Conecte con nosotros

Opinión

Cambio Climático: el peligro de la reducción súbita de emisiones

Publicado

en

#Opinión Los fenómenos extremos adjudicados al cambio climático desde el inicio de la cuarentena pueden haber sido paradójicamente por la reducción súbita de emisiones.

Hemos visto diferentes fenómenos climatológicos extremos en el último año. En el sur de nuestro país hubo nevadas atípicamente abundantes durante el invierno del 2020, mientras que el invierno de este año fue notablemente seco, sin precipitaciones de nieve y con la mayor bajante del Río Paraná en 77 años.

Pero estos fenómenos no se limitan a nuestro país, dado que durante julio del 2021 se registraron lluvias atípicas en Europa y en Asia, y olas de calor extremo en algunas zonas del oeste de Estados Unidos y en Grecia, que resultaron en graves incendios forestales. Políticos y formadores de opinión se apresuran a vincular estos fenómenos al cambio climático. Sin embargo es posible que estos fenómenos no sean lo que parecen.

Las temperaturas medias del planeta han estado aumentando en forma paulatina desde el 1900 a razón de aproximadamente 1 grado cada 70 años. Si bien todavía es motivo de debate, es ampliamente aceptado en la opinión pública y en el ámbito científico que esta evolución de la temperatura global se debe aunque sea en forma parcial a la actividad humana, y en particular a la generación de grandes volúmenes de contaminantes.

Hoy en día a este lento aumento de temperatura, junto con otros fenómenos atmosféricos y terrestres complejos, se los engloba en el concepto de “Calentamiento Global” o “Cambio Climático”. Existe un fuerte impulso en Occidente para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y aerosoles, consideradas la principal causa de calentamiento global generada por el hombre. Se considera que uno de los resultados del calentamiento global es el incremento de fenómenos meteorológicos extremos.

Es probable que sea por esto que, ante la variedad de fenómenos extremos que hemos visto durante este año, que causaron pérdidas de vidas y cuantiosos daños materiales, muchos políticos y formadores de opinión se apuraron a vincular estos fenómenos con el cambio climático y a llamar a tomar medidas drásticas de reducción de las emisiones. Sin embargo, existen muchos indicios de que la relación entre el cambio climático y los desastres climáticos del 2020 y 2021 no es tal.

Al comienzo de la pandemia del SARS-CoV-2 se probaron restricciones estrictas a la circulación y en general a toda actividad humana. El primer lugar en implementar restricciones fue naturalmente en China, donde se originaron los primeros contagios, pero la ola de restricciones continuó alrededor del mundo.

Como resultado de estas restricciones se redujo drásticamente, y de la noche a la mañana, la emisión de aerosoles (partículas que se mantienen en suspensión en el aire) y de gases de efecto invernadero.

Según la Administración de Información de Energía de los Estados Unidos en abril del año 2020 el consumo mundial de petróleo líquido cayó un 20%, promediando un 9% en todo el año 2020. Esto dio lugar a imágenes que recorrieron el mundo de cielos azules y aguas trasparentes. Por primera vez en más de 50 años se podía ver el Himalaya desde el norte de la India.

Sin embargo, eso es solo una parte de la historia. En artículos científicos recientes se ha estudiado la relación entre la reducción de la contaminación y otros fenómenos climáticos tales como el aumento de 20% en la concentración de aerosoles que se dio en Beijing, el aumento de la humedad ambiente y de la nubosidad en Corea del Sur, y un cambio en la dinámica del Monzón del Verano Indio, causando un aumento de precipitaciones en el sur de dicho país.

Por otro lado en ciudades de Asia y Europa se pudo observar un aumento de otro contaminante a nivel suelo: el ozono. Aparentemente la cantidad de ozono es regulada normalmente por óxidos de nitrógeno, un contaminante producto de la combustión en motores de automóviles. Al reducir la circulación de automóviles aumentó desproporcionadamente la cantidad de ozono.

Estos datos nos muestran claramente la complejidad del impacto sobre la atmósfera de los cambios que introdujo la caída de emisiones, si bien es todavía difícil para el mundo científico estimar la profundidad de estos efectos sobre el clima.

Es indudable la necesidad de conservar nuestro medioambiente saludable y de tomar medidas para reducir las emisiones a la atmósfera. Pero mientras que el Cambio Climático es un fenómeno lento y lamentablemente sostenido, la reducción de emisiones a causa de las restricciones a la circulación produjo un verdadero sacudón al sistema climático mundial.

