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Economía

Argentina en Crisis: El consumo no se recupera y aún sigue por debajo del nivel de prepandemia

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Pese al rebote del consumo privado a lo largo del 2021, el crecimiento fue insuficiente y no logró revertir los efectos de la dramática recesión de 2020. La aceleración de la inflación enfría el consumo en vista a 2022.

El más reciente informe de consumo correspondiente al mes de marzo y elaborado por el Centro de Estudios Económicos Argentina XXI (CEEAXXI), anticipó la continuidad de un escenario marcado por la estanflación y el enfriamiento del consumo privado.

Este informe confirmó que el consumo del sector privado creció un 8,9% en 2021 si se lo compara contra el año 2020, pero este rebote era algo esperable con la reapertura de la economía. Lo realmente destacable es la insuficiencia del crecimiento del consumo, que no logró compensar la fuerte contracción de 12,8% sufrida en 2020.

El consumo privado no logró recuperar los niveles que tenía en el año 2019, incluso a pesar de que el nivel de actividad económica sí logró hacerlo. El desempeño del rebote en el consumo argentino fue insuficiente también en comparación a la tasa de crecimiento promedio a nivel mundial.

La causa principal del relativo estancamiento de la economía argentina es la inflación. Los precios al consumidor llegaron a dispararse hasta un 52,3% interanual en febrero de 2022, y se estima que podría alcanzar el 54% para marzo. El alza de los precios implícitos en el consumo, que subieron aún más que la inflación promedio, sugieren una trayectoria recesiva para el consumo privado de ese año.

El CEEAXXI estima un incremento del IPC en torno al 5% para el mes de marzo, lo cual implica una inflación acumulada del 13% durante el primer trimestre del año. Además, esta medición puede ser conservadora o moderada si se tienen en cuenta las mediciones de consultoras como LCG o Eco Go. En cualquier caso y bajo las distintas mediciones, el nivel de consumo podría verse deprimido por el alza de los precios al consumidor.

Desde esta perspectiva, el informe del CEEAXXI compara la evolución interanual del nivel de consumo trimestral contra el avance de los precios implícitos (IPI) en el propio consumo, y se marca una tajante desaceleración hacia los últimos dos trimestres del año pasado.

Tomando como base las cuentas nacionales, los precios implícitos en el consumo aumentaron un 57,8% en el último trimestre de 2021, por encima de la inflación interanual para el mismo periodo. Esta tendencia no hace más que acelerarse, y los últimos datos confirmados por el INDEC para enero y febrero, junto con las proyecciones para marzo, revelan que la inflación se sigue profundizando.

Otra forma indirecta para medir la trayectoria del consumo privado es la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA), que se aplica directamente sobre el consumo. Los datos no fueron alentadores, pues la recaudación nominal deflactada por el nivel de precios (la recaudación real) tuvo un aumento interanual del 6% en febrero de 2022. Esto implica que la mayor recaudación por el rebote del consumo está agotándose.

A su vez, y según los datos de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), el índice de Confianza del Consumidor se derrumbó un 6,4% en el mes de marzo con respecto a febrero, y cayó un 3,4% contra febrero de 2021. Pero no solo todas las variaciones fueron negativas, sino que también lo fueron todos los segmentos que conforman el índice.

Las perspectivas sobre la situación macroeconómica cayeron un 8,1% en marzo, la confianza en la situación personal se contrajo un 3%, y el segmento de los bienes durables e inmuebles cayó un 6,4%.

Los datos sobre consumo, expectativas y evolución de los precios implícitos advierten sobre la continuidad del fenómeno de la estanflación para 2022. 


Con información del estudio “Informe de Consumo Mensual (Marzo 2022), elaborado por el Centro de Estudios Económicos Argentina XXI.

Economía

7 meses y ni un solo resultado: el paso de Roberto Feletti por la Secretaría de Comercio

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Feletti decidió renunciar a su cargo en la Secretaría de Comercio, sin haber conseguido ningún tipo de resultado en materia de inflación. Los controles de precios volvieron a fracasar en la Argentina.

