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China, Reino Unido y EE.UU.: la carrera por la vacuna contra el coronavirus

Si bien a lo largo del mundo hay más de 200 equipos que de forma independiente están produciendo una vacuna contra el coronavirus, hay tres que parecen ser las más prometedoras. Así está el panorama de la vacuna más esperada del siglo XXI.

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Hace unos días se dio la noticia más esperada del año: los esfuerzos por desarrollar una vacuna contra el coronavirus están muy avanzados y algunos laboratorios superaron con éxito varios exámenes en humanos.

La noticia se dio por la vacuna que está siendo desarrollada por una investigación de Oxford, ampliamente respaldada por un paper publicado en la revista The Lancet, dio los primeros resultados exitosos en una muestra de 1.077 personas.

Siendo esta sin dudas la más avanzada, no es la única. Así está la situación de las vacunas a nivel mundial, resaltando a las 3 más importantes hasta la fecha.


CanSino Biologics (China)

Una de las primeras farmacéuticas en publicar avances sobre la vacuna contra el SARS-CoV-2 fue CanSino Biologics, una empresa privada China pero que trabaja para el Gobierno. 

CanSino asegura contar con las investigaciones más avanzadas en el desarrollo de la vacuna, no obstante, usa como base del proyecto un virus totalmente distinto al coronavirus, incluso de otra familia: el adenovirus.

Esta vacuna serviría solamente para atacar al nuevo coronavirus en algunos casos, pero a pesar de ello, ya está en fase de ensayos en humanos y, por orden del Gobierno, está empezando a adaptarse para la producción al mismo tiempo. 

Sin embargo, tal vez desconfiando de su verdadera eficacia, el Partido Comunista chino bloqueó a la empresa de probar la vacuna en la población civil, por lo que hasta ahora solo ha sido probada en soldados del Ejército chino y en voluntarios en Brasil, donde CanSino tiene otra sede de operaciones.

Autoridades de salud de países occidentales han desestimado esta vacuna y han recomendado esperar a comercializar una desarrollada por otro laboratorio.

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Oxford (Reino Unido)

La vacuna está siendo desarrollada por el Laboratorio Avanzado de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido. Esta vacuna es la más avanzada en el mundo occidental y se encuentra actualmente en la ultima fase de desarrollo.

En los últimos días se ha comprobado que estimula la producción de células T (células encargadas de poner en funcionamiento el sistema inmune) y anticuerpos específicos para las proteínas presentadas por el virus chino. 

La producción de esta vacuna se realizó modificando genéticamente un virus similar al SARS-CoV-2 y haciéndolo mucho más parecido al coronavirus, pero sin la parte letal del mismo. Este es introducido en las personas de manera inocua y el cuerpo desarrolla los anticuerpos necesarios para que el sistema inmune pueda vencer fácil y rápidamente cualquier futura infección del virus.

Asimismo, hasta ahora no presentó efectos secundarios severos; algunos pacientes presentaron dolor de cabeza cuando recibieron una dosis elevada de la vacuna. Hasta ahora, es la más prometedora.

Imágenes del Laboratorio de Oxford.

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Moderna (EE.UU)

Por último, se tiene la vacuna de la empresa biotecnológica Moderna, oriunda de Estados Unidos y ubicada en Massachussets.

Esta vacuna fue la primera en entrar en la etapa de ensayos en humanos. Sin embargo, se descubrió que había problemas con la intensidad calibrada en las aplicaciones. Aquellos pacientes que recibían una dosis baja de la vacuna ya presentaban un conteo de anticuerpos similar al de aquellos pacientes infectados con el virus, mientras que aquellos que recibían una dosis media (normal) de la vacuna, presentaban una cantidad mucho más elevada de anticuerpos y hubo pacientes con fatiga, escalofríos, dolores fuertes de cabeza y mialgia.

Esto, de todos modos, es muy prometedor, ya que si se pudiera calibrar bien la dosis sería rápidamente la primer vacuna que podría lanzarse al mercado.