En ese contexto, no se puede descartar que los fenómenos climáticos extremos que estamos observando desde el 2020 sean, aunque sea parcialmente, el resultado paradójico de reducir las emisiones en forma súbita, y al mismo tiempo un llamado de atención sobre la influencia de la actividad humana en el clima de nuestro planeta.


 Por Nicolás Silin, Ph.D. en Ingeniería y analista en mentorpublico.com

Opinión

Elecciones 2021: ¿Por qué Milei?

Publicado

en

#Opinión Diego Barceló Larran, economista, cofundador del Club de los Viernes España y reconocido autor hace un análisis crítico de las elecciones de medio término en Argentina.

Aunque en el habla popular se usan expresiones como “esto va a reventar”, “estallar”, “explotar” o similares, la verdad es que ni los países ni las economías “revientan”, “estallan” o “explotan”. Simplemente, decaen. Y son sus ciudadanos quienes experimentan la decadencia

Desde la batalla de Pavón (1861) hasta el golpe de Estado fascista de 1930, la historia argentina fue la historia de un éxito. Donde había malones, empezó a haber inmigrantes laboriosos. Donde había caminos de tierra, empezó a haber vías férreas. Donde había analfabetismo, llegaron las escuelas.

Argentina fue capaz de absorber millones de inmigrantes europeos sin que hubiera desempleo ni conflicto social, gracias a algo que hoy parece imposible: una economía libre, abierta al mundo, sin un banco central y con cuentas públicas en orden. Un país sin “Estado presente” ni “justicia social” (entiéndase la ironía), pero con trabajo para todos, sin inflación, con impuestos razonables, sin “ñoquis” y respeto internacional.

No fue un milagro. Fue el éxito lógico de poner en práctica las ideas liberales de la Constitución de 1853. Éxito que esas mismas ideas consiguieron antes (el caso de EE.UU.) y después (por ejemplo, la reconstrucción alemana de posguerra). Éxito que se repetirá en nuestro país el día que la gente vote a dirigentes dispuestos a implementarlas otra vez.

En las próximas PASO, en la Ciudad de Buenos Aires, se puede elegir entre alguna de las variantes más o menos “línea dura, o más o menos “línea blanda, del intervencionismo estatista que nos trajo hasta aquí. Se puede volver a dar una oportunidad a gente que, por uno u otro motivo, ya fracasó. Se puede votar como un “loco”, cuya definición en una elección sería votar las mismas ideas esperando que den un resultado diferente. O se puede votar a Javier Milei.

Milei es el primer candidato en no sé cuántos años que defiende de manera explícita (¡y a los gritos!) las ideas de la libertad. Además de defender las únicas ideas que hicieron de la Argentina un país próspero, su candidatura tiene un mensaje: le dice a la casta política que ya no son los “dueños de la pelota”.

Milei encabeza una alternativa surgida desde fuera de esa casta. Nosotros tenemos la posibilidad de apoyarla, para que se fortalezca, o hacerla irrelevante. La posición intransigente de Milei (“vos no podés negociar con el zurdo; no se negocia porque te van a llevar puesto”) no es soberbia ni antidemocrática: es la forma lógica de mostrar que su candidatura expresa un quiebre con las ideas y las formas de la vieja política

Para votar a Milei no hace falta compartir el 100% de sus ideas. Basta querer castigar la ineptitud. Basta compartir la idea de que el gobierno, sus gastos, sus impuestos y su intervención han ido demasiado lejos. Basta querer demostrarles a los políticos de toda la vida que no somos corderos ni rehenes. 

Dicen que la candidatura de Milei fragmenta la oposición. Pero no es Milei quien la fragmenta. Toda unidad que no esté basada en grandes ideas comunes es una estafa. Margaret Thatcher definió el consenso como “el proceso por el que se abandonan todos los principios en busca de algo en lo que nadie cree, pero a lo que nadie se opone; el proceso de esquivar los problemas que deben resolverse porque no se puede alcanzar un acuerdo sobre el camino por seguir”.

Ese “consenso” opositor es lo que está detrás de la decepción por el gobierno no peronista que no cumplió las expectativas. Esa decepción es la que abre el espacio para que exista un Milei. Aunque no esté reconocido de manera explícita, existe el derecho a aceptar la decadencia.

En Argentina se viene ejerciendo con profusión desde hace demasiado tiempo. Ahora tenemos la oportunidad de protestar contra nuestra decadencia de la forma más útil en democracia: votando en positivo. En lugar de quedarnos en la pataleta del “que se vayan todos” (aunque después se quedaron), elegir con nuestro voto al sustituto de los fracasados: Javier Milei.


