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Opinión

Ah, pero el patriarcado… El feminismo de cartón que te saca plata para no defender a la mujer

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Maia Ocampo da su opinión sobre el feminismo que impera en Occidente en el siglo XXI, y la decadencia a la que ha caído.

Las sufragistas europeas y americanas se manifestaban para que las mujeres pudiéramos votar y participar de la política. Las africanas vienen combatiendo prácticas aberrantes, como la mutilación genital femenina y la lapidación, hace ya muchísimos años. Ni hablar de las heroínas de Medio Oriente, que vienen sufriendo toda clase de violaciones a sus derechos humanos y deben enfrentarse a terroristas que las asesinan sin piedad. Y ahora, se suman las ucranianas que toman las armas para defender a su Nación de la invasión rusa. Mientras tanto, las supuestas feministas actuales de Occidente se sienten oprimidas por la letra “O”, por la temperatura del aire acondicionado y porque generalmente los hombres pagan en la primera cita. Simplemente decadente.

Si bien es cierto que tenemos problemas reales persistentes, como las violaciones y la violencia doméstica, lo paradójico es que las supuestas feministas están en contra de sancionar severamente a los causantes de los mismos, es decir, los victimarios. Cómo olvidar cuando Ofelia Fernández justificó la liberación de violadores y asesinos “debido a la pandemia”, así como el voto negativo hacia la prisión preventiva para violadores por parte de varias diputadas kirchneristas y de izquierda.

Para ellas la solución está en derrochar millones de pesos en un Ministerio de la Mujer que mira para el otro lado ante atrocidades como la persecución de las embarazadas del monte en Formosa y en llenar las escuelas y las universidades con cursos de género. Medidas que no salvan a las mujeres que denuncian múltiples veces la violencia de sus parejas y que, encima de todo, no son solamente ignoradas, sino utilizadas políticamente tras sus trágicos finales.

Además, no podemos dejar de mencionar el sesgo partidario en todo este relato supuestamente feminista, puesto que existe una doble moral acorde a la ideología política de las personas en cuestión. Por eso, Darthés “es un violador”, pero lo de Alperovich “es más complicado”. Está claro que las mujeres no les interesan en lo más mínimo.

Por otro lado, es inevitable destacar la cantidad de incongruencias de este relato supuestamente feminista, donde se intenta vender la imagen de una mujer fuerte y empoderada, cuando al mismo tiempo se victimiza por absolutamente todo, incluso por situaciones que nos benefician, como que el hombre nos pase a buscar o nos lleve a nuestra casa tras una cita porque eso es “machista”.

Eso sí, después se viven quejando de que “es peligroso ser mujer y caminar sola de noche”. Chicas, ¿en qué quedamos entonces? El nivel de absurdo es tan grande que, tristemente, la causa feminista que sigue siendo extremadamente necesaria en otras partes del mundo, ha perdido prácticamente toda su validez.

Debido a dicha razón, me niego rotundamente a denominar de la misma manera a una mujer que lucha contra una sociedad absolutamente machista y arriesgando su vida por ello, como nuestras heroínas de Medio Oriente, que a una militante de izquierda que orina el Cabildo y rompe monumentos porque utilizamos la letra “o”. No cabe ninguna duda de que llamar a las militantes occidentales “feministas” debería ser considerado como una ofensa a las verdaderas feministas, puesto que ellas no merecen dicha comparación.

Además, no nos dejemos engañar. El único objetivo de todo este movimiento es adoctrinar, especialmente a las más jóvenes, haciéndoles creer que están perteneciendo y defendiendo la causa feminista – aunque no tengan la menor idea de qué se trata la misma, ni cuando comenzó, ni nada acerca de su historia – cuando en realidad, las están convirtiendo en fanáticas – o idiotas útiles – de la ideología de izquierda.

