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África

Gira de Erdogan por África quita protagonismo de la región a China, Rusia y Europa

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Gira de Erdogan por África quita protagonismo de la región a China, Rusia y Europa y consolida la posición turca con una serie de acuerdos de cooperación en seguridad, defensa, comunicación, inversión y comercio.

El jefe de Estado turco Recep Tayyip Erdogan protagonizó una gira diplomática por África, en la que visitó Guinea Bissau, Senegal y la República Democrática del Congo, con el objetivo de fortalecer la presencia y posición turca en el continente y llevar a cabo una serie de beneficiosos acuerdos de cooperación en múltiples áreas de relevancia.

Como primer destino, el mandatario visitó la R.D. del Congo, donde se reunió con su homólogo Félix Tshisekedi. En la fructífera reunión lograron firmar siete acuerdos de cooperación bilateral en infraestructura, seguridad, profundización de las relaciones bilaterales y ayuda financiera mutua.

En segundo lugar, Erdogan fue a Senegal, país en el que se reunió con su presidente y declararon conjuntamente haber establecido un objetivo de mil millones de dólares en comercio bilateral, además de cinco acuerdos en cooperación marítima, comunicación y seguridad.

En Senegal, Erdogan asistió a la inauguración del Estadio Abdoulaye-Wade, un impresionante campo de juego de fútbol de última generación con capacidad para 50 mil espectadores que llega apenas tras la consagración de la selección nacional senegalesa en la Copa Africana 2021, llevada a cabo este año tras ser pospuesta por la pandemia del COVID-19.

El impresionante estadio auto-suficiente a base de energía Abdoulaye-Wade que será utilizado por la Selección de Senegal.

El estadio fue construido por la empresa turca Summa, razón que llevó a Erdogan a protagonizar el evento principal de la ceremonia a la que también han asistido los presidentes de Ruanda y Liberia que aprovecharon para conversar con el turco.

Además, siguiendo en el mismo país, Erdogan se reunió con el presidente alemán, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, que también se encontraba realizando una visita oficial.

Finalmente, Erdogan tuvo como último destino Guinea-Bissau, donde se reunió con el presidente Umaro Sissoco Embalo.

Somalia

Vuelve Estados Unidos a África: Biden manda 500 soldados a Somalia que habían sido retirados por Trump

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Biden también habilitó nuevamente al Pentágono a llevar a cabo ataques de bombardeo en suelo africano sin la autorización de la Oficina Oval, una autonomía que Trump había derogado.

Esta semana, el presidente Joe Biden ordenó el despliegue de 500 soldados estadounidenses en Somalia, dando marcha atrás al retiro de tropas que había ordenado Donald Trump en su último año al frente de la Casa Blanca.

Cuando Trump retiró las tropas en su totalidad, había alrededor de 700 soldados norteamericanos en el país africano. Estas tropas habían estado en el país desde 2007, con el objetivo de ayudar a las fuerzas gubernamentales a combatir al grupo yihadista Al Shabab, rama de Al-Qaeda en la región.

En realidad, la presencia de Estados Unidos en Somalia se remonta a 1992, cuando el entonces presidente George H.W. Bush envió tropas junto a la ONU para poner fin a la guerra civil que estaba partiendo al país a la mitad.

Sin embargo, la “Operación Restaurar Esperanza” fue un fracaso total, y desembocó en la tragedia de la “Caída del Halcón Negro“, cuando en 1993 la caída de dos helicópteros halcón negro en medio de una operación especial en Mogadishu resultó en la muerte de 18 soldados estadounidenses.

Por décadas, Estados Unidos gastó millones de dólares, llevó a cabo miles de operaciones y perdió cientos de soldados en Somalia, peleando guerras que nada tenían que ver con la seguridad nacional propia.

Somalia es uno de los casos más paradigmáticos del fracaso del “nation building” norteamericano. Los Bush, Clinton, Obama y ahora Biden quieren construir por la fuerza una democracia representativa y liberal en un país que está partido por la guerra desde 1969.

Trump se dio cuenta de esto y, acorde a lo prometido en campaña, ordenó la retirada ordenada de todas las tropas, lo cual se mantuvo por casi dos años.

