Fueron los gritos del adolescente los que alertaron a los vecinos. Algunos corrieron hacia él para contenerlo y consolarlo mientras lloraba y pedía ayuda; otros persiguieron al delincuente, que escapó hacia la casa de su hermano, donde intentó refugiarse. Allí fue acorralado por los vecinos hasta que, más tarde, llegó la Policía y lo detuvo.
El teléfono robado fue recuperado y devuelto a la madre del chico, Mailén, quien radicó la denuncia. La causa quedó en manos de la Unidad Funcional de Instrucción N°6 de La Matanza.
La familia vive en la planta alta de un kiosco que manejan, a pocos metros del lugar del ataque. Mailén relató con crudeza el estado emocional de su hijo: “Mi nene está asustado. Lo primero que pensó fue en cambiarse de colegio. Que no es la solución, porque sabemos que estas cosas pasan en cualquier momento del día”. Y agradeció a los vecinos: “Estoy eternamente agradecida con ellos. Si no, no sé cómo hubiese terminado”.