¿Por qué creen que el pañuelo verde por el aborto contiene el símbolo de las Madres de Plaza de Mayo, cuando ambas causas no tienen la más mínima relación? O que dicen que Evita era feminista, mientras en su libro “La razón de mi vida” calificaba a las feministas de aquella época – las sufragistas, las de verdad – como “feas, solteronas, fracasadas y viejas”. Ni hablar de su lucha contra el capital, mientras uno de los fines del feminismo siempre ha sido, justamente, que las mujeres pudiéramos poseer nuestro propio patrimonio, o que, en vez de potenciar nuestra educación, tomen sus escuelas y pierdan varios días de clases. Esto entre tantos otros ejemplos. Y la única razón por la cual todo esto sigue ocurriendo, es debido a nuestro silencio. Hasta que no demos esta batalla cultural, la izquierda seguirá apropiándose y tergiversando al feminismo con el único motivo de adoctrinar, mas jamás de proteger a las mujeres.

Ofenderse por estupideces, emitir reclamos sin sentido constantemente, practicar la sororidad selectiva (porque todo depende del partido político de la persona en cuestión, claro) y culpar de todo a un patriarcado, que en nuestros países occidentales ha dejado de existir hace décadas, no remite al comportamiento de una mujer realmente independiente y que se siente igual a los hombres.

Pedir tratos especiales debido a que somos mujeres, significa admitir que somos inferiores a los hombres, lo cual además de ser una falacia, es una completa contradicción al concepto de la igualdad de género. Las mujeres capaces no necesitamos cupos de género subjetivos, debido a que sólo exigen su aplicación en la política y en la dirección de empresas, pero nunca en profesiones que involucren la guerra, la minería, la construcción y el trabajo de campo, con salarios más bajos. Qué casualidad, ¿no?

Lo mismo ocurre para obtener y defender privilegios que poseemos, como jubilarnos 5 años antes o tener ventajas sobre el hombre en los divorcios y en las batallas legales por las custodias de los hijos. Si queremos igualdad, tengamos igualdad en serio. Es imperativo remarcar que ninguna víctima vale más o menos debido a su sexo, ni ningún victimario es más o menos culpable en relación a los genitales que posea. La cuestión jamás debería ser hombres contra mujeres, sino personas que hacen el bien contra personas que hacen el mal. Esa es la única igualdad que necesitamos.

Ante todo, este movimiento que lo único que provoca es la división de la sociedad, así como infundir el odio entre sus individuos, mientras ciertos sectores políticos se benefician de esta situación, debe ser detenido cuanto antes. No podemos permitir que sigan robándonos nuestro dinero y atacando al sentido común, ignorando a las víctimas reales e incluso discriminando a los hombres y a las mujeres que no formamos parte de este colectivo. A las militantes de esta perjudicial corriente, solamente puedo decirles una cosa: mucho feminismo, pero de cartón.


Por Maia Ocampo, para La Derecha Diario.

Opinión

Libertad es responsabilidad y prohibir la portación de armas agrava el problema de la inseguridad

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El tiroteo en Texas no debe correr el eje de la discusión: cuando un delincuente está a punto de atacarte, tener un arma puede salvarte la vida. La protección de nuestras vidas es un derecho y no debe seguir postergándose.

El debate sobre la portación de armas volvió a estar en el centro de la escena después de que un asesino perpetrara un tiroteo en una escuela en Texas, donde murieron 19 estudiantes y dos maestros. Se trata de un debate que, a esta altura, pareciera no tener asidero en la realidad argentina: continuar con la tradicional regulación prohibicionista en un país con una de las tasas de homicidios más altas del mundo es seguir golpeándonos la cabeza contra la pared

Como ex soldado de las Fuerzas Especiales de Israel y actual habitante de los Estados Unidos, tengo armas, las usé y volvería a hacerlo. Cuando un delincuente armado está a segundos de atacarte y la policía está a minutos de llegar, tener un arma puede salvarte la vida. La cuestión de fondo no es “armas sí – armas no”, sino cómo regular su tenencia para que sea utilizada de manera correcta para la defensa personal. Una discusión que, en un país con ciudades como Rosario, donde según el Observatorio de Seguridad Pública de Santa Fe se comete un crimen cada 30 horas, no puede seguir postergándose.

La protección y la defensa no solo de nuestras vidas, sino también de nuestra propiedad material, es un derecho primario. Es por este motivo que prohibir su portación va en contra de las libertades individuales: cada ciudadano debe ser capaz de poder elegir qué derechos ejerce libremente, sin ser juzgado por ello. De esta manera, se le quitaría poder relativo al Estado, que es el que tiene el monopolio de la violencia y no sabe cómo ejercerla porque, lo dicho, los índices de homicidios en la Argentina no paran de crecer.