Moderna es una de las pocas compañías del mundo que desarrollan vacunas de una manera muy peculiar. En vez de meter en la vacuna una versión “débil” del virus a inmunizar, se inyecta un lípido sintético mensajero de RNA (mRNA) que le indica al cuerpo que tiene que producir la proteína exacta para desarrollar los anticuerpos que maten al virus. 

De esta manera, el cuerpo humano nunca entra en contacto con el virus durante el proceso de vacunación, y en términos de costos y escala de producción, este método es imbatible.

De todos modos, la FDA (agencia de regulación de alimentos y medicamentos) no se ha mostrado muy favorable a certificar este tipo de vacunas y todo indica que si otro competidor estadounidense con el método clásico llega al mismo tiempo a la etapa de producción, la agencia optará por ellos.

Por último, la empresa neoyorquina Pfizer y la neojerseyés Merck, con el método clásico, le están pisando los talones a Moderna y están probando la vacuna en más de 30 mil voluntarios en todo el mundo, como Bolivia, Argentina, Brasil, Francia, Canadá y Estados Unidos.

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Coronavirus

¿Dónde están los ambientalistas? El negocio de los barbijos de plástico por encima del Medio Ambiente

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Mientras los gobiernos del mundo insisten en sus políticas “verdes”, se olvidan que los mandatos de uso obligatorio de barbijo están generando una contaminación, especialmente en los mares, como nunca se ha visto en la historia.

Hace unos días se descubrió un barbijo descartable en las heces de una tortuga marina en peligro de extinción en la costa noreste de Japón, lo que alarmó a varias agrupaciones ambientalistas sobre el alto impacto que tiene la contaminación de la pandemia en el ecosistema.

Si bien es sabido que las tortugas suelen comer plástico por accidente, nunca antes se habían encontrado restos de una mascarilla sanitaria en sus desechos. Esto alarmó no sólo a ambientalistas sino a varios especialistas de protección marina que critican lo mal que se planificó las consecuencias de la pandemia y su impacto ambiental

Los barbijos desechables están hechos con una tela a base de fibras continuas de polipropileno, un tipo de plástico que se descompone recién a los 20 o 30 años.

Además, las mascarillas disponibles comercialmente contienen estabilizadores para evitar que el plástico se deteriore con la exposición a rayos ultravioleta. Estos estabilizadores son disruptores endocrinos, lo que significa que interferirá con los sistemas hormonales de los organismos de los animales que los consuman o tengan contacto con ellos.

Aquí es cuando uno debe preguntarse: ¿Dónde están los alarmistas del cambio climático y los ecologistas que piden reducir la producción mundial hasta de insumos básicos para reducir la contaminación?

El barbijo desechable encontrado dentro de una tortuga en Japón que despertó la polémica.

Se ha demostrado que los barbijos que se venden comercialmente tienen poros más grandes que el tamaño del virus del COVID-19, y algunos de peor calidad incluso tampoco frenan las micro-gotitas de saliva que suelen ser uno de los mayores vectores de contagio por contener el coronavirus.

Con gran parte de la población mundial vacunada, no se entiende en un primer análisis por qué se sigue obligando a la gente a usar barbijos, especialmente gobiernos que han puesto un enorme énfasis en políticas verdes, como los de Alemania o Canadá.

Mientras proyectos de inversiones multimillonarias que darían trabajo a miles de personas son trabados por años gracias a estudios de impacto ambiental, no se realizaron planificaciones previas sobre el impacto que el uso desmedido de barbijos, guantes y demás desechos plásticos sanitarios tendrían sobre el medio ambiente.

Si bien en un primer momento la pandemia era una “emergencia” y se tuvieron que tomar “medidas drásticas”, dos años después ya sabemos prácticamente todo sobre el virus y aún así los gobiernos nunca hablaron del impacto ambiental de todo esto.

