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Economía

Acuerdo con el FMI: Sin equilibrio fiscal hasta 2026 y sin reformas estructurales, el que pierde es Argentina

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El Gobierno finalmente consolidó un entendimiento con el Fondo Monetario Internacional. El acuerdo durará dos años y medio, e implica un monto por US$ 44.500 millones para refinanciar la deuda anterior. No se abordará ningún tipo de reforma estructural.

Después de meses de negociaciones, finalmente el Gobierno de Alberto Fernández acercó posiciones con el Fondo Monetario Internacional y concretó un principio de acuerdo con el organismo multilateral.

En concreto, el acuerdo firmado por Argentina supone programa de dos años y medio de duración, recibiendo un monto por US$ 44.000 millones para la refinanciación de la deuda anterior. En otras palabras, el Gobierno acordó la toma de más deuda para poder así hacer frente a los vencimientos de la deuda tomada anteriormente por un monto similar.

De forma sorpresiva, finalmente la posición más extremista del oficialismo prevaleció ante las negociaciones con el Fondo, y el Gobierno solamente planteó una corrección completa del déficit fiscal primario para 2026. Argentina mantendrá un rojo fiscal corriente por 4 años más, sin siquiera poder compensar el pago de intereses para ese entonces.

Aún así, los mercados respondieron al acuerdo después de las fuertes turbulencias cambiarias en la jornada del día jueves. El dólar volvió a bajar casi $6 desde entonces y el precio de los bonos registró aumentos de hasta el 9%, pero más tarde se estancó el alza debido a la falta de reformas estructurales sobre la economía del país, algo que fue confirmado explícitamente por la bocera del oficialismo Gabriela Cerruti.

Los detalles acercados por el Gobierno apuntan a consolidar un déficit del 2,5% del PBI para este año, 2% del PBI en 2023, 1% en 2024, 0,5% para 2025 y finalmente equilibrio primario en 2026. Es notable que la mayor parte del ajuste fiscal primario es planificada a partir del 2024, casualmente cuando se descuenta un posible cambio de Gobierno.

Se debe tener en consideración, además, que la estrategia sobre el pago de intereses de deuda también cobra mayor relevancia a partir del 2024, como resultado de la restructuración celebrada a mediados del 2020. La gestión de la deuda apunta a trasladar vencimientos y obligaciones a un futuro Gobierno en 2024.

Según precisó Guzmán en conferencia de prensa, si bien el acuerdo el acuerdo de políticas económicas es superior a los 2 años, el pago de los debidos vencimientos de la deuda comienzan al cabo de 4 años y medio, lo que podría volver a caer dentro la responsabilidad de un nuevo Gobierno distinto al actual.

El ministro Martín Guzmán aseguró que el programa actual no es un Stand-by como el que se había tomado en 2018, sino que es formalmente un acuerdo de facilidades extendidas. Sin embargo, lo cierto es que tampoco puede encasillarse rigurosamente en esta última categoría, porque normalmente los acuerdos de facilidades extendidas exigen reformas estructurales que están completamente ausentes en el programa.

El presidente Fernández celebró públicamente la negativa del país por realizar cualquier tipo de reforma estructural. El Gobierno se niega sistemáticamente a permitir la reforma laboral, la reforma previsional, la reforma tributaria, la desregulación de la economía, la apertura arancelaria, privatizaciones, o cualquier otro tipo de reforma que no encaje en el libreto kirchnerista.

La dramática ausencia de reformas no solamente forma un vacío alrededor de la capacidad de pago de la Argentina, sino que también perjudica la situación interna. Sin una reforma laboral, el tamaño de la economía informal pone en riesgo a la recaudación tributaria y, con ello, la sostenibilidad del sistema de pensiones en última instancia.

Por otra parte, sin una seria reforma previsional, el déficit del sistema jubilatorio estará lejos de erradicarse, algo que pondrá una especial presión en las cuentas públicas en el largo plazo porque afecta directamente la solvencia del país.

El FMI finalmente no tuvo más remedio que acatar lineamientos que, en otras circunstancias históricas, parecerían completamente imposibles de lograr. Esta situación no se explica por alguna habilidad del Gobierno, sino más bien porque Argentina ocupa una situación deudora exorbitantemente alta como parte de la cartera total del Fondo Monetario, poniendo al organismo en una situación extremadamente compleja.

