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China

A diferencia de Estados Unidos, China busca utilizar al sector petrolífero para reactivar su economía

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Con el objetivo de apuntalar la lenta recuperación económica, el Partido Comunista Chino adelantó un segundo lote de cuotas de importación de petróleo crudo para 2023.

El pasado martes, la dictadura comunista china emitió un segundo lote de cuotas de importación de petróleo crudo para 2023, elevando el total para este año en un 20% en comparación con el mismo período del año pasado.

Al ser una economía dirigida, China establece un sistema de cuotas mediante el cual las refinerías pueden importar un cierto volumen de petróleo a lo largo del año. De esta manera, el Partido Comunista Chino (PCCh) logra controlar y regular el comercio e ingresos de estas refinerías.

Según el documento que presentó del Ministerio de Comercio, 44 empresas, en su mayoría las mencionadas refinerías independientes, recibieron 112 millones de toneladas en cuotas de importación en este nuevo lote.

Combinado con los 20 millones de toneladas en cuotas otorgadas a 21 refinerías por adelantado en octubre, el total de este año queda en 131,82 millones de toneladas, frente a los 109,03 millones de toneladas emitidos en el primer lote para 2022.

Este importante aumento va de la mano con los planes del régimen maoista de aumentar fuertemente el consumo, especialmente a nivel industrial, para salir de la recesión que atraviesa la economía china. Una estrategia que va directamente en camino opuesto al de Estados Unidos, que trata de salir de la crisis con energías renovables y programas económicos basados en el ecologismo.

Entre las refinerías incluidas en este nuevo lote de cuotas de importación, Zhejiang Petroleum & Chemical Co. recibió el mayor volumen con 20 millones de toneladas. Siguiéndola, Hengli Petrochemical Co. recibió 14 millones de toneladas y Shenghong Group recibió 8 millones de toneladas.

Esto significa que ya se ha emitido hasta el 70% de las asignaciones anuales de la mayoría de las refinerías independientes y se espera que se habiliten incluso nuevas cuotas, según reportaron a medios especializados algunos comerciantes que pidieron no ser identificados debido a la política de censura del Partido Comunista.

El apuro chino reflejado en el adelanto de octubre se puede ver en las fechas, puesto que el segundo lote de cuotas para 2022 fue lanzado en junio del año pasado, mientras que este año lo adelantaron a enero en una clara anticipación con el objetivo de reactivar la economía.

China se convirtió en 2016 en el país de mayor importación de petróleo del mundo

"La emisión está en gran medida en línea con la anticipación del mercado y sugiere que Beijing está tratando de impulsar la economía al permitir que las refinerías aumenten sus operaciones", dijo un comerciante de petróleo con sede en Singapur a Reuters.

Como se publicó previamente en La Derecha Diario, China está comprando cargamentos de crudo que normalmente se dirigirían a Europa, lo que asusta a los comerciantes de petróleo “físico” europeos.

En gran medida tras el embargo de la Unión Europea al petróleo crudo ruso, el cual entró en vigencia el pasado 5 de diciembre, China y la India se han convertido en los dos nuevos grandes consumidores de la producción petrolífera en el Ártico ruso.

Además, China ya compró 5 millones de barriles de crudo mayoritariamente proveniente de Kazajistán, un grado preferido por las refinerías europeas, para su recolección en un puerto en el Mar Negro en febrero.

Brasil

Lula le entrega a China su infraestructura eléctrica, su producción agrícola y la mayoría de sus cuotas de mercado

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La china State Grid adquirió derechos durante 30 años para operar la electricidad en el sureste de Brasil, mientras que el Gobierno de Lula firmó un acuerdo para entregarle 140 millones de hectáreas a China, y la reciente Reforma Tributaria evitó darle mayor competitividad a la industria nacional.

El presidente Lula da Silva le está cediendo áreas clave de la economía brasileña a empresas del Partido Comunista Chino. Pese a que el país no suscribió formalmente (al menos por ahora) a los acuerdos por la Iniciativa de la Franja y la Ruta, lo cierto es que se comporta como si lo hubiera hecho de todos modos.

En su primer año de gobierno, y en las próximas licitaciones que se concretarán en los primeros meses de este 2024, empresas controladas por el régimen de Xi Jinping adquieren cada vez más poder e injerencia en los sectores de inversión más importantes en el país más grande de Sudamérica.

Lula le entrega la infraestructura eléctrica a China

La gigante State Grid Corporation of China ganó la mayor subasta que se haya hecho alguna vez en la historia de Brasil, a partir de la cual adquirió derechos de explotación de servicios de transmisión de electricidad en el sureste de Brasil por un plazo de 30 años.

