Luis Arce confesó en una reciente entrevista que no ejecutó la orden de aprehensión contra Evo Morales. Justificó su inacción con el argumento de evitar un enfrentamiento. Afirmó que Morales posee un “equipo armado” que lo protege en el Trópico de Cochabamba.
Esta revelación confirma la existencia de un poder paralelo que opera con total impunidad. El presidente se mostró más preocupado por evitar un “derramamiento de sangre” que por hacer cumplir la ley. Con ello dejó claro que la justicia en Bolivia depende de cálculos políticos y no del Estado de derecho.
Mientras tanto, Morales sigue libre, pese a una acusación por trata agravada de personas. Está acusado de haber tenido una relación con una menor y de haber tenido un hijo con ella cuando era jefe de Estado. Las autoridades no han actuado, y la víctima quedó en el olvido.
Durante la misma entrevista, Arce insistió en que su gobierno preservó la democracia. Dijo que resistió “movilizaciones” impulsadas por Morales, aunque éstas causaron muertes.
Impunidad para los asesinos

El reciente bloqueo de caminos dejó seis fallecidos, entre ellos cuatro policías. Sin embargo, Arce jamás cuestionó a Morales por esas víctimas. Tampoco ordenó su aprehensión por dirigir esas acciones violentas.
Lejos de defender la ley, Arce se victimizó. Asegura haber sido “atacado” por Morales desde que asumió el poder. Según él, el líder del Chapare destruyó el “instrumento político” y la “revolución democrática”.
Aun así, en lugar de sancionarlo, lo protegió. Ese acto solo puede interpretarse como complicidad.
Luis Arce también se refirió a la candidatura de Morales, a quien responsabilizó de dividir al oficialismo. Alegó que no existe proscripción, sino una restricción constitucional. Recordó que el Tribunal Constitucional ya prohibió una nueva reelección.
Sin embargo, Morales insiste en postularse por encima de la ley. Y Arce, en vez de hacerla respetar, permite la confrontación.
Una promesa lejana

Arce también afirmó que entregará el poder a quien gane las elecciones de agosto. Dijo que ese será su legado: un “tránsito democrático”. Pero, la democracia de Arce es aquella donde un delincuente prófugo impone condiciones desde su bastión armado.
Mientras, Luis Arce habla de democracia, también evita hacer cumplir una orden de aprehensión en contra del pedófilo. Su discurso se contradice con sus actos.
Durante años, Morales se movió con libertad pese a múltiples denuncias. Fue acusado no solo de corrupción, sino de crímenes más graves. Ninguna institución lo tocó, y Arce lo dejó intacto.