Economía

Los datos que entierran la gestión de Sergio Massa: El exministro disparó el ratio de la deuda pública al 160% del PBI

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Se trata de la deuda consolidada de la Administración Central, tanto con acreedores externos como con agentes en el mercado de capitales local. Bajo la presidencia de Alberto Fernández se produjo un salto de casi 70 puntos del PBI en nuevo endeudamiento, como resultado de la brusca devaluación de la moneda.

No contentos con dejar a su La administración kirchnerista un verdadero tendal inflacionario y recesivo sobre la economía del país, pero la emisión sin respaldo no fue la única vía de financiamiento que tuvo el crecimiento del Estado, sino que también se optó por el frenético endeudamiento.

La deuda consolidada de la Administración Central se incrementó del 89,8% del PBI en 2019 a un récord del 157,9% en 2023, la mayor cifra desde el año 2002. Visto de otro modo, el stock de deuda medido en dólares corrientes al tipo de cambio oficial del Banco Central aumentó de los US$ 323.065 millones en el último trimestre de 2019 a más de US$ 370.000 millones al término del año pasado. Los datos fueron confirmados por el Ministerio de Economía, como parte de su último informe trimestral.

Asimismo, el stock de deuda contraída con acreedores extranjeros se vio incrementada del 43,3% del PBI en 2019 al 59,2% en 2023, registrando un salto especialmente pronunciado en el último año de la gestión kirchnerista con Sergio Massa como ministro de Economía.

De hecho, el 72% de la deuda de la Administración Central fue contraída en moneda extranjera, mientras que una gran parte del 28% restante contraída en pesos es deuda indexada por el índice de inflación (deuda que no se puede licuar).

La administración Fernández legó un perfil de vencimientos de deuda extremadamente aplastante para los años venideros, y en particular para el año 2024. Esto se debe a la fatídica reestructuración llevada a cabo por el exministro Martín Guzmán en 2020, una reestructuración cuyos resultados trataron de ser escondidos por el propio Fernández en ese mismo año, aunque sin ningún éxito.

Bajo el caótico esquema de la política económica kirchnerista, este stock de deuda no era sostenible y la tasa de Riesgo País (por riesgo de default, devaluación o ambas cosas al mismo tiempo) osciló entre los 2.500 y los 3.000 puntos básicos, todo esto por encima de la tasa de interés internacional de referencia.

El Riesgo País colapsó hasta los 1.200 puntos básicos en los primeros meses de la presidencia de Javier Milei, en respuesta a los sólidos resultados fiscales conseguidos en el primer trimestre del 2024, un hecho que permite afianzar la confianza del país frente a sus principales acreedores.

El ministro Luis Caputo anunció, además, que a pesar de la drástica caída de la tasa de riesgo, el Gobierno evitará contraer nuevamente deuda en el mercado internacional de capitales, por cuanto no se lo considera necesario en vista del estricto ordenamiento de las finanzas públicas.

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Economía

Rotundo éxito de la derogación de Ley de Alquileres: La oferta subió un 240% y los precios reales cayeron un 34%

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Contrariamente a lo que defendió el kirchnerismo y la izquierda a lo largo de la campaña electoral del 2023, la desregulación inmobiliaria está permitiendo que miles de personas puedan acceder al alquiler en Argentina. El valor real de los precios de alquiler se redujo en un 34% desde la vigencia del DNU.

El Presidente Javier Milei cumplió su promesa de campaña en relación a la desregulación del mercado de alquileres, derogando las corrosivas normativas dictadas por el Gobierno kirchnerista en 2020. 

Los resultados están a la vista: la oferta de viviendas puestas en alquiler se disparó un 240% solamente en la Capital Federal, y este efecto expansivo se registró en cada rincón del país, al ser dinamitadas las restricciones arbitrarias de la gestión anterior. El apuntalamiento de los derechos de propiedad y la mayor flexibilidad para negociar precios, permitieron que muchos propietarios vuelvan a confiar sus bienes inmuebles al mercado del alquiler.

Pero los mayores beneficiarios de la desregulación fueron los propios inquilinos: se estima que el valor real de los alquileres se desplomó en un promedio de por lo menos 34% desde la vigencia del Decreto de Necesidad de Urgencia (DNU) establecido por el Gobierno.

Y de acuerdo a los datos publicados por el INDEC, en la región del Gran Buenos Aires el valor real de los alquileres se redujo en un 22% desde diciembre del año pasado. Se trata del rubro que más se apartó de la variación promedio de los precios desde entonces (denotada por el IPC del organismo oficial).