Por supuesto, libertad es responsabilidad y la tenencia de armas se debe hacer bajo un modo reglamentado y bien administrado, ya que asesinos como el que cometió el repudiable y lamentable crimen en Texas hay en todo el mundo. Pero esto no debe correr el eje de la discusión: prohibir la portación de armas no implica que haya menos en circulación y que no se cometan los asesinatos. La prohibición no termina con el problema; por el contrario, lo agrava.

Some Texas gun groups oppose a state-funded safety campaign. Not the NRA. |  The Texas Tribune
Rifles en exhibición en McBride’s Gun Inc. en Austin, Texas.

La gran mayoría de los crímenes con armas de fuego son cometidos por armas que fueron adquiridas en el circuito ilegal. Con esto quiero decir que con leyes de control de armas o sin ellas, los criminales seguirán estando armados y seguirán cometiendo los crímenes. Solo que con la reglamentación actual los ciudadanos de bien, pacíficos y trabajadores están completamente indefensos ante los asesinos, sin posibilidad siquiera de disuadirlos.

A esto hay que sumarle dos factores extra. Por un lado, la Justicia ineficiente de la Argentina que no condena a los que tiene que condenar y deja libres a los que no hacen un uso correcto de las armas. Por el otro, las fuerzas de seguridad que, a pesar de las buenas intenciones que puedan tener, suelen llegar tarde muy tarde ante hechos de inseguridad

Hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes demuestra una falta de sensatez enorme. Sin ir más lejos, tomemos el ejemplo de Uruguay con la marihuana: al analizar cuánto dinero y recursos públicos se destinaron a la penalización y represión del consumo de la droga se dieron cuenta de que lo mejor era legalizarla. Fueron pioneros en la región con el objetivo de terminar con el mercado negro y mejorar la salud de la población. La guerra contra las drogas y la represión demostró que, lejos de resolver el problema, solo generaba uno nuevo porque aumentaba la violencia y no cesaba la producción, el tráfico ni el consumo. Con las armas sucede exactamente lo mismo

En este contexto, no debemos restarle importancia a lo que ha representado la tenencia de armas para la historia democrática de los Estados Unidos. La Primera Enmienda dejó en claro la importancia de la libertad de expresión en el país, mientras que la Segunda Enmienda decretó la protección de la tenencia de armas como un derecho fundamental. Este factor brinda la posibilidad al pueblo de defenderse en caso de que un Gobierno no respete lo que dicta la Constitución.

Puede el lector, a partir de este análisis, comprender por qué los grandes regímenes totalitarios que tuvieron lugar a lo largo de la Historia (Fidel Castro, Mao Tse Tung, Adolf Hitler, Benito Mussolini) ni bien llegaron al poder se encargaron de desarmar al pueblo. Estados Unidos es la democracia más larga del mundo, nunca tuvo un golpe de Estado, porque el ejército más grande del mundo es el Gobierno de los Estados Unidos, y el segundo ejército más grande del mundo son los norteamericanos. El pueblo estadounidense tiene más armas que todos los otros ejércitos del mundo, entonces es inconquistable, y siempre será independiente.

Dicho sea de paso, cada Estado tiene su propia reglamentación y Washington D.C., el distrito con regulaciones más estrictas, es casualmente el que detenta la tasa de homicidios relacionados con armas de fuego más alta del país, según un estudio del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de 2019.

Por su parte, Israel, país donde aprendí a usar un arma de manera responsable, hace pocos años relajó sus leyes de control de armas, lo que permitió que hasta 500.000 ciudadanos posean una, con la esperanza de que una población mejor armada pudiera defenderse mejor de los ataques terroristas. El camino que debemos seguir los argentinos para defendernos de los ataques de la inseguridad.