El fanático kirchnerista Roberto Feletti decidía dar un paso importante en octubre de 2021, al abandonar su lugar como panelista en C5N para ocupar la Secretería de Comercio, prometiendo “controlar los precios y preservar el salario”.

Tras reemplazar a Paula Español, que ya había fracasado en sus políticas restrictivas sobre la producción y los precios, Feletti no identificó un problema de direccionalidad sino más bien de intensidad en las políticas.

Bajo su gestión, se relanzó y generalizó el programa Precios Cuidados, se reintrodujo el Ahora 12, se lanzó un programa de “cortes cuidados” para los precios de la carne, se expandió la asignación de Precios Máximos y se focalizó en la “dispersión de precios”, se incrementó el monitoreo de costos sectoriales, y se desarrolló el Fondo Estabilizador del Trigo Argentino y el Fideicomiso para la harina fideos. Todas y cada una de las iniciativas de Feletti cosecharon un amargo fracaso.

Los precios cuidados no tuvieron ningún impacto estadístico o empírico sobre la formación de expectativas, como pretendía el exsecretario. Los precios de la carne aumentaron por encima de la inflación, y los cortes “controlados” por el Gobierno no atendieron a los estándares mínimos de calidad esperados por los consumidores. A su vez, los subsidios sobre el trigo y la harina no tuvieron un impacto significativo en el poder adquisitivo de los consumidores a estos efectos.

Durante la gestión de Feletti, y a pesar de ella, la inflación mensual se aceleró mes a mes: 2,5% en noviembre de 2021, 3,8% en diciembre, 3,9% en enero de este año, 4,7% en febrero, 6,7% en marzo y 6% en abril. En ese mismo período, la inflación interanual trepó del 52% al 58%. Las regulaciones sobre los precios no sirvieron como un “ancla nominal” como se pretendía en un comienzo.

Inflación mensual entre enero de 2021 y abril de 2022.

En promedio, la inflación mensual ascendió al 4,5% mientras que Roberto Feletti se hizo cargo de la Secretaría de Comercio. Para el mismo período de tiempo, pero 12 meses antes, la inflación mensual promedió el 3,9%. Queda en evidencia que las regulaciones y los controles sobre los precios no fueron una variable significativa o de algún modo relevante para evitar la aceleración inflacionaria.

Sin nada que mostrar, Roberto Feletti abandonó su cargo en la Secretaría de Comercio y fue rápidamente reemplazado por Guillermo Hang, que a diferencia de su predecesor es economista profesional. El nombramiento de Hang supone una victoria interna para el ala de Martín Guzmán dentro del oficialismo. 

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Economía

Más nafta al fuego: El Banco Central emitió y le transfirió $174.000 millones al Tesoro en mayo

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La monetización del déficit fiscal se volvió a acelerar en el mes de mayo y el BCRA se encuentra al borde de quebrar la meta monetaria del FMI para junio.

En el marco de la inflación más alta desde 1991, el Banco Central aceleró el ritmo de emisión de dinero para financiar el déficit fiscal. Solamente en mayo, el Central giró una suma por $174.000 millones en concepto de “adelantos transitorios” para el Tesoro. Se trata de un típico recurso contable para simular un préstamo ficticio y sin retorno del BCRA al Tesoro, financiado con emisión monetaria.

Los adelantos transitorios protagonizan la monetización del déficit fiscal desde noviembre del año pasado, siendo que no se contabilizaron “transferencias de reservas”, que constituye otro recurso contable ficticio para monetizar el déficit. En lo que va del 2022, el BCRA ya imprimió $376.000 millones para que el Tesoro pueda financiar el déficit fiscal.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional establece una meta trimestral con un límite acumulado de hasta $439.000 millones de emisión monetaria para junio. Con lo que lleva emitido el BCRA hasta la fecha, existe una diferencia de solo $66.000 millones para incumplir la meta y provocar la caída del programa.  

Estimaciones preliminares sugieren que la monetización del déficit, acumulada de 12 meses, sigue por encima del 3% del PBI y cuando existe una meta en torno al 1% para diciembre de 2022. El Gobierno no es capaz de mostrar señales que garanticen el cumplimiento efectivo de las metas.

