La soberanía de la Argentina sobre las Islas Malvinas, territorio nacional usurpado bajo ocupación británica desde 1833, enfrenta hoy una nueva provocación geopolítica y económica.
En este escenario de asimetría, el gobierno británico que administra de facto las islas abrió el 7 de agosto una consulta pública de 12 semanas, que cerrará el 30 de octubre de 2026, para evaluar el desarrollo de la salmonicultura marítima a gran escala en el archipiélago.

El silencio de Greenpeace ante este fenomenal avance pesquero británico en nuestras aguas soberanas es absoluto. Esta sospechosa pasividad contrasta de manera violenta con el lobby feroz que estas mismas organizaciones extranjeras desplegaron en 2021 para aniquilar el desarrollo en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
En aquel año, la legislatura fueguina sancionó la destructiva Ley 1.355, prohibiendo por completo la salmonicultura industrial bajo la presión de Greenpeace y la fundación Rewilding, liderada por Kristine Tompkins (viuda del magnate Douglas Tompkins, creador de la marca North Face), con el festejo cómplice de empresarios extranjeros como Yvon Chouinard (dueño de Patagonia INC.) y un grupo de cocineros de elite afines al relato como Narda Lepes y Germán Martitegui.
Mientras Greenpeace celebraba con bombos y platillos un “suceso que sienta un precedente histórico para el resto del país y el mundo”, condenaba a la provincia a una profunda decadencia económica.
El proyecto de referencia, presentado por la empresa Unity Marine, contempla una producción anual descomunal de hasta 50.000 toneladas de salmón, que se distribuirá inicialmente en 16 sitios alrededor de la Isla Soledad, equipando cada uno con 10 jaulas y una barcaza de alimentación, además de barcos de trabajo, un well boat y un buque de abastecimiento.