Gracias a esta medida, la empresa, que está bajo control directo del Partido Comunista Chino, tendrá el control directo del suministro de energía para Brasilia y San Pablo, la capital política y económica de Brasil respectivamente.

Esta operación sólo pudo ser posible gracias al visto bueno de la Agencia Nacional de Energía Eléctrica (ANEEL), ahora con una fuerte bajada de línea desde el petísmo. La entidad reguladora intercedió a favor de China, y deliberadamente en contra de todos los participantes restantes en la licitación. La subasta estableció una serie de restricciones por tipo de tecnología para beneficiar a las empresas chinas.

La State Grid Corporation es administrada principalmente por la dictadura de Xi Jinping, ya que la Comisión de Administración y Supervisión de Activos Estatales (SASAC) mantiene hasta el 91,7% de su paquete accionario. Asimismo, es la firma de distribución y energía eléctrica más importante de China, llegando a representar una cobertura superior al 88% del territorio del país.

La compañía tendrá bajo su control a una importante parte de la infraestructura eléctrica de Brasil, con lo cual el resultado es similar a los postulados establecidos en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, en donde las empresas chinas suelen trazar proyectos de inversión en infraestructura a cambio de garantías y plazos de concesión generosos.

A diferencia de las empresas del sector privado y de cualquier otro país, las empresas estatales de China no siempre obedecen criterios de eficiencia y cuanto menos de mercado, sino que por el contrario respaldan las directoras del Gobierno central (y en última instancia del Partido Comunista).

Si la licitación hubiera sido ganada por cualquier otra empresa privada, posiblemente se habría trazado un sendero de inversión de largo plazo, independientemente de los cambios de signo político en el país.

Pero como las empresas estatales de China responden también a criterios geopolíticos, un eventual cambio de signo político en contra del actual oficialismo (por ejemplo favorable al espacio de Bolsonaro) podría ser perjudicial tanto para la inversión como para el suministro de energía que provea la compañía State Grid.

Cutoas de Mercado

A diferencia de la política comercial de sus anteriores gobiernos, Lula ha cedido cuotas de mercado a las empresas chinas en el último año. El sector siderúrgico es uno de los más afectados, como es el caso de la empresa brasileña Usiminas, que luego de hacer campaña para Lula en 2022, ahora están siendo diezmados por el acero chino importado que el Partido Comunista envía con precios irrisorios subsidiados por el Estado, bajo un esquema de dumping. Usiminas ha tenido que reducir la producción y reducir cientos de puestos de trabajo.

El sector del automóvil teme una situación similar, ya que continúa la expansión de las empresas chinas de coches eléctricos, que ya controlan el 30% del sector en Brasil. En un mercado como el brasileño, donde siete de los diez mayores fabricantes de automóviles perdieron cuotas de ventas entre enero y octubre en comparación con el mismo periodo de 2022, los chinos BYD y GWM ganaron significativamente.

Se esperaba un cambio en el esquema tributario con la masiva reforma que lanzó Lula a fin de año, donde se le bajarían los impuestos al sector nacional, para poder tener un plano más competitivo con Brasil, pero finalmente el Gobierno socialista mantuvo todos los incentivos fiscales para las inversiones chinas hasta 2032, sin bajar un solo impuesto para la industria brasilera.

Incluso la petrolera nacional, Petrobras, anunció en la última semana del año que reabrirá su filial Petrobras China, cerrada durante el gobierno Bolsonaro, y que aumentará las cuotas de mercado que se venden a China. “Será una empresa brasileño-china”, dijo el presidente de la petrolera, Jean Paul Prates. En el tercer trimestre de 2023, China compró el 40% del petróleo brasileño.

Producción agrícola

En la última semana del año, el ministro de Agricultura de Lula, Carlos Fávaro, se reunió con una comitiva de funcionarios chinos. Según informa el diario Folha de São Paulo, en la visita se concretó un proyecto de inversión de Pekín en la recuperación de suelo brasileño considerado degradado, es decir, poco productivo, a cambio de una garantía de que lo que se produzca en ese suelo se enviará exclusivamente a China por los próximos 30 años.

Según la prensa brasileña, el Banco Nacional de Desarrollo Económico (BNDES) también estaría estudiando una línea especial de financiación para facilitar el proyecto. Sin embargo, muchos temen que esto institucionalice un peligroso mecanismo de dependencia de Brasil respecto a China.

Es importante aclarar que el gobierno de Jair Bolsonaro había puesto en marcha su propio programa de recuperación de tierras, PronaSolos, sin injerencia extranjera. Según datos del Ministerio de Medio Ambiente se trata de 140 millones de hectáreas equivalentes al 16,5% del territorio nacional.

