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Reino Unido

En su primera medida como Primer Ministro, el socialista Keir Starmer canceló el plan de deportaciones de imigrantes ilegales

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El nuevo primer ministro británico derogó el plan de deportaciones de imigrantes ilegales que había firmado Boris Johnson con Ruanda.

06 July 2024, United Kingdom, London: UK Prime Minister Sir Keir Starmer speaks during a press conference after his first Cabinet meeting at 10 Downing Street. Photo: Claudia Greco/PA Wire/dpa 06/7/2024 ONLY FOR USE IN SPAIN

El líder laborista Keir Starmer tomó posesión del Gobierno del Reino Unido este viernes tras su apabullante victoria a principios de la semana. En su primera medida como Primer Ministro, Starmer derogó el plan de deportaciones de inmigrantes ilegales que había instaurado recientemente el Partido Conservador unos meses atrás.

El plan que había sido ideado por el ex primer ministro, Boris Johnson, junto a su Ministra del Interior, Priti Patel, se basaba en un acuerdo migratorio con la República de Ruanda, para que todos los inmigrantes ilegales de procedencia africana que sean capturados en el Reino Unido fueran deportados a aquél país.

El acuerdo había sido firmado por la entonces ministra Patel con el presidente ruandés, Paul Kagame, quien tomaba la responsabilidad de luego repartir a los migrantes a sus países de origen. A cambio, Ruanda recibió acuerdos de inversión multimillonarios para desarrollar vivienda, educación, salud y comercio en el país africano.

Boris Johnson renunció a su cargo unos meses después de la firma del acuerdo, por lo que fue su sucesor, el ahora ex primer ministro Rishi Sunak, quien debió implementarlo. Al principio, la designada Ministra del Interior, Suella Braverman lo hizo muy bien, pero tras su salida en 2023, el programa quedó en pausa.

A pesar de estar alejado del continente africano, cientos de miles de inmigrantes africanos ingresan a la Unión Europea a través de Grecia, Italia o España, luego se reubican a Francia y finalmente cruzan ilegalmente a través del Canal de la Mancha a las Islas Británicas.

Este sistema de inmigración viene aceitado hace décadas, de cuando el Reino Unido era parte de la Unión Europea. Los inmigrantes se desesperan por llegar a Inglaterra, donde reciben uno de los mejores sistemas de salud del mundo gratuito, el NHS, pueden acceder a educación de calidad, y consiguen vivienda gratuita como refugiados.

Tan solo en lo que va del año, el Gobierno británico estimó que más de 10.000 inmigrantes ilegales habían llegado ya al país a través de la ruta del canal de la Mancha, una cifra sin precedentes desde el comienzo de los registros migratorios en la década del ’70.

La estimación de 10.170 inmigrantes ilegales en 6 meses superó ampliamente a la del año pasado, cuando se registraron 7.326 arribos a las costas británicas a través de esta ruta en 12 meses. Incluso ya rebasó el récord de 9.326 arribos ilegales del 2022.

Rishi Sunak había prometido que de ganar la elección de esta semana, hubiera lanzado un nuevo plan para reactivar las deportaciones a Ruanda, que por la crisis política y la salida de Braverman en 2023, no se había animado a continuar.

La ministra británica Priti Patel y el presidente de Ruanda, Paul Kagame, firmando la Asociación de Migración y Desarrollo Económico, que permitía deportaciones de inmigrantes ilegales africanos.

Pero ahora la Asociación de Migración y Desarrollo Económico ha llegado a su fin, con la firma de Starmer quien unilateralmente decidió derogarlo. "El plan de Ruanda estaba muerto y enterrado antes de comenzar. Nunca ha sido un elemento disuasorio", aseguró el flamante primer ministro en rueda de prensa, "y no estoy preparado para proseguir con ardides que no sirven para disuadir a nadie".

En la primera reunión del Consejo de Ministros del Partido Laborista, el nuevo Gobierno decidió poner fin definitivo al plan y adoptar una "nueva visión sobre la inmigración". "Los cruces ilegales son ante todo peligrosos. Si queremos combatir este flagelo es para que no estén más en peligro los migrantes. Vamos a relanzar el sistema de inmigración para fomentar el arribo por vías seguras", dijo Starmer según fuentes que escucharon la reunión.