Por Diego Barceló Larran, para La Derecha Diario.

Seguir Leyendo

Opinión

El regreso del Talibán: Los paralelismos de Afganistán con la caída de Saigón

Publicado

en

#Opinión Afganistán está al borde de caer en el control de los terroristas talibanes, y mientras Estados Unidos se retira de la capital Kabul las similitudes con la caída de Vietnam del Sur se viralizan.

Afganistán luce como que todo se está degradando rápidamente ahí. Basta mirar las cadenas internacionales. Algunos y con razón recuerdan la caída de Saigón, capital de la Vietnam del Sur; pero me parece que ese espejo puede devolvernos una imagen alejada del contexto estratégico actual.

Este artículo se centra en una comparación entre ambos hechos, buscando aportar algo de claridad sobre un hecho enorme que ocurre ante nuestros ojos.

Empecemos por las similitudes:

  • Larga permanencia de fuerzas de EE.UU. y aliados en el territorio. Esto de por si indica imposibilidad de encontrar una salida política eficiente a la situación.
  • Intentos de controlar fuerzas insurgentes en todo el terreno. Grave error que se repitió en ambos casos. Este tipo de insurgencias requieren aproximaciones mucho más limitadas en su inicio.
  • Un gobierno central en Saigón y en Kabul poco o nada obedecido en el interior. Esto contribuyó mucho a la falta de capilarización de las decisiones y ciertamente enormes descoordinaciones.
  • Liderazgos políticos en Saigón y Kabul entre ineptos y escandalosamente corruptos.
  • Procesos para generar fuerzas locales en condiciones de combatir por sí mismas. En ambos casos se invirtieron fortunas y mucho desgaste en el intento de generar fuerzas eficientes allí donde sus gobiernos locales lucían ineptos y corruptos, pero los resultados fueron pésimas y nunca pudieron sobrevivir sin el apoyo directo de las Fuerzas Armadas norteamericanas.
  • Hastío político en EE.UU. por la falta de resultados. Ninguna democracia puede pasar años combatiendo sin que los ciudadanos presionen a la política por un fin de las acciones.
  • Resiliencia de la insurgencia para mantenerse operativa. Esto ha sido producto de errores en la concepción de la conducción de la guerra.

Vamos a las diferencias, lo más importante:

  • En Vietnam la insurgencia contaba con un ejército regular, el de Vietnam del Norte que es el que luego se hace del control del país. Recordemos que en Indochina, Vietnam del Norte mantenía tanto un ejército regular como otro de tipo irregular. En Afganistán el Talibán se mantuvo como fuerza irregular siempre.
  • En Afganistán, el Talibán es una fuerza irregular, con liderazgos varios, múltiples facciones y a definirse luego si logran hacerse del poder. Esto es muy importante. De hacerse con el poder, claramente veremos una lucha interna por el poder talibán. Eso ya ocurrió a principios de los 90.
  • La caída de Saigón significó una derrota para EE.UU. pero no una amenaza para la región, excepto quizás potenciando a China. Afganistán inmerso en una lucha entre el gobierno de Kabul con los talibanes y posiblemente luego una nueva entre ellos, será el lugar ideal para servir de santuario a cuanto grupo radicalizado islámico exista. Especialmente Al Qaeda, aunque hay decenas de otros grupos terroristas operando en Asia.
  • China y Rusia son potencias que pueden verse afectadas seriamente por una Afganistán talibanizada. Esto por lo que mencionamos antes. Las dos naciones tienen problemas con los terroristas islámicos y están muy cerca de Afganistán. El problema descansaba en EE.UU. y sus aliados, ahora les cae a ellos.
  • Hay dos actores de los que poco se habla, India y Pakistán. La enemistad entre ambas naciones se ha extendido a Afganistán desde hace décadas. Islamabad, capital pakistaní, se ha servido del Talibán desde sus inicios para influir en Afganistán y Delhi ha operado encubiertamente contra ellos. Esto no cambiará, y posiblemente aumente la acción encubierta de ambos allí.
  • No creo que salir de Afganistán signifique que EE.UU. deje de ser la potencia relevante global. Pero si es una muestra que todavía no se han comprendido acabadamente las características de un escenario híbrido de guerra y que las hipótesis que enfrenta a futuro son bien distintas y hacia ellas está encaminándose.

