Tras esta histórica hazaña, que además le significó el récord de la nación más pequeña en conseguirlo, el gobierno caboverdiano decretó una jornada de fiesta nacional y las actividades cesaron al mediodía para que toda la población pudiera seguir el partido. En las calles de Praia y de las principales islas del archipiélago se multiplicaron los festejos, con una emoción que también alcanzó a los más de 1.5 millones de caboverdianos que viven en el exterior, principalmente en Portugal, Francia, Italia, los Países Bajos y Estados Unidos.











