Estíbaliz Kortazar Errecatxo, una administrativa que adquirió su piso en 2021 tras más de 20 años de trabajo, decidió a fines de 2023 alquilar una habitación. Lo hizo a través de una asociación de ayuda a personas sin hogar con la que colaboraba como voluntaria.
Ambas partes suscribieron un contrato de alquiler por 350 euros mensuales y, en un inicio, la convivencia transcurrió sin incidentes. No obstante, con el correr de las semanas, el arrendatario adoptó una conducta hostil e inapropiada: profería insultos, realizaba insinuaciones de carácter sexual, consumía contenido pornográfico en su presencia y mostraba un comportamiento marcadamente irrespetuoso.
Según el testimonio de Estíbaliz, el hombre la insultaba con expresiones como “puta” y “perra sucia”, mantenía el volumen del televisor elevado durante la noche, dejaba las luces encendidas de forma constante y descuidaba completamente la higiene de su habitación.