A futuro para Afganistán no descarto un escenario de mucha acción encubierta de distintas naciones, operaciones aéreas (abiertas y encubiertas) y enorme presión sobre Islamabad para que termine su apoyo al Talibán.

Esto mientras Beijing ha alcanzado una suerte de acuerdo con el Talibán para que puedan los chinos desarrollar su ruta de la seda por el territorio afgano. Apuesta inmensa la de China, frente a un actor como el Talibán que se muestra muy poco adepto a mantener acuerdos y que su mirada del mundo responde a conceptos medievales, alejados de nuestra comprensión.


Por Guillermo Lafferriere, para La Derecha Diario.

Seguir Leyendo

Opinión

Lacalle Pou: La incapacidad de hacer reformas y el eterno estancamiento del pequeño país

Publicado

en

#Opinión Nuevamente el Partido Nacional es traicionado por el Partido Colorado y bajo la eterna excusa del costo político los que vinieron a propinar un cambio se quedan en la comodidad de no pelear contra el establishment.

Durante al menos los últimos 5 años, los personajes de los partidos de la oposición, Partido Nacional y Partido Colorado, gritaron a viva voz frente al despilfarro y las perdidas de las empresas públicas. Aprovecharon incluso los graves errores políticos y económicos de la administración de Mujica, sobre todo referente a las inversiones que la empresa ANCAP (Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland), para forzar la renuncia en 2017 del vicepresidente de la República, antiguo titular de dicha empresa.

El negocio que más tuvo en el ojo de la tormenta, fue el denominado Gas Sayago. Según Mujica y su séquito era una inversión para venderle gas a la República Argentina, algo que anunciaron con bombos y platillos en una fiesta donde estuvo presente la entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner.

No hace falta aclarar que el negocio no solo que jamás se completó, si no que sus inversiones iniciales resultaron totalmente ruinosas, dejando grandes juicios por parte de privados estafados hacia el Estado de Uruguay. 

Luego de la renuncia de Raúl Fernando Sendic como Vicepresidente, que también había dicho poseer un título de carácter terciario cursado en Cuba del cual carecía completamente, el foco de la tormenta pasó al tema que la oposición política denominó “tarifazos. Los tarifazos no eran nada más que aumento de precios por sobre los costos y rentabilidad de la empresa para recaudar a arcas generales. Vamos, lo que serían impuestos encubiertos.  

Este obviamente fue un reclamo igual de justo que el anterior, y le sirvió políticamente para llevar mucha agua rentable para su molino de cara a las próximas elecciones. En el pequeño país, los servicios de gas, petróleo, agua, y electricidad son monopolios del Estado, con una fuerte regulación y monopolios legales (aunque supuestamente privados) en la distribución y venta de los mismos.

El actual presidente, Luis Lacalle Pou, se comprometió arduamente a arremeter contra esa suba indiscriminada de tarifas durante la campaña. Incluso prometió llevar a cabo un proyecto de desmonopolización de combustibles. Los sectores productivos rurales obviamente lo apoyaron desde un primer momento. Era una propuesta buena para agilizar la producción gracias a la reducción de costos.

Por supuesto no era tan buena como la Ley de Empresas Públicas de su padre, Luis Alberto Lacalle, que suponía la completa privatización de este sector. Ley que desgraciadamente no prosperó por boicot del Partido Colorado

Es importante mencionar esta ley que no prosperó, porque la desmonopolización que prometió Lacalle Pou fracasó por la mismo causa. Partidos políticos aliados del gobierno que cuando llegó el momento de la verdad dejaron de apoyar. Esta vez, de vuelta el histórico Partido Colorado y se le sumó el recién formado Cabildo Abierto.

El Partido Colorado, había hecho lo mismo con el padre de Lacalle, y fue la misma persona que truncó ambas reformas estructurales. Me estoy refiriendo al hueso viejo de la política uruguaya, el señor Julio María Sanguinetti. Que se define como supuesto liberal, mientras defiende entes públicos monopólicos que dan perdidas, y siempre repite que el Uruguay no va a cambiar mucho  gobierne quién gobierne

Por otro lado, Cabildo Abierto, partido conformado por el ex Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Guido Manini Ríos, que se perfilaba a ser un sucesor de la mano dura del pachequismo del Partido Colorado (sector que sí apoyaba la privatización de todas las empresas públicas) tuvo un desvío ideológico más inoportuno luego de obtener una honorable tercera plaza en las elecciones.

