Joan M. Griffin, profesora de la Facultad de Medicina de la Clínica Mayo estudia un fenómeno peculiar conocido como la lucidez en personas con demencia. Los científicos llaman a estos episodios “lucidez paradójica” o, cuando ocurren cerca de la muerte, “lucidez terminal”.
Griffin admite que estos sucesos no deberían estar pasando. Plantean preguntas profundas sobre lo que ocurre dentro de un cerebro dañado por el Alzheimer u otras demencias. Existe la posibilidad de que, en algún momento, se puedan recuperar capacidades cognitivas que parecían perdidas para siempre.
Todavía no se conocen los mecanismos exactos. Griffin especula que podría tratarse de una inflamación que remite de manera temporal y abre una red neuronal antes inaccesible, o de una vía nueva que aparece en medio del caos cerebral y permite un instante fugaz de conexión.
Qué dice la ciencia sobre estos episodios
En un artículo de 2019, George Mashour, Lori Frank y sus colegas exploraron una idea clave: aunque la demencia haya destruido gran parte del cerebro, algunas capacidades no se pierden por completo. Cambios temporales en la comunicación entre las células restantes podrían hacer que reaparezcan, por un breve lapso, funciones que parecían inaccesibles.
Los investigadores subrayaron que los mecanismos siguen siendo desconocidos. Estudios más recientes buscan posibles desencadenantes como la música, la angustia o cambios en la medicación. Algunos utilizan dispositivos de EEG para medir la actividad eléctrica cerebral mientras se graba al paciente en video y audio, con la esperanza de captar qué ocurre durante esos momentos.
La semana pasada, Griffin se reunió con neurocientíficos, especialistas en ciencias sociales y otros investigadores en la Conferencia de Consenso de la Red de Lucidez en el Alzheimer y la Demencia, en la Universidad Johns Hopkins. Analizaron cómo identificar estos eventos, sus posibles bases neuronales y el impacto emocional en los cuidadores, que los describen como “momentos imborrables”.
Sharon Lukert, de 71 años y con Alzheimer en etapa temprana, participó por videoconferencia. Como exenfermera y capellana de cuidados paliativos, ha visto lucidez en pacientes terminales y también en su propia madre, que murió a los 95 años. Durante una de las últimas visitas, su madre la miró de repente y le dijo: “Me estoy muriendo”. Lukert no alcanzó a responder todo lo que hubiera querido antes de que la claridad se esfumara.
El impacto en quienes cuidan
Lukert sostiene que, aunque la demencia dificulte la comunicación con el mundo exterior, la esencia de la persona sigue estando ahí en alguna parte. Griffin observa que, después de estos momentos, muchos cuidadores cambian su forma de relacionarse: empiezan a reconocer que tienen delante a un ser humano con capacidad de decisión propia.
Algunos médicos también modificaron su práctica. Después de presenciar un episodio, optan por hablar directamente con el paciente en lugar de dirigirse solo al cuidador, porque entienden que esa persona podría estar procesando información.
Griffin aclara que no todos los episodios de lucidez anuncian una muerte inminente. Sin embargo, como suelen sorprender, dejan a veces un sabor agridulce. Los familiares se preguntan después si podrían haber aprovechado mejor ese instante, si hubieran dicho las palabras justas.
No hace falta un mapeo cerebral para saber cuándo conectar, afirma Griffin. Basta con estar presente. Lukert lo resumió en un poema escrito dos semanas después de la muerte de su madre: “De repente, la claridad brilla en sus ojos. Una calidez familiar ilumina su rostro… Observo con asombro cómo su inteligencia se eleva. Hasta que desaparece, inalcanzable, una vez más”.