mezcla la cadenas de bloques de manera completamente anónima para evitar cualquier tipo de rastreabilidad, para luego depositarle a la persona que se le quería enviar dinero.

A partir de ahora, cualquier persona que envíe o reciba dinero a través de Tornado Cash podría enfrentar hasta 30 años de prisión, incluso si los fondos en cuestión no provienen de una fuente ilegal, ya que según esta determinación “es imposible saber si son fondos legales o no”.

La decisión es polémica. Por un lado, Tornado Cash es una de las mejores herramientas para proteger el anonimato en línea, y hace imposible que el Estado rastree las transacciones, permitiéndole a la gente esconderse de cualquier tipo de persecución. Por el otro, es ampliamente utilizada por criminales para poder mover dinero sin ser rastreado por la policía.

Este complejo balance entre el derecho a la privacidad y la capacidad del Estado a investigar el crimen es un tema que sin dudas requiere de una atención especial por parte de los legisladores, en Estados Unidos y en todo el mundo, pero prohibir una herramienta financiera de cuajo no es la manera.

Además, la importancia de Tornado Cash crece cuando se tiene en cuenta que en el mundo de la blockchain todas las transacciones son públicas, y se pierde el secreto bancario que existe hoy por ejemplo en las transferencias que uno hace a través de un banco.

Si el Estado quiere mirar qué transacciones una persona hizo a través de su banco, necesita una orden judicial y un resumen de cuentas emitidos por la identidad financiera. En cambio, con las criptomonedas, cualquiera puede rastrear públicamente los ledgers.

En un comunicado, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), una agencia del Departamento del Tesoro, llamó a Tornado Cash “una amenaza significativa para la seguridad nacional” de los Estados Unidos, y alegó que ha sido utilizado repetidamente por piratas informáticos norcoreanos para lavar dinero de múltiples robos millonarios.

Esta declaración es bastante absurda. Cualquier persona puede enviar y recibir cualquier suma de dinero con este crypto mixer, no solamente los grandes carteles. Según un análisis de Chainalysis, solo el 10,5% del dinero transferido en Tornado Cash el último año provino de fondos robados, y un 17,7% de fondos o personas sancionadas.

Esto quiere decir que el otro 71,8% de las transacciones fueron completamente legales. También implica que la Casa Blanca criminalizó a una empresa que anonimiza fondos y violó el derecho a la privacidad de 350 millones de ciudadanos solo por una cantidad menor de transacciones ilegales.

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El reparador de la laptop de Hunter Biden asegura que el FBI lo amenazó para que no publique sus contenidos

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El dueño del taller de reparación que consiguió la computadora con las fotos y videos comprometedores del hijo del presidente fue visitado por el FBI en varias ocasiones para que no publique la información.

John Paul Mac Isaac, el dueño de un taller de reparación de computadoras en Delaware, recibió al hijo del entonces ex vicepresidente Joe Biden, Hunter Biden, una tarde del 14 de abril del 2019. Según describió el encuentro, Hunter estaba “drogado” y balbuceaba que su laptop no andaba porque se le había “caído agua encima” y que la necesitaba “urgentemente” reparada.

Isaac reparó la computadora portátil en menos de una semana, pero Hunter nunca más la pasó a buscar. Un año entero pasó, y en abril del 2020, expiró la garantía que había firmado el hijo del ya candidato a presidente, y la laptop pasó a ser propiedad del taller.

En ese momento, Isaac empezó a revisar sus contenidos ya que tenía intenciones de limpiarle el disco para re-venderla como una computadora usada. Sin embargo, mientras exploraba los archivos encontró fotos de Hunter tomando drogas duras, videos contratando prostitutas y una serie de correos electrónicos que lo comprometían legalmente.

En octubre de ese año, Isaac decidió enviarle una copia de sus contenidos al FBI, y vendió otras copias al abogado de Trump, Rudy Giuliani, y a medios como New York Post, Daily Mail y Breitbart. A partir de ese momento, su vida se convertiría en un infierno.

John Paul Mac Isaac.
La tienda de reparación “Mac Shop”, con un cartel que le dejaron los vecinos: “El pueblo te agradece tu valentía. Sos un patriota”.