Sin mayores ataques ni un crecimiento pronunciado de Al Shabab, Biden ha decidido mandar de nuevo las tropas al país en respaldo del nuevo presidente Hassan Sheikh Mohamud, un pacifista que asumió el pasado 23 de mayo.

Sheikh Mohamud es considerado ampliamente “el hombre de Washington en Mogadishu”, y ya había sido presidente entre 2012 y 2017, casualmente, cuando Hillary Clinton era Secretaria de Estado en la Casa Blanca, Obama presidente y Biden vice.

Se espera que ahora la maquinaria bélica estadounidense reanude su devastación del país. En la misma orden ejecutiva, Biden habilita nuevamente al Pentágono a realizar bombardeos en Somalia sin la aprobación de la Oficina Oval, algo que Trump había derogado.

A su vez, se confeccionó una lista de 12 líderes de Al Shabab, y los 500 soldados empezarán inmediatamente tareas de reconocimiento e inteligencia para identificarlos y abatirlos. Como dijo Biden en su primer Estado de la Unión: “América ha vuelto“.

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África

La filial de Al-Qaeda en África ya es el grupo terrorista que más rápido crece en el mundo

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La región del Sahel, en el África Subsahariana, se convirtió en el epicentro del terrorismo mundial, gracias al crecimiento de la filial africana de Al-Qaeda, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (GSIM).

Según el Índice Global de Terrorismo 2022, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (GSIM), mejor conocida como la filial de Al-Qaeda en África, establecida principalmente en el Sahel, ya es el grupo terrorista que más rápido crece en el mundo.

Con una extensa área de influencia en el noroeste africano, siendo Mali el país más afectado, el grupo extiende sus tentáculos por todo el devastado y empobrecido continente, siendo en 2021 los primeros a nivel mundial en cantidad de ataques y víctimas, aunque poco los medios hablan de ellos.

GSIM, nombrada en su idioma original Jama’at Nusrat al-Islam wal Muslimeen, fue creada en 2017 unificando a la pre-existente rama de Al-Qaeda en el Sáhara y el Magreb Islámico y a otros 3 grupos terroristas islámicos que respondían directamente a Osama Bin Laden, difunto fundador de la propia Al-Qaeda.

El GSIM tiene un ejército estimado entre los 800 y los 2.000 hombres en 2018, pero en 2021 se estimó en por lo menos 4.000 adeptos, lo cual lo convierte en la organización que más rápido está creciendo en el mundo.

Este fenómeno se explica por un importante pero insospechado aliado a la distancia: los talibanes de Afganistán. Previo a su llegada al poder, muchos de los terroristas africanos viajaban a las montañas de Afganistán a entrenarse con los talibanes. También, varios mujahadines visitaron la África Subsahariana en los últimos años para entrenar a los guerrilleros del GSIM.

Esa región, comprendida por los territorios de Níger, Malí, la República Democrática del Congo y Burkina Faso, se convirtió en el epicentro del terrorismo mundial. El 48% del total de las muertes por terrorismo en 2021 ocurrieron en el Sahel.

La conversión del Sahel en un bastión del terrorismo fundamentalismo islamico ha provocado un fuerte aumento de la violencia mundial. En 2021, las muertes por terrorismo cayeron apenas un 1,2 % a 7.142, mientras que la cantidad de ataques aumentaron un 17%.

El líder de la organización es Iyad Ag Ghaly, apodado “El Estratega”, de entre 67 y 68 años. Ghaly, nacido en lo que hoy es Mali (por ese entonces colonia francesa), participó en múltiples conflictos armados desde sus 16 años, incluyendo la guerra civil del Líbano, en la que luchó junto a las tropas libias del ex-dictador Muammar Gaddafi y las dos rebeliones tuareg (minoría étnica bereber) en el Sahel.

Fue ungido por sus pares como un líder guerrillero por su brutal reputación, que hoy aprovecha para ser considerado uno de los hombres más fuertes del yihadismo en África. Su figura logró unir a diferentes ramas de Al-Qaeda y varios grupos ex ISIS en una sola agrupación, que hoy está en dirección de convertirse en la más peligrosa del mundo.