Por el momento solo se había logrado financiar la recuperación del 5% de la superficie, pero muchos, incluso simpatizantes de Lula, se preguntan por qué no se invierte en este programa nacional en lugar de ceder parte de la producción nacional a los chinos.

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China

Máxima alerta en Washington: Hackers chinos están infilrando los servicios críticos de la infraestructura de Estados Unidos

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Piratas informáticos afiliados al Ejército Popular de Liberación han penetrado en los sistemas informáticos de unas dos docenas de entidades críticas.

Funcionarios de Seguridad Informática de la Casa Blanca han revelado al medio Fox News que el Ejército Popular de Liberación de China ha lanzado un masivo ataque cibernético para infiltrarse en las infraestructuras estadounidenses más importantes, incluidos los servicios públicos de electricidad y agua, así como los sistemas de comunicacionestransporte.

El objetivo de esta infiltración es el de interrumpir los servicios más críticos de la vida cotidiana en Estados Unidos. En realidad, por el momento se hacen para poner a prueba los sistemas de respuesta norteamericanos, y establecer protocolos de ataque en caso de que se necesiten en caso de conflicto entre Estados Unidos y China en el Pacífico, señalaron.

Si bien las fuentes informan que se han registrado una docena de ataques en el último año, aseguran que se han intensificado en los últimos días, tanto contra empresas públicas como privadas. Entre las víctimas se encuentran una empresa de suministro de agua en Hawai, que aprovisiona a toda la Flota del Pacífico.

En los últimos días también se registró un ataque a los sistemas informáticos de un importante puerto de la Costa Oeste y al menos un oleoducto gasoducto, según declararon las fuentes en un reciente informe de The Washington Post. Los piratas informáticos chinos también intentaron penetrar en el principal operador de la red eléctrica de Texas, que funciona independientemente de los sistemas eléctricos del resto del país.

En ninguno de estos ataques se afectaron los sistemas de control industrial que operan bombas, pistones o funciones críticas, ni se causaron interrupciones, según confirmó luego el gobierno. "Los ataques sugieren un intento de China de establecer un claro camino a complicar los esfuerzos de Estados Unidos para enviar tropas y equipos a la región si estalla un conflicto sobre Taiwán" señaló la principal fuente consultada.

Las revelaciones se basan en la evaluación anual de amenazas realizada mensualmente por la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, que advirtió de que China “casi con toda seguridad es capaz” de lanzar ciberataques que perturbarían las infraestructuras críticas de Estados Unidos, incluidos los oleoductos gasoductos y los sistemas ferroviarios.

“Si Beijing temiera la inminencia de un conflicto de gran envergadura con Estados Unidos, es casi seguro que consideraría la posibilidad de emprender operaciones cibernéticas agresivas contra las infraestructuras críticas y los activos militares de Estados Unidos en todo el mundo”, afirmaba la evaluación.

Volt Typhoon

Esta información ayudan a completar la imagen de una campaña de ataques cibernéticos de parte de hackers chinos denominada Volt Typhoon, detectada por primera vez hace aproximadamente un año por el gobierno estadounidense, mientras Estados Unidos y China entran en una nueva fase de lo que sin dudas es una Guerra Fría entre las superpotencias.

Los mandos militares chinos se negaron durante más de un año a hablar con sus homólogos estadounidenses, incluso cuando los aviones de combate chinos interceptaron de cerca aviones-espía estadounidenses en el Pacífico occidental. El presidente Joe Biden y el dictador chino Xi Jinping acordaron el mes pasado reestablecer esos canales de comunicación.

“Está muy claro que los intentos chinos de poner en peligro las infraestructuras críticas son, en parte, para posicionarse previamente y poder interrumpir o destruir esas infraestructuras críticas en caso de conflicto, ya sea para impedir que Estados Unidos pueda proyectar su poder en Asia o para causar el caos social dentro de Estados Unidos, para afectar a nuestra toma de decisiones en torno a una crisis”, dijo Brandon Wales, director ejecutivo de la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de Infraestructuras (CISA) del Departamento de Seguridad Nacional.

Esto supone un cambio significativo con respecto a la ciberactividad china de hace siete o diez años, que se centraba principalmente en el espionaje político y económico”, completó. Algunas de las víctimas comprometidas por Volt Typhoon eran empresas y organizaciones más pequeñas de diversos sectores y “no necesariamente las que tendrían una conexión relevante inmediata con una función crítica de la que dependen muchos estadounidenses”, agregó Eric Goldstein, subdirector ejecutivo de CISA.