Según cuenta en un libro de su autoría que saldrá en noviembre, en diciembre del 2020, los dos agentes del FBI con los que se había contactado para enviarles una copia del disco rígido aparecieron una mañana en su taller, y lo amenazaron para que mantuviera silencio y no hablara con la prensa sobre el contenido de la computadora.

Hasta ese momento, Isaac se había mantenido en el anonimato, pero tras el apriete decidió dar la cara, y apareció por primera vez en Fox News, donde contó que él es ciego pero que le mostró grabaciones a sus allegados y éstos le pudieron confirmar que la persona que le dio la computadora era el propio Hunter Biden.

Resulta alarmante que dos agentes del FBI hayan decidido amenazar a Isaac mientras todavía estaba Donald Trump en el poder, y esto revela una fuerte interna dentro de la policía federal de los Estados Unidos, que mantiene una facción adepta al Partido Demócrata esté quien esté en la Oficina Oval.

Según cuenta en su libro, Isaac no se cayó ante las amenazas y les dijo “oigan, muchachos, recordaré cambiar sus nombres cuando escriba el libro“. Según reseña en el New York Post, Isaac cambió los nombres de los agentes: “El agente Wilson siguió caminando, pero el agente DeMeo se detuvo y se volvió hacia mí para decirme que si hablaba de esto públicamente me mataría”.

Es nuestra experiencia que nunca le pasa nada a la gente que no habla de estas cosas”, le dijo este “agente DeMeo”. Sin embargo, tras hablar con su abogado y familiares, decidió que su vida estaría más a salvo si se exponía públicamente. “Decidí hablar con la prensa y no sucumbir ante las amenazas“.

En otra parte del libro, asegura que luego de la asunción de Biden, en enero del 2021, otros dos agentes lo volvieron a visitar y le dijeron que tenía que entregar el disco rígido original al FBI, que la copia que había enviado no era suficiente. Isaac les dijo que no lo iba a hacer, y cuando les recordó que en el taller hay cámaras, los agentes se fueron.

Tras la situación, sin embargo, Isaac tuvo que cerrar su negocio y, según New York Post, “presentó una demanda multimillonaria por difamación en mayo contra el representante demócrata Adam Schiff y una serie de medios de comunicación, incluidos CNN, Daily Beast y Politico, diciendo que lo acusaron falsamente de vender desinformación rusa”.

Tras el allanamiento a la residencia de Trump en Palm Beach por parte del FBI, su historia ahora adquiere un nuevo significado, y revela la magnitud de la red de corrupción que alcanza a varios agentes de la policía federal, hoy en manos del operador judicial demócrata Merrick Garland.

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Estados Unidos

Trump tuvo la posibilidad de allanar a Hillary Clinton pero decidió priorizar la estabilidad política: Hoy lo persiguen a él

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El 20 de enero del 2017 Trump llegaba a la Casa Blanca y su entrante Fiscal General estaba listo para allanar a Hillary Clinton por la eliminación de correos electrónicos, pero el presidente republicano decidió no hacerlo.

El 9 de octubre del 2016, durante el debate presidencial en Estados Unidos de cara a las elecciones de noviembre, el entonces candidato le dijo en la cara a Hillary Clinton que en caso de ganar designaría un fiscal especial para investigar sus crímenes y que si fuera por él, estaría presa.

En su momento, los medios tradicionales alineados al Partido Demócrata explotaron de furia y tildaron al candidato republicano de fascista y de querer perseguir a su principal rival política. Sin embargo, luego de ganar las elecciones y asumir el poder el 20 de enero del 2017, Trump tuvo en su mano la lapicera con la que iba a firmar la investigación de los Clinton, pero decidió no hacerlo.

El ex presidente designó como Fiscal General a Jeff Sessions, por entonces el senador republicano quien más había denunciado a Hillary Clinton durante su paso por la Secretaría de Estado. Todo estaba listo para que el Departamento de Justicia de Trump ordenara un allanamiento y abriera una investigación en su contra. Pero Trump le puso la correa a Sessions, y le pidió que dedicara sus esfuerzos a otras cosas.