Reino Unido

Noel Gallagher dijo lo que todos pensamos sobre el público “woke” en Glastonbury: “Pequeños idiotas agitando banderas”

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El ex integrante de Oasis criticó severamente la politización del Festival de Glastonbury, describiéndolo como "demasiado progresista".

Noel Gallagher, cofundador de Oasis junto a su hermano Liam, criticó abiertamente el Festival de Glastonbury en una entrevista con el diario The Sun, describiéndolo como "demasiado woke".

El músico, quien se presentó en el festival este año y debutó como solista en 2022, manifestó su desagrado por las demostraciones políticas en los conciertos, considerándolas “un poco predicadoras y con cierta señalización de virtud”.

Gallagher expresó su molestia por la inclusión de mensajes políticos en la música, diciendo: “(La política) no me gusta en la música, pequeños idiotas agitando banderas y haciendo declaraciones políticas”.

Instó a los artistas a centrarse en su música y evitar las proclamas políticas. A pesar de sus críticas, Noel Gallagher elogió el festival, destacando que es “probablemente lo mejor de Gran Bretaña aparte de la Premier League”.

“Es demasiado, me parece que es un exceso. Donen todo su dinero a la causa y ya está. Dejen de parlotear“, sumó criticando a sus colegas que se expresaron, por ejemplo, en torno al conflicto de Israel y Palestina. “Todo el mundo sabe lo que está pasando en el mundo, tienen un teléfono en el bolsillo que te lo dice“, agregó, dejando en claro que no le parece necesario que los artistas se pronuncien políticamente durante el show.

En la misma entrevista con el tabloide británico, también dirigió sus críticas a Dave Grohl de Foo Fighters, quien expresó su deseo de una reunión de Oasis. En ese sentido, pidió a Grohl que “dejara de meterse” en los asuntos de la banda.

Saber que están ahí fuera, en alguna parte, pero que no se reúnen para hacer lo que a todo el mundo le gustaría tanto. Estoy como: ustedes [son] imbéciles”, dijo Grohl sobre los hermanos Gallagher.

Este año, Glastonbury fue escenario de varias expresiones políticas. Uno de los actos más significativos fue realizado por Banksy, quien lanzó una balsa inflable con maniquíes de migrantes durante los espectáculos de Idles y Little Simz, como crítica a la política de inmigración del gobierno británico.

En respuesta, el ministro del Interior, James Cleverly, calificó la acción de “vil e inaceptable”. Banksy defendió su performance y criticó la detención de un barco de rescate real por parte de las autoridades italianas.

Además de Banksy, otros artistas también hicieron declaraciones políticas durante el festival. La banda Idles lideró un canto en contra de la monarquía, mientras que Damon Albarn de Blur cuestionó al público sobre el conflicto palestino-israelí y criticó el liderazgo de “octogenarios” en referencia a la próxima contienda electoral estadounidense.

El Festival de Glastonbury siempre ha mantenido una estrecha relación con causas políticas, principalmente ambientales. La organización Greenpeace tiene una presencia significativa cada año, y el escenario Left Field, curado por Billy Bragg, alberga debates sobre temas actuales.

Desde 1981, el evento musical colabora con la Campaña para el Desarme Nuclear (CND), una organización a la cual el organizador Michael Eavis atribuye gran parte del éxito inicial del festival.

Conocido por su larga tradición de apoyo a causas políticas de izquierda, el Festival de Glastonbury sigue siendo un punto de encuentro para los militantes de izquierda y su "expresión artística". La integración de estos elementos genera tanto apoyo como controversia, reflejando las tensiones más amplias en la sociedad británica.

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Reino Unido

En su primera semana como Primer Ministro, el socialista Keir Starmer anunció la estatización de los trenes en el Reino Unido

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La recién designada secretaria de Transporte, Louise Haigh, y el nuevo Primer Ministro del Partido Laborista, presentaron un plan para nacionalizar los ferrocarriles en los próximos cinco años.

El Partido Laborista ha revelado planes para nacionalizar la red ferroviaria inglesa, integrándola gradualmente en una empresa pública denominada Great British Railways, a medida que se vayan renovando los contratos. La idea del partido es "recuperar" los ferrocarriles sin incurrir en grandes gastos de indemnización.