Es posible que se trate de “ataques oportunistas… basados en los lugares a los que pueden acceder”, una forma de introducirse en una cadena de suministro con la esperanza de llegar algún día a clientes más importantes y críticos, explicó.

Morgan Adamski, director del Centro de Colaboración de Ciberseguridad de la Agencia de Seguridad Nacional, confirmó en un correo electrónico que la actividad de Volt Typhoon “parece estar centrada en objetivos dentro de la región Indo-Pacífica, para incluir Hawai”.

Frecuentemente, los hackers intentaban camuflar sus rastros al dirigir sus ataques a través de dispositivos aparentemente inofensivos, como routers domésticos o de oficina, antes de llegar a sus objetivos, según indicaron las autoridades. Su principal meta consistía en adquirir credenciales de empleados, las cuales podrían emplear para regresar y infiltrarse simulando ser usuarios regulares. No obstante, algunos de sus métodos de acceso aún no han sido identificados.

Los hackers buscan una forma de entrar y permanecer dentro sin ser detectados, dijo Joe McReynolds, miembro de estudios sobre seguridad en China de la Fundación Jamestown, un think tank centrado en cuestiones de seguridad. “Intentas construir túneles en la infraestructura de tus enemigos que luego puedas utilizar para atacar. Hasta entonces, te mantienes al acecho, llevas a cabo tareas de reconocimiento, averiguas si puedes introducirte en los sistemas de control industrial o en empresas u objetivos más críticos. Y un día, si recibes la orden de arriba, pasas del reconocimiento al ataque”.

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China

Estalla una nueva corrida bancaria en China: Los ahorristas sus depósitos masivamente del Banco de Cangzhou tras la caída del gigante Evergrande

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La economía del régimen de Xi Jinping enfrenta el segundo episodio de estrés financiero más grande desde abril del año pasado, cuando las autoridades decidieron imponer un corralito en la Provincia de Henan. Se corre el peligro de que la dictadura adopte medidas similares para contener los incesantes retiros.

Tras el colapso definitivo del gigante inmobiliario Evergrande, el cual se declaró en bancarrota desde el mes de agosto, todas aquellas entidades bancarias involucradas con la firma se vieron irremediablemente dañadas ante la posibilidad de no recuperar su inversión.

Los rumores no tardaron en llegar al público, primero con retiros de los inversores más importantes en el banco, y más tarde los ahorristas minoristas comenzaron a retirar sus depósitos a pasos agigantados. Se orquestó una nueva corrida bancaria contra las instituciones emparentadas por Evergrande.

Una de las entidades más severamente afectadas es el Banco de Cangzhou en la Provincia de Hebei , uno de los principales prestamistas de Evergrande antes del colapso. Esta entidad acumula una suerte de “activo basura” por 3.400 millones de yuanes (equivalentes a US$ 466 millones) en títulos de Evergrande de dudoso retorno. 

La institución trató de prepararse para la corrida y solicitó grandes cantidades de liquidez para paliar los retiros iniciales, con la esperanza de disipar la corrida desde un comienzo, pero los esfuerzos fueron infructíferos. Los ahorristas no fueron disuadidos, y dicen retirando sus depósitos todos los días.

El banco también recurre a préstamos con otras instituciones locales para hacer frente a los retornos, pero si la confianza no vuelve en última instancia el “efecto contagio” no tardará en llegar a cada vez más instituciones, precisamente a través de estos préstamos interbancarios.

La institución seguirá tratando de contener la corrida a partir del muero de efectivo que preparó, pero la estrategia eventualmente podría fracasar si no se reanuda la confianza en el sistema en las próximas semanas.

De esta manera, el régimen de Xi Jinping vuelve a enfrentar una situación de estrés financiero a gran escala por primera vez desde abril del año pasado. Por aquel entonces, las corridas afectaron a una serie de bancos en la Provincia de Henan, principalmente bancos rurales y regionales.

Como el sistema no pudo contener las corridas, la dictadura socialista tomó partido en el asunto y dispuso el congelamiento inmediato de todas las cuentas de los ahorristas, estableciendo un corralito similar al que vivió Argentina en el año 2001. Esta situación explicó, entre muchos otros problemas, la gran ralentización del crecimiento económico que China experimentó durante el año pasado.

Las autoridades podrían volver a instaurar un corralito contra los ahorristas si lo consideran necesario. Por lo pronto, el régimen actuó a través de la policía de Cangzhou para arrestar a cualquier persona “sospechosa” de difundir rumores que pudieran poner tan siquiera en duda la solvencia del Banco de Cangzhou.

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