Se negó el acceso a las pruebas a los abogados defensores.
Se ordenó prisión preventiva basándose únicamente en posteos de redes sociales, violando principios constitucionales.
El objetivo era legitimar una narrativa falsa: la de un supuesto golpe de Estado impulsado por Bolsonaro, que sirviera de base para proscribirlo políticamente. El propio Lula calificó públicamente a los manifestantes como “fascistas”, y Moraes los trató como “enemigos del Estado”.
Este sistema autoritario no solo apuntó contra ciudadanos comunes, sino también contra medios independientes. La Derecha Diario, primer medio censurado por el régimen, fue bloqueado en Brasil en 2022 por revelar evidencia concreta de fraude electoral. Esa censura se amplió luego a toda la red social X, luego de que Elon Musk se negara a eliminar cuentas de opositores brasileños.












