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25/05/2020

Revolución de Mayo: la Jornada Patriótica y el nacimiento de Argentina

Este 25 de mayo, el primer gobierno de la Patria Argentina cumple 210 años. Esto amerita un recorrido histórico por la semana en la que aconteció la Revolución de Mayo y concluyó con la Primera Junta y el nacimiento de un nuevo país.

Portada
Un 25 de mayo muy peculiar vivirá Argentina este año, sin reuniones familiares, sin actos en Plaza de Mayo, con la manifestación pública criminalizada por el actual gobierno kirchnerista que, cada vez, se excede más en sus funciones republicanas. 
A pesar de todo, Argentina cumple 210 años de historia, lo cual amerita, hoy más que nunca, un recorrido histórico de lo que pasó y cómo esto no sólo afecta nuestro presente, sino que afectará nuestro futuro.

El viejo amo o ninguno

Esta historia inicia atrás, mucho tiempo atrás. Más precisamente en junio de 1806, con la expedición inglesa que ocupó la capital del entonces Virreinato del Río de la Plata, Buenos Aires. El general británico, William Carr Beresford, apenas si encontró resistencia de un bando dejado para defender la ciudad por el desaparecido virrey Rafael de Sobremonte, donde alentaba a los hombres de la milicia a retirarse al fuerte y ofrecer una "honrosa capitulación".

Todos los funcionarios del Virreinato español juraron fidelidad al rey Jorge III del Reino Unido, todos menos uno; Manuel Belgrano, que en ese entonces era secretario perpetuo del Consulado de Comercio. Se negó rotundamente a jurar nuevamente por otro amo y huyó a una chacra en la Banda Oriental. 
Al poco tiempo las milicias se reorganizaron y una expedición al mando de Santiago de Liniers, un militar de origen francés pero que servía a la Corona española, derrotó finalmente a los invasores ingleses tras 46 días de ocupación y una dura pelea en la Plaza del Fuerte, actual Plaza de Mayo. 
La debilidad institucional generada por la huida del cobarde virrey Sobremonte era palpable, y culminó con su destitución y el nombramiento por parte del Cabildo del victorioso Liniers como nueva autoridad.
Este acto de autonomía por parte de los habitantes del virreinato del Río de la Plata, que daban sus primeros pasos en lo que sería una política representativa, iniciaba un proceso de rebeldía que había nacido del desentendimiento de España hacia la protección de estas tierras.

Santiago de Liniers, funcionario de la Corona española encargado de repeler los ataques ingleses sin ayuda del Rey.

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El siguiente año, 1807, no haría mas que reafirmar esta sensación de autonomía.

Insatisfechos y humillados por la derrota, Gran Bretaña vuelve a la carga un año después con una fuerza invasora fuertemente armada y pertrechada, diez veces mas grande que su predecesora. Al mando de los 12.000 hombres del Rey, estaba el general John Whitelocke, la Union Jack flameaba al son de sus tropas, las cuales avanzaban a sangre y fuego por Quilmes y luego se dividían en once columnas para apoderarse de la ciudad. Claramente esto fue un error, porque con la experiencia de la vuelta anterior, los porteños estaban mas que listos. 
8.000 hombres al mando de Martín Álzaga y Santiago de Liniers aguardaban expectantes la llegada del invasor. Toda la ciudadanía se movilizó, hostigando al enemigo a medida que avanzaba. Pese a su éxito inicial en la batalla de los Corrales de Misserere, los combates se endurecieron en el seno de la ciudad, quedando inmovilizados los británicos en una lucha desesperada. Tras tres días de violentos enfrentamientos y 3.000 bajas entre muertos y heridos, Whitelocke se rindió. 
Los festejos y la algarabía era total y por primera vez estas provincias perdidas en el sur del mundo empezaban a defenderse y pensar por sí mismas.
"Queremos al viejo amo o a ninguno", aseveró Manuel Belgrano al negarse jurar fidelidad a la Corona Britanica

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, economista, militar, político, ideólogo principal de la Revolución Argentina, y luego creador de la bandera celeste y blanca.

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Pero, ¿de verdad queríamos al Viejo Amo?

El accionar de los vecinos y de la masa popular de Buenos Aires y su campaña dejó en claro que la colonia no era en absoluto dependiente de Madrid, lo que se agravó aún más cuando en mayo de 1808 Napoleón invadió España e hizo abdicar, primero al rey Carlos IV y, posteriormente, a su hijo Fernando VII, en favor de su hermano, el francés José Bonaparte. 
España se sumió en una crisis institucional que no se veía desde la ocupación islámica varios siglos antes. Tanto en el viejo como en el nuevo continente, gran parte de la población proclamó el desconocimiento de la nueva autoridad francesa y comenzaron la conformación de juntas provinciales que en teoría resguardaban el poder en nombre del depuesto Rey. 
Todas esas juntas se agruparon en torno a una central, la de Sevilla, que rápidamente designó a Baltasar Cisneros como nuevo virrey del Río de la Plata en lugar del sospechado de traición por su origen francés, Santiago de Liniers.
La designación de Cisneros fue muy resistida por los locales; ya habían demostrado su capacidad de autonomía y Liniers había demostrado ser un líder muy querido. 
En ese momento se iniciaron las conspiraciones revolucionarias. 