El ciudadano de bien puede portar armas y no comete delitos, pero a un delincuente que comete crímenes mucho más graves que una tenencia ilegal de armas, como robo y asesinato, no le importa que le digan que no puede usar un arma. Va a matar igual. Por lo tanto, lo único que permite la prohibición es que el hombre que quiere usar el arma exclusivamente para defenderse no pueda tener una herramienta legítima para hacerlo.

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Argentina

La competencia desleal del Estado ha dejado a la Argentina sin crédito para el sector privado

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La falta de crédito para el sector privado es uno de los principales problemas que le ponen un tope al crecimiento económico del país. Por cada $10 en el sistema bancario, $9 están colocados en el Estado.

Uno de los principales señalados por parte del establishment político a la hora de intentar perpetuar el sistema en el que el país está sumergido, es el sistema financiero nacional e internacional.

Dentro de las numerosas críticas que sectores principalmente de izquierda hacen de la banca, una de las cosas que destaca es la virtual inexistencia de créditos por parte del sistema financiero a familias y sobre todo a empresas PyMEs.

En este planteo se construye uno de los tantos enemigos que el relato necesita para distraer de las deficiencias propias y se lo encarna en un defectuoso accionar del sistema financiero nacional.

En este relato construido no solo por el gobierno nacional, sino también gran parte de la oposición, se presenta a las sociedades de bolsa y sobre todo a los bancos como empresas altamente especulativas que lucran con el sufrimiento de la sociedad al limitar el crédito de forma consciente.

En esta línea de pensamiento, la falta de crédito al sector privado, algo que impide el desarrollo de las empresas privadas o la adquisición de bienes durables por parte de las familias, es sólo la contracara de una estrategia de mercado altamente beneficiosa para este grupo de empresas que obtienen ganancias extraordinarias con el perjuicio del resto de la sociedad.

No es entonces raro que algunos discursos de los partidos de extrema izquierda propongan la nacionalización de la banca con el objetivo de poner fin a este comportamiento supuestamente prebendario e inescrupuloso. Lo cierto que es que, nuevamente y a pesar de los esfuerzos de estos sectores gobernantes por aparentar lo opuesto, la realidad dista mucho de ser como ellos la pintan.

Cuando analizamos el caso del crédito en nuestro país, podemos ver en primer lugar que las tasas de ahorro bruto sobre PBI supera el de países como Brasil y que la diferencia con otros como Estados Unidos es muy baja. Mientras que el promedio de inversión bruta nacional desde 1990 hasta el 2020, según datos del BM, fue del 16,30%, el caso brasileño y norteamericano registra cifras de 16,15% y 18,57%.

En principio estos números nos hablan de que la causa de tan marcado desenvolvimiento entre el mercado de crédito local y el de estos dos países no estriba en la falta de ahorro por parte de la sociedad argentina.

Si bien es cierto que el ahorrista argentino, producto de una constante malversación de la moneda nacional por parte del BCRA, tiene parte de su capital colocado en moneda extranjera fuera del sistema bancario, nuevamente cuando comparamos los ratios de crédito en función de depósitos desde el año 2010, vemos que en la gran mayoría del período los primeros no llegaron a representar más de un 60% de los segundos. Esto quiere decir que existe un segundo jugador que acapara el ahorro nacional.

Stock de depósitos y crédito privado en millones de pesos corrientes.

Si analizamos en profundidad, es lógico concluir que para un banco comercial, el riesgo de colocar el ahorro de los depositantes en encajes remunerados del BCRA o prestar el dinero en Letras de corto plazo como LECER o LEDES es una decisión de construcción de cartera más eficiente y rentable que colocar ese dinero en préstamos a tasa activa a un sector privado extremadamente golpeado por las medidas regulatorias y fiscales que el propio gobierno toma.

Esta competencia desleal, entre un sector público fuertemente necesitado de financiamiento y dispuesto a pagar altas tasas a plazos relativamente cortos y con condiciones beneficiosas para los acreedores, afecta sin dudas a la posibilidad de conseguir financiación del sector privado. Hoy en día por cada $10 que se encuentran depositados en el sistema bancario argentino, $9 están colocados en instrumentos de deuda emitidos por el Estado Nacional o el BCRA.

Ahora bien, esta necesidad de financiación desmedida por parte del sector público lleva a una competencia en la que el Estado genera un aumento de la tasa de interés a bajo riesgo para acaparar los excedentes del sistema financiero.

