Incluso el propio ganador levantó los brazos pidiendo que se diera por terminada la pelea, mostrando un gesto de profesionalismo al no seguir castigando con potencia. La intervención arbitral llegó varios segundos tarde, cuando el daño ya estaba hecho.
La secuencia generó indignación en redes sociales, que apuntaron duramente contra el árbitro, poniendo en duda su capacidad profesional e incluso acusándolo de algún tipo de arreglo previo para dejar continuar la pelea.
Sea cual sea la motivación de Soares, este episodio reaviva un debate recurrente en las MMA: la necesidad de mejorar la capacitación, selección y supervisión de los árbitros, pieza clave para garantizar la integridad de los competidores. En este caso, la actitud de Oliveira, que pidió detener la pelea, fue destacada como un acto de respeto y profesionalismo frente a la omisión arbitral.