La fiscal Jennifer Sprague le preguntó al especialista si, según el relato de la acusada, esa voz le había indicado dónde debía matar a los chicos, cómo tenía que hacerlo, qué debía utilizar o en qué orden actuar. La respuesta fue negativa en todos los casos.
Para el especialista, la ausencia de instrucciones específicas contrastaba con la cantidad de decisiones que Clancy habría tomado durante el período en el que permaneció sola con sus hijos.
“El hecho de no tener instrucciones sobre cómo hacerlo, pero ser capaz de ejecutar esas decisiones... es sorprendente que haya podido lograr todo esto sin ningún otro tipo de dirección o plan”, sostuvo Saathoff.
De acuerdo con la reconstrucción del caso, los tres niños fueron estrangulados con bandas elásticas en el sótano de la vivienda. Posteriormente, Clancy intentó quitarse la vida.
Su entonces esposo y padre de los chicos, Patrick Clancy, se encontraba fuera de la casa en ese momento. Había salido para buscar comida y pasar por una farmacia antes de regresar al domicilio.
La capacidad de concretar diferentes acciones en ese período fue uno de los elementos analizados por Saathoff. Para el psiquiatra, la secuencia indicaría que Clancy “tenía control, control de la secuencia de lo que hacía en todo momento”.
El especialista sostuvo además que el tiempo disponible mientras su marido se encontraba fuera de la vivienda habría resultado relevante para concretar tanto los homicidios como su posterior intento de suicidio.
La supuesta voz desapareció después de los crímenes
Sin embargo, hubo otro elemento que despertó especialmente la atención de Saathoff y que se convirtió en uno de los puntos más controvertidos de su testimonio.
Según el relato de Clancy, la voz que supuestamente escuchaba desapareció inmediatamente después de que terminó de estrangular a sus tres hijos.
El psiquiatra consideró inusual ese comportamiento. Según explicó ante el tribunal, cometer el acto que presuntamente indicaba una alucinación auditiva no implica necesariamente que esta desaparezca de manera automática.
“Cometer ese acto no cura la voz”, afirmó al referirse a la interrupción repentina que describió la acusada.
Luego agregó una frase que marcó su declaración: “Nunca había visto algo así”.
El juicio contra Lindsay Clancy, la mujer de 36 años acusada de matar a sus tres hijos pequeños en Duxbury, Massachusetts, Estados Unidos, llegó a una instancia decisiva. El miércoles 26 de agosto concluyó la presentación de testimonios y el caso quedó encaminado hacia los alegatos finales y la posterior deliberación del jurado.
Clancy está acusada de haber estrangulado a Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de apenas 8 meses, el 24 de enero de 2023. La mujer se declaró inocente por falta de responsabilidad penal y su defensa sostiene que, cuando ocurrieron los hechos, atravesaba una psicosis posparto que habría afectado su capacidad para comprender y controlar sus acciones.
La fiscalía presenta una hipótesis diferente: sostiene que la mujer planificó los asesinatos, mantuvo el control sobre sus actos y comprendía que aquello que estaba haciendo estaba mal.
La mujer le había pedido a su marido que se fuera a hacer las compras y así cometer el asesinato de sus tres hijos en común
En el centro de esa discusión quedó una de las explicaciones brindadas por Clancy sobre lo ocurrido. Según afirmó, una voz en su cabeza le habría ordenado matar a sus hijos. Sin embargo, el psiquiatra forense Gregory Saathoff, de la Universidad de Virginia y psiquiatra sénior de la Unidad de Análisis del Comportamiento del FBI, cuestionó esa versión durante su declaración como testigo de refutación de la fiscalía.
Durante su exposición, Saathoff se concentró en reconstruir qué indicaciones concretas habría recibido Clancy de la supuesta voz que describió.