Baltasar Cisneros, nacido en Cartagena, España, fue el último virrey del Río de la Plata.

Un grupo de revolucionarios que se había lucido en la Reconquista iniciaron una serie de reuniones secretas en la Jabonería del empresario Hipólito Vieytes. Ellos eran Cornelio Saavedra, Jefe del Regimiento de Patricios, Juan José Paso, oriundo de Buenos Aires, empresario, político y gran orador, Manuel Belgrano, en ese entonces secretario del Consulado de Comercio, una especie de ministro de Economía del virreinato, salvando las distancias, Juan José Castelli, vicesecretario de Belgrano en el Consulado, y Nicolás Rodríguez Peña, empresario, financista del emprendimiento revolucionario y el otro dueño de la Jabonería. 
Estas conjuras serían la clave para el desenvolvimiento que los hechos tomarían a partir del 18 de mayo de 1810.

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La chispa que despertó la revolución

El 18 de Mayo del año 1810 arribó al puerto de Buenos Aires la Fragata Inglesa Mistletoe. En ella se traían periódicos que confirmaban lo que todos sospechaban, la Junta Central de Sevilla había caído
Con ello el virrey Cisneros perdía toda legitimidad en los ojos de los habitantes del virreinato, ya que el organismo que lo había designado no existía más. En consecuencia, Cisneros elaboró una proclama donde se comprometía a establecer una Regencia en las Américas a fin de preservar el poder de Fernando VII. 
Sin embargo, las cartas ya estaban echadas y esa misma noche los jóvenes revolucionarios se reunieron en la casa de Rodríguez Peña y decidieron exigirle al virrey la convocatoria de un Cabildo Abierto para tratar la situación en la que quedaba el virreinato después de los hechos acontecidos en España. Castelli y Martín Rodríguez, otro militar revolucionario, fueron designados para entrevistarse con Cisneros.
Durante toda la noche del 18 y todo el día del 19, los revolucionarios mantuvieron numerosas reuniones, como por ejemplo con el alcade Lezica y el síndico Leiva, para convencerlos de convocar a un Cabildo Abierto.
El domingo 20 el virrey Cisneros reunió a los jefes militares y les pidió su apoyo ante una posible rebelión, pero todos se rehusaron a brindárselo. Por la noche, Castelli y Martín Rodríguez insistieron ante el virrey con el pedido de llamar a un Cabildo Abierto. Éste se negó rotundamente y trató de locos e impertinentes a quienes deseaban lo mismo. Martín Rodríguez, entendiendo que el virrey no se había dado cuenta todavía de la magnitud del espíritu revolucionario, le explicó que tenía solamente cinco minutos para decidir antes de que en esa habitación ocurriera una calamidad. 
Resignado, el virrey accedió y convocó a una reunión el día 22.
Ya que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran”, sostuvo el virrey Baltasar Cisneros
Durante la mañana del lunes 21, el Cabildo sesionaba como era habitual, atendiendo los asuntos coyunturales que reclamaban el buen orden y vivencia de la comunidad, sin mencionar nada del Cabildo Abierto que el virrey aparentemente había convocado.
Prontamente tuvieron que detener sus tareas al sentir el clamor de una multitud de 600 hombres que reclamaban a gritos la concreción del Cabildo Abierto prometido por el virrey
Los muchachos, dirigidos por Domingo French y Antonio Luis Berutti, dos políticos revolucionarios de la época, que se denominaban a sí mismos como la "Legión Infernal" y estaban armados con puñales y pistolas. 
Los cabildantes finalmente ceden al clamor popular y acceden a su petitorio y convocan formalmente un Cabildo Abierto para el día siguiente. Sin embargo, los chisperos no se dispersaban; fue necesaria la intervención de Cornelio Saavedra, al frente del cuerpo de los Patricios, y su promesa ante la gente que las milicias los respaldaban, para que éstos finalmente abandonen la Plaza.


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El martes 22 de 1810 inició el tan ansiado Cabildo Abierto. 

251 vecinos acudieron a la cita y 600 más esperaban ansiosos en la Plaza por alguna noticia, encabezados por los temidos chisperos, French y Berutti. 
Los ánimos en el recinto se fueron calentando cuando comenzaron los discursos; destacándose las intervenciones del Obispo Lue de Riega y del doctor Juan José Castelli, tanto para el bando realista como para la causa patriótica.

Lue era asturiano y en el cénit del debate exclamó:
"El mando sólo podrá venir a manos de los hijos del país cuando ya no hubiese un solo español en América"

Su retorica era convincente y decisiva, fijó una posición extrema y sentó una postura contundente a favor de España. 

Abrumados los patriotas, Castelli, designado por ellos como su orador principal, dudó de intervenir, pero dos de sus hombres los tomaron de los hombros y lo animaron a replicar.