No por nada existen tan pocos estudios sobre el impacto ecológico de la pandemia y aquellos que se atreven a publicarlos son acusados de negacionistas. ¿Será por eso que casi ninguna ONG ecologista ha hablado sobre este tema?

Las ironías de la pandemia y por qué sigue siendo obligatorio el barbijo

En las primeras semanas de la pandemia, en marzo del 2020, el Departamento de Salud de los Estados Unidos recibió una carta de la Asociación de la Industria del Plástico solicitando un anuncio público del gobierno elogiando los beneficios para la salud y la seguridad de los barbijos de plásticos desechables y refiriéndose en contra de las prohibiciones de estos tipos de materiales.

No es difícil recordar la cantidad de campañas que vimos en todo el mundo recomendando el uso de barbijos desechables, guantes de plástico y demás material sanitario plástico incluso después de que se comprobó en un estudio de que el virus podía sobrevivir más tiempo en superficies plásticas por sobre la de otros materiales. 

Un detalle no menor es que las medidas de confinamiento redujeron drásticamente la demanda de petróleo en todo el mundo, y sus precios llegaron a caer a mínimos históricos. Como resultado, el costo de producir plásticos vírgenes se hizo menor al de los materiales reciclados.

Pero por la alta demanda, los precios de los productos plásticos no solo no se redujeron, sino que aumentaron a precios ridículamente altos, generando ganancias millonarias a los productores de plásticos y a los laboratorios farmacéuticos, que continúan haciendo lobby para que los gobiernos no saquen el mandato de uso obligatorio de barbijos.

Lo cierto es que con la pandemia de Covid no importó el medio ambiente que tanto desvela a muchos como suelen decir y fue una pantalla oportuna para que determinados sectores aumenten sus ganancias a costa de obligaciones decretadas por el Estado.

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Coronavirus

La OMS recomendó una cuarentena de 14 días para frenar la variante ómicron, incluso para vacunados

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Ante la ola de Ómicron, el director de apoyo de la OMS recomienda a los países imponer una cuarentena de 14 días para los pacientes con Covid luego de que se curen de la enfermedad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) se olvida de la ciencia y cae ante el pánico generado por los medios. Mientras la mayoría de las personas infectadas se recuperan de la nueva variante ómicron en un plazo de cinco a siete días, la OMS reafirmó que recomienda una cuarentena de 14 días para evitar expandir el virus.

Así lo aseguró Abdi Mahamud, del Equipo de Apoyo de la OMS para la Gestión de Incidentes relacionados con el Covid-19, quien explicó que un período de cuarentena más largo podría ayudar a mantener bajas las cifras de casos en los lugares menos comprometidos.

Sin embargo, hizo un reparo al hablar de los países más afectados, donde las cuarentenas más breves “podrían justificarse” para lograr que los países sigan funcionando.

También hizo referencia al nuevo fenómeno que están reportando los medios que promueven el pánico, la “flurona“, que implica contagiarse del SARS-CoV-2 al mismo tiempo que un virus de la comunidad. Según Abdi, “es posible contagiarse al mismo tiempo de influenza y de Covid-19, ya que los virus atacan al cuerpo de diferentes maneras“.

La “flurona” ya existe desde el momento en que empezó la pandemia, y durante los últimos dos años hubo miles de casos de personas contagiadas de varias enfermedades, incluida la gripe estacional, además de Covid. Pero ahora los medios han descubierto que usando esta palabra pueden generar un nuevo pánico en la sociedad y han empezado a reportar estos casos también.

El director de apoyo de la OMS también debió responder ante las consultas sobre si es posible que una persona con gripe y Covid genere una enfermedad nueva. “Existe poco riesgo de que se combinen para formar un nuevo virus“, aseveró, en algo que cualquier persona con el secundario completo sabe. Los virus de diferentes especies no se combinan, si no que mutan.

