El expresidente Donald Trump alcanzó un hito en la historia fiscal de los Estados Unidos al firmar la Ley de Reducción de Impuestos y Empleos, un paquete de reformas de 3,2 billones de dólares que introdujo el mayor alivio tributario del país, diseñado para beneficiar principalmente a la clase media y dinamizar el crecimiento económico a nivel nacional.
Este plan no solo trajo grandes reducciones de impuestos para las familias trabajadoras, sino que también incentivó a empresas a invertir en sus empleados, contribuyendo al crecimiento de empleos e inversiones en sectores clave.
Una de las principales novedades fue el beneficio inmediato para millones de trabajadores, quienes vieron incrementos salariales y bonificaciones gracias a los recortes impositivos implementados.
En particular, una familia promedio de cuatro personas con ingresos anuales de 75.000 dólares logró reducir su carga fiscal en más de USD 2.000, lo que representó una disminución del 50% en sus impuestos sobre la renta. Este tipo de beneficio inmediato ofreció a las familias mayor margen para cubrir sus necesidades y proyectar sus ahorros, impulsando el consumo y, en consecuencia, la economía interna.
Trump también duplicó la deducción estándar, lo que permitió que una pareja casada pueda ganar hasta 24.000 dólares sin estar obligada a pagar impuestos federales. Este cambio no solo redujo la carga fiscal, sino que también simplificó el sistema tributario, favoreciendo el bienestar de las familias con mayores deducciones y créditos fiscales, como el crédito por hijo, que también fue duplicado.
Otro aspecto destacado de la reforma fue la eliminación del impuesto sobre sucesiones, una carga fiscal que durante años afectó a familias al heredar bienes y propiedades. Esta medida redujo las barreras fiscales para la transferencia de patrimonio, lo que facilitó la seguridad financiera entre generaciones y protegió el valor de las propiedades familiares.








