El 1 de octubre de 1813, en la pampa de Vilcapugio, actual territorio boliviano, se libró un combate que marcó un duro golpe para las fuerzas patriotas al mando de Manuel Belgrano. Los realistas, todavía resentidos por las derrotas de Tucumán y Salta, lograron anticiparse a los movimientos del ejército revolucionario y transformaron una jornada que parecía favorable en una clara victoria.

Belgrano había planificado reunir sus tropas con las de Baltasar Cárdenas y Cornelio Zelaya para asestar un golpe definitivo a los españoles en esa planicie rodeada de montañas. Sin embargo, los realistas interceptaron correspondencia y se enteraron de los planes. El brigadier Joaquín de la Pezuela decidió adelantarse y envió el grueso de su ejército hacia el lugar.
Las fuerzas patriotas llegaron con serias deficiencias: muchos dragones pelearon a pie por falta de caballos, había reclutas sin instrucción y los cañones debieron ser transportados al hombro por hombres de Manuel Ascencio Padilla. Contaban con poco más de dos mil fusiles y una artillería limitada.


