Su discurso y su accionar viró 180 grados hacía un proto-peronismo, haciendo una burda comparación con el país vecino, Argentina. Se hizo fiel defensor de las empresas públicas deficitarias, del aumento de impuestos, de las trabas productivas y el proteccionismo, incluso de los controles de precios y el aumento de los planes sociales. Hablando del señor Manini, estaría acertado quebrar una lanza por aquellos que advirtieron acertadamente su cercanía muy  peligrosa al mujiquismo.

 

El general Manini Ríos, devenido en político, se unió al Partido Colorado para evitar la tímida reforma de Lacalle Pou.

A todo esto, la tibieza sigue prosperando en la política uruguaya. Solo el padre de Lacalle se animó hacer reformas estructurales de fondo, con el entonces ministro de Economía Ignacio de Posadas, de ideología marcadamente liberal. Pero ambos fueron vilmente traicionados y difamados por el sanguinettismo.

Su hijo, parece que únicamente quiere formar parte de los libros de historia y portadas de diarios internacionales. No quiere tener conflictos sindicales, no quiere enfrentarse a la izquierda política, prefiere el camino del “diálogo

¿Cuál es el camino del diálogo? Aquél que se destaca por ser principalmente tibio, pero además por alegar supuestos costos políticos a la hora de hacer lo que realmente hay que hacer. ¿Cuáles son los  supuestos costos políticos que la prensa tanto alarde hace? Quizás puede ser que los sindicalistas asociados al Frente Amplio se enojen. Ahí no se vislumbra costo político evidente. En este sistema democrático gana la fuerza política que más votos lleva para su edificio, y este tipo de sindicalistas nunca van a votar a la derecha política uruguaya.

Parece ser más acertado decir que los costos políticos, en realidad, son negocios que los políticos tienen con determinados agentes privados. Probablemente temas asociados a contratos privados de distribución con sobrecostos de los combustibles, hacendados que ganan mucho dinero con la caña de azúcar para el biodiesel y quizás terminan aportando dinero para las campañas, y por supuesto, grandes monopolios para recaudar dinero, acomodar burocracia y jugar al planificador. 

Parece en este caso que los supuestos costos políticos tienen mucho más peso que los beneficios de los grandes sectores productivos privados. Y ni siquiera de estos, del ciudadano de a pie, del panadero de la esquina, del dueño de una PYME. Pero cualquiera que analice la política con mente fría, dudo que tarde en darse cuenta porque esto es verdaderamente así. 

Desgraciadamente, pasan los Maninis, pasan los Lacalles, pasan los Sanguinettis y el único rehén es el pueblo uruguayo honrado. Que si bien se deja pasar por las pasiones electorales de la supuesta izquierda, derecha y centro, siempre termina perjudicado porque por generaciones ve como el país no logra salir del tercermundista tan característico en este patio trasero llamado Sudamérica.

El pueblo no es más que un títere de la casta política, burocrática y sindical, y para cambiar esto hay mucho pero mucho trabajo por hacer, sobre todo porque los grandes medios y la educación ya sabemos de mano de quién están en esta batalla dialéctica.

Julio María Sanguinetti y Mujica, abrazados mientras los uruguayos piden algo distinto.

Cierro esta ensalada textual diciendo que quizás muchas personas se consideran decepcionados con Lacalle Pou y el varapalo de que a 1 año y 5 meses, con crisis económica de por medio, que siempre ayuda a justificar cambios más profundos, no haya hecho las reformas estructurales tan ansiadas por todos y que había prometido en campaña.

El gobierno administrado por el señor Lacalle y  su séquito de amigos y socios, se podría catalogar como un macrismo a la oriental. Incluso se repiten ciertos impulsos tóxicos, como son aquellos fanáticos que defienden todo sin producir queja o pensamiento propio alguno.

Por supuesto todavía quedan seres pensantes, y varias gremiales rurales han emitido comunicado denunciando las promesas incumplidas, alertando incluso sobre movilizaciones civiles en contra del gobierno.

Pero estoy seguro que si todos nos miramos al espejo jurando decir la verdad, y posteriormente recurrimos a los libros de historia, nos vamos a dar cuenta que este escenario político no escapa del batiburrillo político nacional e internacional que se ha marcado en todo el siglo XX, el siglo de las guerras. Solo me queda decir, bienvenidos, bienvenidos al siglo XXI, bienvenidos al 2021, bienvenidos al mundo actual, el siglo de la política.


Por Federico Ventura, para La Derecha Diario.

Seguir Leyendo

Trending