El Estadio Maracaná, símbolo del fútbol mundial y uno de los recintos más reconocidos del planeta, atraviesa un momento delicado. A 75 años de su inauguración, el Gobierno de Río de Janeiro analiza desprenderse de su propiedad estatal y venderlo a inversores privados para aliviar una deuda millonaria con la administración federal.
Construido en 1950 para albergar el Mundial de Brasil, el coloso carioca podría cambiar de manos por primera vez en su historia. La decisión forma parte del plan del Gobierno local para reducir el déficit económico que genera el mantenimiento del estadio. "El Gobierno invierte una fortuna en el mantenimiento del Maracaná, unos 160.000 euros por partido", explicó Rodrigo Amorim, presidente de la Comisión de Constitución y Justicia de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro.
El Estado de Río ha sido responsable desde el inicio tanto de su construcción como de las múltiples remodelaciones que el estadio ha sufrido, especialmente antes del Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Sin embargo, la pesada carga económica lo llevó a incluir al Maracaná entre los bienes públicos que podrían ser vendidos.
Según cálculos oficiales, la operación permitiría obtener cerca de 320 millones de euros, una cifra que aliviaría parcialmente los 1.890 millones que Río de Janeiro adeuda al Gobierno federal. Ese monto debe saldarse antes de 2026 dentro del programa de reestructuración financiera nacional.
La venta, sin embargo, no sería sencilla. El estadio se encuentra bajo una concesión vigente hasta 2044, administrada conjuntamente por Flamengo y Fluminense. Ambos clubes ya anticiparon su intención de respetar el contrato hasta su finalización. Aun así, Flamengo expresó en reiteradas ocasiones su deseo de construir su propio estadio para 80.000 espectadores, con una estructura incluso más alta que la del Santiago Bernabéu.
Cabe destacar que no es la primera vez que el mítico escenario despierta el interés del sector privado. En 2011, el empresario Eike Batista, figura destacada en el ámbito energético y miner, manifestó su intención de adquirir el estadio, aunque las negociaciones con el Estado no prosperaron.
Así, el futuro del Maracaná, testigo de los mayores hitos del fútbol sudamericano, vuelve a estar en debate. Entre la nostalgia por su legado y la urgencia económica del presente, el templo de Río podría estar a las puertas de una transformación histórica.