El presidente del Banco Central Miguel Ángel Pesce, relativizó el efecto de la emisión monetaria sobre la inflación, remarcó el aumento del precio de las materias primas a nivel internacional y volvió a recordar que la meta del primer trimestre fue eventualmente cumplida, intentando así dar algún tipo de garantía para la meta de junio.

“Lo que se está evaluando son las metas del primer trimestre y las metas están cumplidas en todos los conceptos: reservas, déficit fiscal y emisión monetaria. Las cifras estuvieron por debajo de lo que se planteó, mejor de lo que se esperaba especialmente en el mes de marzo, lo que permitió cumplir la meta”, declaró Pesce.

El déficit fiscal acumulado de 12 meses no está bajando, y es el factor de dominancia sobre la expansión monetaria. El déficit primario llegó al 3% del PBI en abril de 2022, permaneciendo en este nivel desde diciembre del año pasado sin cambios y por encima del 2,66% alcanzado en octubre. Con intereses de deuda el déficit financiero ya representa el 4,6% del PBI, el valor más alto desde mayo de 2021.

Si para junio el Gobierno no logra financiar la brecha fiscal con recursos de licitaciones en el pequeño mercado de capitales local, o si el costo de la deuda ajustada por CER se torna insostenible, el BCRA deberá cerrar la brecha y el acuerdo con el FMI se vería quebrado. 

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Consultoras estiman que los precios subieron más de 5% en mayo y la inflación interanual superaría el 60%

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El proceso inflacionario se vuelve cada vez más violento y no se logra perforar el piso del 5% sobre la inflación mensual. Se estima que la inflación podría llegar al 70% para diciembre, 22 puntos por encima de lo que preveía Guzmán.

El promedio de las consultoras privadas llegó a un severo diagnóstico: la inflación de mayo tendría un piso de no menos del 5% con respecto a abril. Esto marca una muy ligera desaceleración con respecto a marzo y abril, pero supone consolidar una media de inflación mensual muy por encima de la que había en 2021.

Se debe tener en cuenta que los precios minoristas aumentaron en promedio un 3,48% cada mes, y en lo que va del 2022 esta cifra asciende al 5,36%. El proceso inflacionario se torna cada vez más inmanejable para el Gobierno de Alberto Fernández, y abortó cualquier tipo de recuperación salarial.

La consultora LCG estima un indicador similar al IPC del INDEC pero con periodicidad semanal, y según sus relevamientos los precios de la canasta de alimentos y bebidas no alcohólicas habrían subido un 4,1% sólo en las primeras 3 semanas de mayo. Este sector había registrado un aumento del 5,9% en abril, 5,7% en marzo, y cerraría mayo nuevamente en torno al 5%.

Si se cumplen exitosamente los pronósticos de las consultoras sobre el aumento promedio para el IPC, la inflación interanual llegaría al 61% comparando contra mayo de 2022, el resultado más dramático desde 1991 y la salida de la hiperinflación.

El Gobierno no posee ningún tipo de “ancla nominal” o herramienta para direccionar las expectativas inflacionarias. Entre 2019 y 2021, el congelamiento de las tarifas demostró ser una herramienta extremadamente ineficaz para alinear expectativas, deterioró los precios relativos de la economía y supuso un fuerte costo fiscal. Lo mismo ocurrió con el atraso del dólar oficial en el marco del cepo cambiario, con un gran costo en términos de reservas.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional propone una muy gradual corrección de estos desequilibrios, ofreciendo como reaseguro una nueva ancla basada en pautas fiscales y monetarias. Pero el Gobierno se muestra cada vez más incapaz de cumplir el acuerdo, y aún de cumplirse, el gradualismo excesivo de las metas no consigue moderar las expectativas.

Sin ningún parámetro que mostrar y sin un programa económico integral, el Gobierno se limita a administrar la explosión inflacionaria con controles de precios, controles a las exportaciones y programas sociales asistencialistas. 

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