En una entrevista reciente, Louise Haigh, secretaria de Transporte en la sombra del Partido Laborista, afirmó que: "Haremos que los operadores privados restantes vuelvan a ser de propiedad pública". Esto ocurro 30 años después de la privatización realizada por el gobierno de John Major. "Todos ellos expirarán durante el primer mandato de un gobierno laborista, ya sea en su contrato completo o en su contrato básico.", afirmó la secretaria.

Aunque esta decisión política no es una sorpresa, ha dividido al partido en el pasado. En 2022, Rachel Reeves retiró la nacionalización cuando anunció sus reglas fiscales. En ese momento, había dicho que "no había dinero para una nacionalización masiva", lo que ocasionó una división interna. El partido aclaró rápidamente que su ministra de Hacienda quería decir que, si bien se aplicarían las reglas fiscales, hay un "papel positivo para el ferrocarril en la propiedad pública". Ese compromiso es lo que vemos hoy.

La red ferroviaria británica fue nacionalizada por primera vez por el primer ministro laborista Clement Attlee en 1948 y luego privatizada nuevamente bajo el gobierno conservador de John Major en 1993.

Network Rail, responsable de la infraestructura ferroviaria en Inglaterra, Escocia y Gales, es de propiedad pública. Sin embargo, los servicios de trenes y la gestión de la mayoría de las estaciones más pequeñas están divididos en franquicias operadas por diferentes empresas privadas.

La pandemia ha tenido un impacto significativo en la financiación de los ferrocarriles, ya que la drástica caída en el número de pasajeros ha afectado severamente a la mayoría de las empresas operadoras.

En septiembre de 2020, se eliminó el sistema de franquicias que había sido creado durante la privatización en la década de 1990. Bajo las franquicias, los operadores privados retenían los ingresos por tarifas. En la actualidad, la industria ferroviaria se gestiona a través de contratos de gestión, donde el gobierno retiene todas las tarifas.

Además, cinco líneas están efectivamente bajo control gubernamental a través del esquema de "operador de último recurso", lo que equivale a una forma de nacionalización.

Aunque la Ley de Ferrocarriles de 1993 inicialmente prohibía la gestión estatal de los ferrocarriles en el Reino Unido, varias empresas estatales extranjeras de países como los Países Bajos, Alemania, Francia, Italia y Hong Kong ahora gestionan franquicias ferroviarias en el país.

El gobierno laborista esperaría transferir las 10 redes ferroviarias privadas restantes a propiedad pública "dentro del primer mandato", fusionando los contratos ferroviarios de pasajeros privados existentes en un nuevo organismo a medida que expiren.

Louise Haigh, secretaria de Transporte en la sombra, trató de justificar está autoritaria decisión diciendo que, bajo este plan, el contribuyente podría "ahorrar" unos supuestos £2.2 mil millones al año, aunque reconoció que aún no tenía el compromiso de la ministra de Hacienda en la sombra, Rachel Reeves, de reinvertir todos esos ahorros en los ferrocarriles.

Estableceremos Great British Railways: una mente única y rectora que controle nuestros ferrocarriles en beneficio de los pasajeros”, declaró Haigh. “Aunque sí, vamos a conservar el nombre. Lamento decir que mi sugerencia de ‘Rail Britannia’ no fue aceptada”.

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Reino Unido

Elecciones Reino Unido: Fracaso histórico de la "derechita cobarde" de los Tories y el socialismo se queda con 2/3 del Paramento

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El Partido Laborista logra una aplastante victoria sobre los conservadores y el socialista Keir Starmer será el próximo primer ministro, liderando el Parlamento más de izquierda de la historia.

De acuerdo con el conteo preliminar y las encuestas de boca de urna, el Partido Conservador británico, que gobierna el Reino Unido desde 2010 de manera ininterrumpida, se llevó este jueves la peor derrota de su historia.

El Partido Laborista, una fuerza históricamente de centroizquierda pero que hoy se ha movido a la extrema izquierda, se queda con 410 escaños, un masivo crecimiento respecto a los 172 que tienen hoy.

Por su parte, los Tories, que hoy gobiernan hoy con 274 bancas, cayeron a tan solo 144 parlamentarios, lo que supone la peor derrota de su historia, y tendrán la bancada conservadora más chica desde su creación en 1834. Esta derrota incluso supera a la derrota de 1906, conocida como la "Ola Laborista".