Avanzando hacia el centro del auditorio con taimada calma, el doctor y líder revolucionario desplegó todos sus conocimientos para rebatir uno a uno los argumentos del Obispo. Los concurrentes estaban excitados, eufóricos, el público gritaba ante cada refutación de Juan José, quien concluyó su respuesta con una demoledora frase:

"Los derechos de la soberanía han revertido al pueblo de Buenos Aires, que ahora puede ejercerlos libremente en la instalación de un nuevo gobierno, principalmente no existiendo ya, como se supone no existir, la España en la dominación de Fernando VII"
La solidez de las palabras de Castelli eran indudables, sin embargo, el fiscal y jurista español, Manuel Villalota, replicó tenazmente que en todo caso no es solo Buenos Aires quien debería solicitar el derecho a la soberanía, sino todos los pueblos del virreinato, y que los reclamos por parte de Buenos Aires no tendrían validez propia si no fuera todo el territorio colonial el que pidiera su autonomía.
La replica de Villalota fue especialmente dolorosa por el respeto que se le tenía, aún entre los revolucionarios, como una figura de mucho conocimiento, el cual aborda un hueco que Castelli no previno en su argumento. 
Así y todo, la estocada final vendría de parte de Juan José Paso, cuya intervención dejaría impotente al fiscal realista, al afirmar que bajo esa idea de la soberanía de los pueblos, considerando la débil posición de la península y las innumerables amenazas exteriores que se cernían sobre Buenos Aires, se debía conformar una Junta Provisional que gobernara en nombre de Fernando VII para todo el territorio.
El alegato fue decisivo y demoledor. Para el final de la sesión, se había concluido que el virrey sería depuesto y se llamaría a una junta provisional de gobierno.

Juan José Castelli, el gran orador de la Revolución, convenció al Cabildo de establecer un gobierno autónomo. 

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Libertad o Muerte

El jueves 24 el Cabildo no honró lo discutido y designó una junta de gobierno presidida por el mismo virrey e integrada por cuatro vocales: los españoles Juan Nepomuceno Solá y José de los Santos Inchaurregui, y los criollos Juan José Castelli y Cornelio Saavedra, burlando absolutamente la voluntad popular. 
Esto rápidamente provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Castelli y Saavedra renunciaron a integrar esta junta. Muchos, como Manuel Belgrano, fueron perdiendo la paciencia. 
Cuenta Tomás Guido en sus memorias:
“En estas circunstancias el señor Don Manuel Belgrano, mayor del regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala contigua, reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias observando la indecisión de sus amigos, púsose de pie súbitamente y a paso acelerado y con el rostro encendido por el fuego de sangre generosa entró al comedor de la casa del señor Rodríguez Peña y lanzando una mirada en derredor de sí, y poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada dijo: “juro a la patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas.”
Esa misma noche una patota enfurecida al mando de Castelli y Saavedra le fueron a exigir al virrey su renuncia. Cisneros, entendiendo finalmente lo que estaba pasando, abdicó y se disolvió así esta traicionera junta. Se convocó a un nuevo Cabildo Abierto para el día 25.


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25 de Mayo de 1810

Ese viernes amaneció frío y lluvioso, pero a los miembros de la Legión Infernal y a los simpatizantes de la causa revolucionaria poco les importaba. Reunidos desde temprano aguardaban la designación de una junta acorde a la voluntad que el pueblo había manifestado, hasta ahora, por la palabra. Pero si era necesario, estaban dispuestos a explicitar sus ideas con ayuda de las armas.
El tiempo pasaba y las deliberaciones se demoraban. La gente se fue retirando de la Plaza y en el interior del recinto del Cabildo la milicia le hacía saber a la antigua junta que no contaban con su respaldo y que debían renunciar para preservar su vida. 
El síndico del Cabildo salió a los balcones y clamó por el pueblo; en respuesta Domingo French hizo acto de presencia en el histórico edificio. Haciendo gala de su tradicional carácter diplomático, le explicó a los cabildantes que el pueblo estaba en los cuarteles esperando su decisión, y que si se demoraban más en decidirse, el pueblo que tanto anhelaban vendría a hacerles saber su opinión, aunque sería de todo menos una charla pacífica.
El ultimátum funcionó y en la sesión del Cabildo Abierto del día 25 de Mayo de 1810 se conformó una junta provisional de gobierno compuesta exclusivamente por revolucionarios criollos:
  1. Presidente: Cornelio Saavedra
  2. Secretarios: Juan José Paso y Mariano Moreno
  3. Vocales: Manuel Belgrano. Juan José Castelli, Domingo Matheu, Juan Larrea, Miguel de Azcuenaga y Manuel Alberti.

La "Primera Junta" juró en nombre de Fernando VII, aunque esto fue una "máscara", como señalan los historiadores; un pretexto para ganar tiempo y desviar la mirada de los españoles y de los franceses por un tiempo. La realidad es que a partir de ese momento, nunca más se habló de la Corona española ni hubo intenciones monarquistas en el territorio que ahora conocemos como la República Argentina.
El tortuoso pero glorioso y fundamental camino a la independencia se inició en ese instante, que finalmente puso fin al colonialismo español en la región y prendió la llama de una nueva Patria Argentina, que hoy cumple 210 años de Historia.

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