Mientras Arsenal se hunde en la miseria tras la muerte de Don Julio, varios clubes vinculados al actual presidente de la AFA triunfan en el fútbol argentino
La historia reciente del fútbol argentino parece confirmar un patrón repetido: los clubes vinculados al poder político o dirigencial ascienden y tienen éxito, mientras los que pierden respaldo se hunden en las categorías del ascenso.
El caso de Arsenal de Sarandí es el más elocuente. Fundado en los años 50, pero transformado en protagonista recién en las últimas décadas, el club vivió su época dorada de la mano de Julio Humberto Grondona, eterno presidente de la AFA e histórico dirigente del equipo del Viaducto.
Bajo su influencia, Arsenal alcanzó hitos impensados: campeón de la Copa Sudamericana 2007, ganador del Clausura 2012 y de la Copa Argentina 2013, entre otros logros que lo convirtieron en una rareza del fútbol argentino. Sin embargo, tras la muerte de Grondona en 2014, la protección desapareció. En pocos años sufrió dos descensos casi consecutivos: de Primera a la B Nacional y, recientemente, a la B Metropolitana. La caída fue tan abrupta como había sido su ascenso.
Arsenal cayó a la B Metro
En paralelo, la era de Claudio "Chiqui" Tapia al frente de la AFA trajo un nuevo mapa de poder, el cual es incluso más alevosa. Equipos históricamente relegados o con poco peso en el escenario nacional encontraron la vía rápida hacia la elite.
Barracas Central es quizás el ejemplo más claro. El Guapo tiene vínculos familiares directos, el Chiqui fue presidente del club, actualmente su hijo Matías Tapia ocupa su puesto e Iván, su otro hijo, es jugador del primer equipo. En cuanto a lo deportivo, logró el salto a Primera de manera cuestionable, ascendiendo de la B Metropolitana a la B Nacional en 2019 y luego a la máxima categoría en 2021 con muchas polémicas en el camino.
Para colmo, hoy en día es uno de los líderes de su zona en el Torneo Clausura y se está metiendo en la clasificación a la Copa Sudamericana en la Tabla Anual.
Barracas es el equipo del presidente
Algo similar ocurre con Deportivo Riestra, equipo de Victor Stinfale, hombre muy cercano al mandamás de la AFA. De ser un equipo de la Primera D en 2014, tuvo un ascenso meteórico en el fútbol argentino hasta su desembarco enPrimera en 2023, con episodios que son igual o más escandalosos que los de Barracas.
Además, al igual que el club del presidente, es uno de los mejores de su en el Clausura y está muy cerca de entrar al puesto de repechaje a la Copa Libertadores.
Riestra es otro de los mayores beneficiados
Por otra parte, existen otros clubes de Primera que cuentan con su apoyo. Sarmiento de Junín e Independiente Rivadavia de Mendoza son algunos ejemplos de instituciones beneficiadas con ascensos resonantes en este período, muchas veces rodeados de sospechas por arbitrajes polémicos y reglamentos acomodados.
Sin embargo, su influencia no para ahí, ya que el fenómeno se repite en categorías menores. Camioneros, el club del sindicato de los Moyano, fieles soldados de Tapia, consiguió un doble ascenso consecutivo que lo catapultó a la B Metropolitana.
Camioneros ascendió a la B Metro
En la misma lógica, Deportivo Madryn, vinculado políticamente al intendente de la ciudad, sueña con llegar a jugar en Primera División tras clasificarse a la final por el primer ascenso que, de concretarse, confirmaría cómo la política local puede abrir puertas en el fútbol nacional.
El contraste es inevitable: mientras unos ascienden de la mano del poder, otros se hunden sin esa red de protección. El fútbol argentino, en definitiva, no sólo se juega en la cancha, sino también en los pasillos de la AFA y en los despachos de la política.