El exparticipante del reality habría montado un sistema de venta dentro del penal, con transferencias digitales y reparto entre pabellones.
Compartir:
A meses de haber sido condenado a 15 años de prisión por el intento de femicidio de Emily Ceco, Santiago Martínez volvió a quedar en el centro de la escena, aunque esta vez por un motivo inesperado. Según trascendió, el joven estaría desarrollando un particular negocio dentro de la Unidad Penal N°60 de Merlo, donde cumple su condena.
La información fue revelada en el programa LAM (América Tv) por el periodista Pepe Ochoa, quien aseguró que Martínez habría comenzado con este “emprendimiento” durante su estadía en la alcaidía y luego lo trasladó al penal.
De acuerdo a lo expuesto al aire, el ex participante de Love is Blind manejaría una especie de kiosco interno, donde comercializa distintos productos entre los detenidos. El sistema incluiría desde alimentos y bebidas hasta teléfonos celulares, que también serían alquilados por hora para permitir la comunicación con el exterior.
En uno de los audios difundidos en el ciclo, se lo escucha ofrecer un teléfono móvil a otro interno: “Hola, amigo. Tengo un celu que anda bien… no lo vendo caro, lo dejo a 120. Avisame si te sirve”, dice el mensaje, que rápidamente generó repercusión.
Según detalló Ochoa, el mecanismo de venta incluiría el uso de plataformas digitales. “Los productos tienen un precio, la gente le transfiere a su MercadoPago, que está a su nombre, y él después organiza la entrega dentro del penal”, explicó el periodista, dando cuenta de una operatoria que, de confirmarse, implicaría cierto nivel de logística interna enorme.
El funcionamiento del negocio también incluiría la circulación de los productos entre distintos pabellones, lo que sugiere la posible participación de otros internos en la distribución del penal. Además, los celulares se venderían en combo con tarjetas prepagas y, en algunos casos, se alquilarían por lapsos cortos de tiempo.
En el programa también mostraron capturas de supuestas conversaciones en las que otros detenidos le realizan pedidos. En uno de los mensajes, un interno le solicita una gaseosa y detalla su ubicación dentro del penal, a lo que Martínez responde afirmativamente y envía una lista de precios junto con los datos para realizar el pago.