En ese proceso de crowding out la imposibilidad de competir por parte de las empresas y familias que componen el sector privado con las condiciones que impone el sector público, lleva a una virtual inexistencia del crédito privado en un país en el que el crecimiento económico se encuentra estancado desde hace más de 10 años.

Este mecanismo perjudicial, es el que termina no solo explicando la falta de crédito al sector privado, sino también la virtual imposibilidad de las empresas de poder financiar un crecimiento de producción a partir de canalizar parte del ahorro nacional.

Con lo cual, podemos ver que no es la falta de ahorro la que limita la inversión, sino la competencia que ejerce el sector público para financiar los crecientes déficits fiscales, los que terminan absorbiendo ese ahorro al ofrecer mejores condiciones crediticias al capital.


Por Ignacio Zorzoli, para La Derecha Diario.

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Opinión

La Libertad Avanza y el fenómeno Milei: ¿Populismo de derecha o derecha popular?

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El explosivo crecimiento de Javier Milei en las encuestas llevó a muchos periodistas y políticos a llamarlo despectivamente como un “populista de derecha”, pero ¿qué verdaderamente representa el diputado libertario?

Mucho se está hablando de un ascenso inminente de un populismo de derecha liderado por Javier Milei. Sin ir más lejos, la ex-gobernadora de la Provincia de Buenos Aires y actual Diputada Nacional por CABA, María Eugenia Vidal, no se cansa de repetirlo cada vez que aparece en los medios masivos de comunicación.

El problema aparece cuando se pide una definición de populismo, aunque sea chapucera. Ahí todos los iluminados que vienen a explicarnos cuántos pares son tres botas -desde algún canal de televisión- hacen agua. Hay sólo dos opciones: o no saben, o no quieren responder.

¿Qué es y qué no es el populismo?

Intentemos desenredar este asunto: ¿Qué hace que Gerardo Morales o Martín Lousteau se encuentren en el mismo espacio político que Ricardo Lopez Murphy o Patricia Bullrich? ¿Alcanza sólo con las expectativas de poder?

Todos sabemos que en política no siempre 1+1 es igual a 2, porque sumar a dos distintos muchas veces puede hacer que el votante no se quede ni con uno ni con el otro cuando éstos están juntos. Lo que logra el populismo es encontrar en el discurso, a través de significantes vacíos, un factor unificante para lograr la hegemonía con el fin de que un único líder sea quien llegue al poder. El verdadero líder populista es el que logra venderle a los distintos sectores que puede representarlos a todos.

Ahora bien, esta hegemonía necesita un enemigo común. Necesita confrontar con alguien (persona o grupo) a nivel discursivo que será la anti-identidad.

El populismo no es un conjunto de medidas económicas aunque haya ciertas características comunes. El populismo no sólo es una estrategia electoral. El populismo, bajo ningún concepto, es un sinónimo de popular. Es mucho más.

Es olvidarse de que la política es praxis y que la realidad manda. Es cambiar la realidad por un relato. El populismo, en resumidas cuentas, no cree en la política de las cosas, cree sólo en sí mismo porque iguala política a discurso y discurso a poder.

El discurso utiliza los significantes vacíos que son estos elementos del lenguaje que tienen potencialmente distintas interpretaciones a nivel cultural. Ejemplos sobran: Patria, dictadura, felicidad, democracia, autoridad, justicia, incluso libertad o república.

Acá hay una diferencia fundamental con un líder popular ya que éste une a los similares en un proyecto político común. En la esencia del populismo está aglutinar gente que no tiene nada que ver ideológicamente entre sí. Es decir, encontraremos un peronista del interior muy tradicional y conservador unido a un cuarentón porteño progre de La Cámpora unidos bajo el significante vacío de la “Soberanía Nacional”. Ninguno piensa lo mismo de la Soberanía Nacional, es más, probablemente piensen cosas absolutamente diferentes.

