Hace pocos días, la aparición de un supuesto “arsenal nazi” en una vivienda del barrio porteño de Flores generó una ola de publicaciones y titulares que rápidamente instalaron una conclusión: un anciano de 89 años escondía en su casa una colección vinculada al nazismo.
La historia, sin embargo, era bastante más compleja.
El hombre era Manuel Giménez Puig, un historiador especializado en numismática y militaria, disciplinas dedicadas al estudio y colección de monedas, uniformes, insignias y objetos relacionados con la historia militar. Vivía solo en una casa de la calle Lautaro al 100 y había acumulado durante décadas una importante colección histórica.
Del “abuelo nazi” al historiador y coleccionista
Giménez Puig se descompensó en su domicilio y los vecinos solicitaron asistencia médica. Cuando ingresaron a la vivienda, encontraron numerosas piezas de colección, entre ellas gorras y uniformes militares con simbología nazi, además de armas, insignias y monedas.
La presencia de objetos con simbología del régimen de Adolf Hitler fue suficiente para que rápidamente aparecieran publicaciones que lo presentaban como un supuesto simpatizante o integrante de una organización nazi.
Pero el contexto era otro.
Giménez Puig era un investigador dedicado al estudio histórico de la militaria y participaba de actividades vinculadas con la difusión de la historia. Incluso daba charlas en el Centro de Estudios Históricos de Flores, donde compartía sus conocimientos sobre distintos períodos y elementos de la historia militar.
Las piezas que tenía en su vivienda formaban parte de una colección construida durante décadas y ocupaban dos habitaciones completas de la casa.
Tenía las armas registradas y había preparado su legado
Uno de los elementos centrales del caso es que las armas encontradas estaban registradas, según la información disponible sobre la investigación.
Además, poco antes de morir, Giménez Puig le había contado a uno de sus amigos que había tomado una decisión sobre el destino de su colección: donar sus armas, uniformes, monedas e insignias a distintos museos del país.
El historiador murió internado en el Hospital Piñero, después de la descompensación que había sufrido en su domicilio.
La decisión de donar su colección también permite entender el sentido que el propio Giménez Puig le daba a los objetos que había reunido durante toda su vida: eran piezas de interés histórico y no elementos destinados a reivindicar una ideología.
“Muy lejos de cualquier ideología nazi”
La investigación tampoco encontró elementos que permitieran describir al hombre como un militante nazi.
Una fuente vinculada al expediente lo describió como “un investigador, un coleccionista estudioso y un hombre de bien muy lejos de cualquier ideología nazi”.
El caso expone así cómo la aparición de simbología nazi puede generar una interpretación inmediata cuando se la separa del contexto histórico y del propósito de quien conserva esos objetos.
Tener una pieza histórica con simbología nazi no convierte automáticamente a su propietario en nazi. De hecho, uniformes, insignias, monedas, documentos y otros objetos de regímenes totalitarios forman parte de colecciones históricas y museos de todo el mundo precisamente porque permiten estudiar y comprender períodos oscuros de la historia.
En Argentina, además, la mera tenencia de objetos vinculados al nazismo no constituye por sí misma un delito cuando se encuentra relacionada con un interés histórico y no existe una utilización que implique propaganda o reivindicación de esa ideología, de acuerdo con el marco legal aplicable.
Una colección que terminará en museos
La historia de Giménez Puig, lejos de ser la de un supuesto “abuelo nazi”, terminó revelando la trayectoria de un hombre que dedicó buena parte de su vida al estudio y la conservación de objetos históricos.
Su última voluntad conocida apunta precisamente en esa dirección: que la colección que había reunido durante décadas no terminara descartada, sino preservada en museos para que pudiera ser estudiada y conocida por las próximas generaciones.
El episodio deja además una enseñanza sobre la importancia de verificar el contexto antes de convertir una imagen impactante —como una gorra con una esvástica— en una conclusión sobre una persona.
En este caso, detrás de las fotos del supuesto “arsenal nazi” no apareció un militante clandestino, sino un historiador, coleccionista y estudioso de la historia militar que había registrado sus armas y que había decidido legar sus colecciones a instituciones dedicadas a conservar el patrimonio histórico.