Esta acción fue rechazada por la Asociación Canadiense de Libertades Civiles, que argumentó que no se cumplían las condiciones necesarias para aplicar dicha medida.
En respuesta, el gobierno de Trudeau suspendió el debate parlamentario sobre la implementación de la ley, programado para el 18 de febrero, poniendo de excusa las supuestas "circunstancias excepcionales".
Ese mismo día, la policía comenzó una violenta campaña de represión contra los manifestantes, resultando en más de 100 arrestos y la quita de vehículos. Entre los detenidos se encontraban los organizadores del convoy: Tamara Lich, Chris Barber y Pat King.
El 11 de febrero, Justin Trudeau amenazó a los defensores de la libertad en una conferencia de prensa, afirmando que aquellos que se sumasen a la protesta "están incumpliendo las leyes", y que las consecuencias "se están volviendo más y más severas".
Se dirigió a los manifestantes pacíficos, diciendo que no querrían "perder la licencia de conducir, o acabar con un registro criminal que tendrá un impacto en tu trabajo, tu modo de vida e incluso tu posibilidad de viajar internacionalmente, incluyendo a los Estado Unidos". El gobierno también congeló las cuentas bancarias de los manifestantes.
Debido a la violenta y prácticamente dictatorial respuesta del gobierno, hacia el 21 de febrero, la mayoría de los bloqueos y manifestaciones habían sido reprimidas mediante operativos policiales. No obstante, tiempo después, el Tribunal Federal declaró que la aplicación de dicha ley fue inconstitucional. Posteriormente, el jefe de la Policía de Ottawa, Peter Sloly, presentó su renuncia.
Las consecuencias
El "Freedom Convoy" dejó un impacto significativo en el debate público en Canadá sobre las libertades individuales, las políticas de salud pública y la respuesta gubernamental a las protestas. También inspiró movimientos similares en otros países, como Estados Unidos y Nueva Zelanda.
Aunque sus organizadores no lograron revertir del todo los mandatos de vacunación, lograron visibilizar las preocupaciones de la mayoría de la población sobre las restricciones impuestas durante la pandemia y el autoritario manejo del gobierno progresista.
Es por eso que hoy en día, con la renuncia del primer ministro canadiense y la enorme popularidad del Partido Conservador, liderado por Pierre Poilievre, quien posiblemente sea el próximo mandatario del país, debemos reconocer la heroica batalla por la libertad por parte de los canadienses en 2022, que seguramente plantó la semilla de un árbol que hoy está dando sus frutos.