Estos referentes que intentan instalar la grieta entre “populistas” y “antipopulistas” dicen defender la República o los valores republicanos. También se encuentran todos en la misma coalición aunque piensen y actúen de manera diametralmente opuesta en cosas fundamentales. No los une nada fuera del discurso de “La República”. Piensan distinto en temas que dividen aguas: impuestos, tamaño y naturaleza del Estado, aborto, drogas, justicia, planes sociales y un larguísimo rosario de etcéteras.

La clave del líder populista es no definir, porque al dejar ese lugar vacío en el discurso, cada grupo puede completar con sus propias ideas. Según Laclau, quien es indiscutidamente padre y mentor intelectual del populismo, en ese espacio vacío es donde existe la política. Es lo que daría lugar a la acción.

El ocaso populista

Ahora bien: ¿Cuándo hay problemas en los populismos? En primer lugar, cuando el discurso empieza a quedar cada vez más corto respecto a los problemas reales. Cuando ese pueblo que votó realidades, recibe palabras. El enojo crece. La vida se vuelve peor. No hay soluciones, sólo queda relato. En segundo lugar, cuando el líder es forzado a tener que definir cosas y, por lo tanto, muchos de los que se sentían representados, ahora se sienten huérfanos.

Por eso el populismo socialdemócrata de Cambiemos está aterrado con el enojo popular mientras deglute amargamente la foto de Macri con Trump.

El problema principal es que el discurso ya no alcanza. Los ciudadanos estamos enojados, angustiados, frustrados con ambos lados de la grieta, que ellos mismos crearon porque la necesitan para reafirmarse como dignos populismos. Necesitamos más que palabras. Nos cansamos de que ataquen nuestros valores, que promuevan cosas que no nos interesan, que nos impongan su agenda progresista, que vengan a explicarnos el mundo con palabras lindas y políticas públicas nórdicas pero rompan todo lo que amamos a su paso.

Ellos, que tienen títulos y cargos larguísimos, no pueden comprender que una gran mayoría verdaderamente nacional y genuinamente popular no les crea, no los quiera y no los escuche.

Sin más preámbulo, esto que late y se empieza a explicitar en distintas encuestas, en videos virales y en las conversaciones hogareñas, es la derecha popular. Javier Milei ha logrado, nada más y nada menos, que sacarla del clóset. Ha logrado darle voz a millones de argentinos que soportaron que la política gobierne de espaldas al pueblo.

Una mirada simplista dirá que es sólo por la política económica, pero la mirada atenta verá que muchos ciudadanos venimos acumulando otros dolores: promoción del aborto, promoción de las adicciones, lenguaje inclusivo, adoctrinamiento infantil, políticas de género, des-educación pública, bastardeo a los símbolos patrios, entre muchas otras banderas elitistas que nada tienen que ver con el sentir y vivir de la gran mayoría de los argentinos.

Fundamentalmente lo que no se tolera más es la arrogancia de los gobernantes que han hecho del Estado un monstruo que oprime directa o burocráticamente a cada persona y a cada familia. Ya no hablamos de un “Estado presente” sino de un Estado omnipresente, enajenante, persecutorio y sobreideologizado. Esto explica cabalmente, entre otras cosas, este resurgir del conservadurismo o derecha popular que seguirá en alza.

La “casta” verdaderamente tiene miedo: sembró vientos y está cosechando tempestades. Las élites ilustradas rechazan profundamente que el pueblo, que fue despojado de la dignidad del trabajo y de sus propios valores, encuentre hoy una representación política que diga y piense como ellos: La derecha popular encarnada en la figura de Javier Milei.

Hoy no se está alzando un populismo de derecha. Estamos siendo espectadores de cómo dos populismos progresistas, Cambiemos y el kirchnerismo, se disputan los jirones de nuestra golpeada y empobrecida Argentina. Por eso necesitan salir a calificarnos de “algo”. Confundiendo popular con populista, creen que lograrán fabricar un miedo que la sociedad ya no tiene.

El resurgir del conservadurismo popular bajo el paraguas de “Las ideas de la libertad” es una expresión genuina y latente de los valores culturales que otrora hicieron grande a nuestra Nación y, quizás, estemos muy cerca de ver el país pujante, ingenioso, emprendedor y arraigado que supimos ser. ¿Haremos Argentina grande otra vez? No lo sabemos todavía, pero depende de nosotros.

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