De esta manera, el líder laborista Keir Starmer, un ex fiscal de 61 años, se convertirá en el próximo Primer Ministro de Reino Unido en reemplazo del conservador Rishi Sunak.

Starmer, quien lidera el partido desde 2020, tiene un perfil moderado y dialoguista, y expulsó de ese cargo al comunista Jeremy Corbyn en medio de la pandemia, alegando sus comentarios antisemitas y extremismo. Pero ese extremismo no lo pudo sacar de las bases, y hoy el laborismo ha tenido un brutal giro a la extrema izquierda.

Es por eso que ha surgido el Partido Liberal Demócrata, una versión de izquierda pero más moderada que el actual Partido Laborista, el cual se queda en esta elección con 58 bancas. Por su parte, el Partido Verde, se quedó con 2 bancas. Por lo que en total, la izquierda obtuvo 470 bancas, más de dos tercios del Parlamento.

Por último, el Partido Reformista, liderado por el derechista Nigel Farage, obtuvo tan solo 4 bancas, a pesar de haber obtenido el 17% de los votos a nivel nacional. El sistema de circunscripción uninominal, donde cada distrito vota entre una lista de diputados y solo el que más votos saca se queda con la banca, sin distribuir proporcionalmente, le jugó fuertemente en contra.

De hecho, de los 173 distritos donde perdieron los Tories, en más del 70% la suma con el candidato del Partido Reformista, que quedó tercero, daba para ganar, por lo que si uno u otro no se hubiera presentado, un candidato conservador o de derecha podría haber ganado.

Este dato es esperanzador para la derecha, ya que, si bien atravesaron la peor elección de la historia, las bases respondieron, y si no se hubiera dividido el voto entre la centroderecha y la derecha, ambos podrían haber sacado más de 300 bancas, y dejado sin super mayoría a los laboristas.

Boris Johnson, ex primer ministro, ganó por amplia diferencia las elecciones del 2019 llegando a un acuerdo con Nigel Farage, líder de los reformistas, donde en los distritos que las encuestas indicaban una derrota si se dividían los votos, uno u otro bajaba su candidato.

Esto había llevado a los Tories a la victoria, pero esta vez, el centrista Rishi Sunak se negó a acordar con Farage, a quien trató de "extremista" e incluso prometió dejarlo afuera de un eventual gobierno si reelegía. Los reformistas se presentaron en todo el país.

Finalmente, y aunque en el Reino Unido las bancas no de distribuyen de manera proporcional, los números en voto popular muestran un panorama muy diferente a la mayoría abrumadora laborista que se ve reflejada en el Parlamento.

Los Laboristas obtuvieron el 36% de los votos, los Tories un 26%, el Partido Reformista un 17%, mientras que los Demócratas Liberales un 9% y los Verdes un 3%. En total, la izquierda cosechó un 48% de los votos, y la derecha un 43%, mientras que el restante 9% se repartió entre partidos independentistas de Escocia y Gales.

Al recibir su triunfo en su circunscripción, Starmer dijo ante los congregados: "La gente de aquí y de todo el país ha hablado y está preparada para el cambio, para la política de los resultados, para volver a la política como servicio público".

Los laboristas regresarán al poder después de 14 años de gobiernos conservadores y lo harán, si se confirman los pronósticos, superando con creces la mayoría necesaria de 326 bancas en la Cámara de los Comunes para poder gobernar en solitario.

El laborismo centró su campaña en la palabra "cambio", en un momento en el que el país afronta importantes problemas económicos y sociales. Los votantes acudieron a las urnas con una sensación generalizada de estancamiento económico en el país, agudizada por la fuerte inflación de los últimos años y el desastre que ocurrió en la pandemia.

Eso, sumado a las dificultades por las que atraviesa el sistema de salud público británico, el NHS, que Starmer propone relanzar, aunque no se sabe de dónde sacará la plata, ya que el país mantiene altísimos déficits y la libra está más devaluada que nunca.

Estas elecciones suponen el colapso de los conservadores, después de que lograran un triunfo histórico en las elecciones de diciembre de 2019, cuando Boris Johnson ganó con una mayoría aplastante. Aquel había sido el mejor resultado del Partido Conservador desde 1987, cuando gobernaba Margaret Thatcher.

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