Razones para allanar a la ex Primera Dama no le faltaban. Durante su paso por la Secretaría de Estado, la Cancillería de Estados Unidos, Hillary Clinton estableció un correo electrónico en un servidor externo a la Casa Blanca y lo escondió del Servicio Secreto y de las auditorías federales.

Desde ese correo electrónico coordinó cientos de actos delictivos. Ordenó repartir armas a grupos rebeldes en Libia, ataques con drones, habló con empresarios chinos y rusos, e instruyó espionajes masivos a dirigentes extranjeros.

El servidor no estaba dentro de la red .gov de la Casa Blanca, y fue fácilmente hackeado por ciberataques rusos en reiteradas ocasiones entre 2012 y 2014. En diciembre del 2014, sabiendo que había cometido un crímen, Hillary Clinton eliminó 31.830 e-mails a escondidas y destruyó con ácido las computadoras para que sus discos rígidos sean irrecuperables. Estos mails luego serían publicados por WikiLeaks en 2016, ya que fueron hackeados antes de que los borrara.

Un año después, el Congreso abrió una investigación de Hillary Clinton por sus acciones en la desestabilización de Libia que resultó en el asesinato del embajador estadounidense en Bengazi, y en el Comité de Investigación se le pidió que entregue los correos electrónicos del servidor paralelo, un pedido que no pudo cumplir ya que los había borrado todos.

El FBI abrió una investigación paralela de la ex funcionaria de Obama, y el propio director de la policía federal James Comey compareció ante el Comité y testificó que Hillary cometió una serie de crímenes federales en su accionar, pero no recomendó procesarla ya que “no actuó con intención criminal”, una de los mayores blindajes gubernamentales de la historia.

La testificación de Comey no era vinculante, y la decisión de no denunciar a Hillary Clinton provino de la Fiscal General de Obama, Loretta Lynch, quien unas semanas antes de anunciar que no presentaría cargos contra la ex funcionaria se reunió en privado con el ex presidente y marido de Hillary, Bill Clinton.

Cuando Trump ganó las elecciones, todos esperaban que el republicano instruyera a Jeff Sessions que abriera la investigación que Obama no abrió. Esto hubiera implicado un allanamiento a las propiedades de Hillary Clinton para evitar que destruya evidencia, y cualquier juez se vería obligado a firmar la orden ya que existe el antecedente de la eliminación de los e-mails.

Según han contado funcionarios de la Casa Blanca de Trump, el entonces presidente decidió en los primeros días de su mandato no perseguir a Hillary Clinton, ya que eso traería inestabilidad política y acaparía todas las acciones de su gobierno, imposibilitando que promueva su agenda.

A partir de hoy Estados Unidos empieza a sanar. No vamos a designar un fiscal especial para que persiga a Hillary Clinton desde la Casa Blanca, aunque sí le pedimos a los fiscales federales y al Poder Judicial que haga lo que tiene que hacer con un caso criminal tan evidente“, dijo la portavoz de Trump, Kellyanne Conway, pocos días antes que asuma como presidente.

Esto probó ser un gran error. La Justicia no hizo nada por aplicar la ley contra Hillary Clinton, quien quedó completamente en libertad; y a los demócratas no les importó nada el llamado a estabilidad política.

Ni bien tuvieron oportunidad, colocaron un fiscal especial para que lo investigue a él basándose en la teoría conspirativa que inventó la campaña de los Clinton de que Trump trabajaba para el Kremlin. Después de 3 años de investigación, el fiscal Robert Muller exoneró a Trump, y el presidente republicano se creyó que ahí había terminado todo.

Pero los demócratas recién empezaban. Intentaron hacerle un impeachment por una conversación totalmente benigna con el ahora famoso presidente Volodímir Zelénski, luego montaron un sistema de fraude electoral basado en el voto por correo y hasta le hicieron un segundo impeachment.

Por último, ya afuera del Gobierno, los demócratas ahora cruzaron el Rubicón y ordenaron el allanamiento que Trump se negó a hacerle a Hillary Clinton. Biden instruyó a su Fiscal General, Merrick Garland, que ordenara una redada a la residencia de Trump en Miami sin ningún susteno legal y abrió un capítulo oscuro en la historia norteamericana, tal vez el fin de la República.

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