En otras palabras, el precio promedio de los alquileres en el mercado se incrementó sistemáticamente por debajo de la tasa de inflación de la economía, y también por debajo del crecimiento de los salarios. 

El poder adquisitivo de los argentinos se vio favorecido a la hora de lidiar con los costos de alquilar. Dada una demanda relativamente constante en el mercado, la explosión de la oferta de propiedades en alquiler permitió que los precios simplemente colapsaran en términos reales

Los sucesivos y drásticos aumentos perpetrados durante la legislación anterior simplemente dejaron de ser convalidados por los usuarios, ya que ahora disponen de una gran variedad de alternativas para poder alquilar.

La legislación anterior protegía virtualmente solo a aquellos usuarios con la suerte de disponer de un alquiler ya contratado, ya que se veía licuado el valor real del mismo con el paso del tiempo. Pero este fuerte desincentivo a la oferta de viviendas generó un alza de precios en términos reales que terminó por levantar una enorme barrera a la entrada en el mercado.

Cada vez más, los beneficios de la Ley de Alquileres del año 2020 se dirigían a los usuarios de mayores ingresos que tuvieron la suerte de poder saltear las crecientes barreras a la entrada del mercado, pero solo a costa de miles de personas que desafortunadamente fueron expulsadas de toda posibilidad de alquilar debido a los precios exorbitantes y la escasez de alternativas de vivienda.

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Economía

El Presidente Biden anunció una nueva guerra comercial contra China: Se establecieron aranceles de entre el 25% y el 100%

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Biden desató una agresiva impronta arancelaria contra China como no se veía desde el año 2019. Se espera una pronta respuesta arancelaria por parte del régimen de Xi Jinping, desatando así una nueva guerra comercial que repercutirá a nivel global.

En medio de la campaña electoral, y viéndose superado por las principales encuestas frente a su contrincante republicano Donald Trump, el Presidente Joe Biden anunció una oleada de represalias arancelarias en contra de las importaciones provenientes de China, muchas de las cuales afectan a sectores especialmente dinámicos y competitivos.

Biden tomó la decisión de establecer recargos drásticamente más elevados en comparación a los que había establecido su predecesor entre 2018 y 2019, pero con una lógica sustancialmente diferente: esta vez se pretende articular una protección de carácter permanente, y los aranceles ya no se ven inmiscuidos como una mera regla de negociación para que China profundice la desregulación sobre su mercado de divisas.

El Presidente Biden anunció una impronta abiertamente proteccionista, y los principales damnificados de esta política serán los propios consumidores estadounidenses que deberán enfrentarse a precios y costos más elevados. Se anunciaron las siguientes disposiciones contra las importaciones chinas:

  • Arancel del 25% sobre el acero y el aluminio
  • Arancel del 50% sobre semiconductores y paneles solares
  • Arancel del 100% sobre los vehículos eléctricos

Los aranceles anunciados protegerán a la industria estadounidense frente a la competencia china, en detrimento de la calidad de sus productos y del poder adquisitivo de los consumidores locales. Muchas enfrentas enfrentarán un gran aumento de costos que sin lugar a dudas será trasladado al bolsillo del consumidor.

También constituye un fuerte desaliento para la inversión extranjera directa de largo plazo, ya que la constante alteración de las reglas de juego generan un clima de inestabilidad que hace imposible la previsión.

Pero incluso a pesar de los evidentes daños generados para los consumidores, los beneficios para la industria estadounidense podrían verse diluídos rápidamente, tan pronto como aparecieron en primer lugar.

Dado el gran tamaño de la economía estadounidense, resulta factible que la aplicación de aranceles puntales revitalicen frente a su par asiático. Sin embargo, es casi un hecho el régimen chino adoptará medidas arancelarias de represalia en la dirección opuesta, desatando una nueva y agresiva guerra comercial.

En caso de que esto ocurra, y con toda seguridad resulta el escenario más probable, entonces quedarían erradicadas todas las ganancias de competitividad que pudiera tener Estados Unidos frente a China. 

El resultado de equilibrio podría traer aparejado un nivel más alto de precios internos tanto en China como en Estados Unidos, pero ninguna ganancia de competitividad para ninguno de los dos países debido a que la relación entre aranceles permanecería relativamente constante.

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