Cuando todo parecía indicar que la Selección de Italia tenía cerrado a su nuevo entrenador, una inesperada polémica frenó las negociaciones. Andrea Pirlo, principal candidato para asumir la conducción de la Azzurra tras la negativa de Pep Guardiola, quedó bajo la lupa por su vínculo con la mayor casa de apuestas de Rusia.
La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) había comenzado a avanzar en la elección del sucesor con el respaldo de Paolo Maldini, quien asumirá un rol clave en el nuevo proyecto deportivo, y de Leonardo Araújo como asesor. Ambos impulsaron el nombre de Pirlo por considerar que representa una combinación de tradición y renovación para iniciar un nuevo ciclo con el objetivo de clasificar al Mundial 2030.