De acuerdo con la OMS, un total de 128 países habían reportado casos de la variante ómicron, en su gran mayoría con síntomas leves o asintomático. En Sudáfrica, país donde primero se registró, tuvo un drástico incremento de contagios seguido de una caída rápida, y las tasas de hospitalización y defunción se mantuvieron bajas en todo momento.

“Aunque todos los estudios más recientes apuntan al hecho de que la variante ómicron afecta el sistema respiratorio superior en lugar de los pulmones, lo cual es una buena noticia, esta cepa es altamente contagiable y los individuos con alto riesgo y los no vacunados todavía podrían enfermar gravemente por causa de la variante, y morir”, dijo Abdi. “El mundo nunca vio un virus tan transmisible“, conluyó.

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Entre más capitalista un país, más preparado para la pandemia está

A nivel mundial, los países más capitalistas son los que mejor han enfrentado los desafíos del coronavirus, con efectivos tests a la población y un exitoso distanciamiento social. Mientras que los países socialistas ni se esfuerzan en conocer los verdaderos números.

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Nota de Emilio Yitzhak, editor de la sección “Latinoamérica”

Resulta bastante paradójico ver que quienes ayer cantaban “el Estado opresor es un macho violador”, hoy comunican a través de su iPhone en Twitter que “te cuida el Estado, no el mercado”.

La pandemia se trata de una situación que amenaza la seguridad de los ciudadanos, y exactamente para eso tenemos al Estado. Sin embargo, si se analiza a fondo, el Estado necesita de un mercado para afrontar este tipo de emergencias, y en múltiples casos, este último ha superado a los gobiernos en cuanto a su reacción ante la crisis.

¿Cuáles son los países que mejor han afrontado esta emergencia? Aquellos que tienen los mercados más libres. Es por lógica: un mercado rico genera más capital para el gobierno, así como recursos clave en manos de la población para enfrentarse a este tipo de emergencias (laboratorios y hospitales privados, equipo médico, químicos sanitizantes, entre otros). En un libre mercado, en donde el estándar económico de la población sube, los ciudadanos tienen más facilidad para resguardarse en casa sin morir de hambre. 

Muchos pueden trabajar en línea por medio de plataformas facilitadas por instituciones privadas. En cambio, en Estados intervencionistas, hoy vemos que la gran mayoría de las personas requieren de seguir exponiéndose en las calles y, desgraciadamente, eligen entre morir por el virus chino o morir de hambre.

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Inclusive, hemos visto instituciones privadas brindando a los gobiernos y a los ciudadanos recursos para afrontar la crisis: Lamborghini ahora utiliza su línea de producción para fabricar cubrebocas, Mercedes-Benz readaptó sus fábricas para producir respiradores, Grupo Modelo dona gel antibacterial producido en sus plantas cerveceras, Medtronic liberó su patente de respiradores para que se puedan producir en todo el mundo, laboratorios y universidades privadas que se suman a la búsqueda de una vacuna, entre miles de otras empresas que se suman al combate contra el COVID-19.

Otro punto importante que debemos considerar es que el culpable de esta pandemia no fue un país capitalista ni democrático, sino la dictadura dirigida por el Partido Comunista Chino

Hoy en día sabemos que este régimen persiguió y silenció a los médicos y periodistas independientes que intentaron alarmar al resto del mundo sobre el peligro de este virus. Según un análisis de la Universidad de Southampton, el número de casos de COVID-19 se pudo haber reducido en un 86% si las primeras medidas que se tomaron el 20 de enero se hubiesen implementado dos semanas antes

Desgraciadamente, el estatismo chino, en conjunto con la institución burocrática de la Organización Mundial de la Salud, manipuló información e impidió que el mundo pudiese reaccionar a tiempo.

La realidad siempre rebasa a la ideología y, día a día, se comprueba: el capitalismo no sólo es el mejor sistema para combatir a la pobreza, lo es también el mejor para enfrentar todo tipo de crisis; por otra parte, el socialismo, no sólo es incapaz de enfrentar las crisis, este mismo las crea.

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