Keir Starmer, el recién nombrado primer ministro británico por el Partido Laborista, ofreció una conferencia de prensa tras los graves disturbios que se desataron en todo el país este fin de semana debido al asesinato de tres niñas británicas a manos de un adolescente de origen ruandés. Starmer culpó a los manifestantes de «extrema derecha» por los incidentes, calificándolos de «matones» y prometió reforzar la vigilancia y los controles como medida principal para evitar el caos social.
El primer ministro anunció que se implementará un intercambio de inteligencia y datos, así como un «despliegue más amplio de tecnología de reconocimiento facial y acciones preventivas, incluyendo órdenes de conducta delictiva para restringir los movimientos de estas personas antes de que puedan abordar un tren, de la misma manera que lo hacemos con los hooligans del fútbol».
Estos anuncios fueron duramente cuestionados en las redes sociales, donde surgieron preocupaciones de que los ciudadanos británicos podrían enfrentar censuras severas y restricciones a la libertad de expresión si se implementan sistemas de vigilancia similares a los de China y Rusia.
Starmer también subrayó la necesidad de una “respuesta coordinada” por parte de la policía a nivel nacional, incrementando el número de agentes de seguridad y aprovechando mejor las leyes existentes.