La principal causa de este fenómeno es la salida de Francia del territorio de Mali a causa de la tensa relación entre la dictadura militar tras el golpe de Estado de 2020, y el gobierno de Macron.

La Operación Barkhane, que desde 2013 luchaba contra los yihadistas en el Sahel, fue detenida por Macron tras fallar en las negociaciones con los gobiernos de la zona. Esto, lógicamente, ha conllevado a un brutal incremento de la actividad terrorista en la zona, que venía siendo taponada por las fuerzas francesas, que hacían parte de la operación armada.

Jamā'at Nuṣrat al-Islām wa-l-Muslimīn | Observatorio
Soldado francés en Mali.

A su vez, la EUTM Mali, misión de entrenamiento de las autoridades de la Unión Europea a las fuerzas malienses, quedó suspendida temporalmente, a causa de la desconfianza europea con la Junta Militar maliense, lo cual es extraño porque los ahora dictadores fueron entrenados por Francia y otros países europeos.

La Junta Militar de Malí, está dejando de lado sus lazos con Europa (lo que se ve en las acciones hostiles contra la presencia francesa) para recurrir en cambio a Rusia y sus mercenarios del Grupo Wagner como garantías de seguridad.

El Proyecto Critical Threats del Instituto Americano de Empresa afirma en uno de sus análisis: que “GSIM está capitalizando la brutalidad y debilidad de la campaña del ejército maliense y el grupo Wagner, fortaleciendo sus lazos con la población vulnerable en las zonas afectadas“.

El sistema de combate contra los grupos terroristas que adoptó la Junta es inestable. Cuando el régimen maliense logra correr a los terroristas de una zona con el apoyo de mercenarios rusos, estos reimponen su control poco tiempo después, dada la poca capacidad de mantener en regla todos sus territorios a la vez ya que no tiene suficientes soldados para hacerlo. En vez de destinar recursos para entrenar nuevas tropas y poder mantener la estabilidad en todo el país, el régimen paga a Wagner para operaciones específicas que no logra avances a largo plazo.

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Túnez

Toda la oposición tunecina se une para intentar derrocar al dictador Kais Saied

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Diversos partidos de izquierda, centro y derecha tunecina han anunciado una amplia coalición opositora contra el dictador Saied, en un nuevo intento por detener su deriva autoritaria.

La oposición tunecina anunció una novedosa alianza contra el presidente, ahora devenido dictador, Kais Saied, quién en 2021, apenas dos años tras su asunción, decidió suspender el Parlamento y la Constitución nacional, para poder gobernar mediante el decreto y con poderes extra-presidenciales.

Bajo el nombre de Frente de Salvación Nacional la disidencia nacional se nuclea con el fin de “volver a la normalidad constitucional”, frenar la crisis político-económica y derribar por la vía democrática al autoritario jefe de Estado.

El frente fue presentado por Ahmed Nejib Chebbi, histórico dirigente de centro-izquierda secular, quién hoy forma parte del Partido de la Esperanza.

Los miembros del frente son:

  • Partido del Movimiento (centro-izquierda);
  • Partido de la Esperanza (centro liberal y secular);
  • Corazón de Túnez (centro secular);
  • Partido del Renacimiento (liberal en lo económico, conservador en lo social e islamista moderado);
  • Coalición por la Dignidad (extrema derecha conservadora y fundamentalistas islámicos).

En diciembre se espera que haya elecciones legislativas, en las que según las encuestas se espera que una posible lista respaldada por Saied no consiga por sí sola la mayoría, a pesar de que en el escenario de que hubiese elecciones presidenciales directas se estima que el mandatario vencería con un 84% de los votos, probando su fuerte respaldo popular.

Su figura es la única popular de su gobierno, y la población parece culpar de la actual crisis económica a todo su Gabinete y a sus diputados, pero no a él. Saied tomó el poder asegurando que la oposición le ponía palos en la rueda y no le apoyaba las medidas que estaba tomando para palear la crisis, pero las medidas, de corte socialista, no tuvieron efecto.

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