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Economía

Signo de “Hiper”: El 77% de la deuda emitida por el Tesoro en marzo está indexada a la inflación

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El peso relativo de la deuda indexada trepó del 8% al 20% en el Gobierno de Alberto Fernández. La deuda atada a la inflación ya representa más del 60% de los compromisos en pesos, y sigue creciendo.

El Gobierno de Alberto Fernández recurrió a una política de endeudamiento para tratar de aminorar la monetización del déficit, aunque el kirchnerismo lo niegue públicamente. La deuda en bonos CER, instrumentos que se ajustan al índice general de precios, pasó de representar el 7,6% en noviembre de 2019 al 19% en marzo de 2022.

Desde el punto de vista del Gobierno, la colocación de deuda en el mercado de capitales local es la única alternativa factible a la emisión monetaria directa, ya que el mercado internacional está completamente cerrado para la actual administración. Pero dentro del mercado local, solo los títulos indexados despiertan interés, una situación que se ve aún más forzada por el cepo cambiario.

La deuda pública en bonos CER no se puede licuar porque mantiene el valor real de la inversión, sin importar la variación mensual del IPC. Aunque el oficialismo suele remarcar las “bondades” de tomar deuda en pesos, lo cierto es que si se encuentra atada a la inflación será tan aplastante como la deuda en dólares.

Solamente en el mes de marzo, el Tesoro Nacional colocó instrumentos en pesos por un monto de $954.848 millones, de los cuales el 77% fueron bonos CER indexados a la inflación. El resto del monto se distribuyó en instrumentos de renta fija (el 22% del total), y un 1% de títulos a tasa variable.

Con este nuevo crecimiento del Stock de deuda pública en pesos, los bonos indexados ya representan el 61,2% del total. Cuando Alberto Fernández asumió la presidencia, este tipo de bonos solamente representaban el 34,2% de toda la deuda en pesos, por lo que la participación se duplicó.

Midiendo la deuda bruta indexada en pesos al tipo de cambio oficial, el stock de deuda subió un 191% en la gestión de Alberto Fernández. La conversión en dólares permite limpiar el efecto de la inflación en pesos para facilitar la comparación.

Esta suerte de “bola de nieve” de instrumentos indexados ya representa hasta el 15% del Producto Bruto Interno del país. La situación se podría volver inmanejable si el stock sigue creciendo a este ritmo, considerando que los bonos CER producen vencimientos a corto plazo.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional considera relevante reducir la cantidad de deuda atada a la inflación, conforme se ralentiza el incremento mensual de precios. Sin embargo, ni una cosa ni la otra parecen estar ocurriendo. La inflación experimentó una notable aceleración, y el Gobierno recurre cada vez más a la deuda indexada para financiarse.

Si el Sector Público Nacional se sigue negando a corregir los desequilibrios de las finanzas públicas, y dada la inminente aceleración inflacionaria, se corre el riesgo de que el crecimiento de la deuda por bonos CER sea demasiado grande como para poderse afrontar

Brasil

Cuentas en orden: Las privatizaciones de Bolsonaro generaron un fuerte superávit fiscal en Brasil

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El Gobierno federal registró un fuerte superávit primario del 0,9% del PBI, superando holgadamente las metas fiscales previstas para fin de año. La privatización de empresas estatales y la reducción del gasto público fueron los principales factores explicativos para la mejoría de las finanzas públicas. 

La administración de Jair Bolsonaro logró sobrecumplir las metas fiscales pautadas para fin de año. Las estadísticas provistas por el Banco Central de Brasil y el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) sugieren que el Gobierno federal alcanzó un superávit primario del 0,88% del PBI al término del mes de octubre, uno de los resultados más equilibrados registrados desde mediados del 2014.

Asimismo, y contabilizando la partida por intereses de deuda pública, el sector público federal tuvo un déficit acumulado de 12 meses en torno al 4,15% del PBI para el término del mes de octubre. El resultado financiero del fisco fue el más equilibrado desde septiembre de 2014.

El superávit primario es un factor fundamental para preservar la disciplina fiscal, ya que permite trazar un sendero sostenible para la deuda pública, abonar los intereses asociados y conseguir fondos para refinanciar permanentemente las obligaciones. 

El sector público consolidado (el Gobierno federal y los Estados locales) obtuvo un superávit primario del 1,8% del PBI en octubre de 2022. El resultado superó ampliamente a la meta del -0,6% propuesta por el ministro Paulo Guedes a principios del año, ya que se esperaba que la reducción en el impuesto a los productos industrializados tuviera un impacto mayor sobre la caída de la recaudación.

La disciplina fiscal fue liderada por la administración central que encabeza Bolsonaro, ya que este sector del Estado registró un fuerte superávit de hasta R$ 30,3 mil millones en octubre, contra un resultado deficitario de R$ 3,9 mil millones por parte de los Gobiernos locales y las municipalidades. 

La mayor parte del superávit federal fue explicado por el ingreso extraordinario de las privatizaciones. El proceso de transferencia de activos y pasivos desde el sector público hacia el sector privado que atravesó Brasil en los últimos años fue el más importante desde la década de 1990. 

Las privatizaciones no solo permitieron mejorar la calidad de los servicios brindados a los usuarios y desmonopolizar actividades, sino que también significaron importantes ingresos para las arcas públicas. Las empresas estatales que aún se conservan dentro de la esfera estatal acumularon un superávit del 0,1% del PBI en el acumulado anual de octubre.

El mayor crecimiento del PBI durante el tercer trimestre del año también dinamizó la captación de recursos tributarios entre los impuestos que responden directamente al comportamiento de la actividad económica, siendo el IVA el más importante de ellos.

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Economía

De las ganancias por privatizaciones a las pérdidas por las estatizaciones: La herencia de 20 años de modelo kirchnerista

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Las incesantes nacionalizaciones y apertura de nuevas empresas estatales dejaron como saldo un profundo déficit sobre la espalda de la sociedad. El Estado empresario se multiplicó desde 2003 y se abandonaron los beneficios por las privatizaciones de los 90s. 

20 años de crecimiento constante en el conglomerado de empresas bajo la órbita estatal provocaron la vuelta de los desequilibrios que se creían ya superados en la década de 1990. El déficit operativo de las empresas estatales representó el 0,8% del PBI en el acumulado anual de octubre, el resultado más desequilibrado en 30 años.

El instituto IDESA estima que el costo de las empresas estatales para la sociedad es aún mayor si se contabilizan las transferencias corrientes del sector público, que no se incluyen en el déficit operativo. 

Solamente para el Presupuesto 2023 los subsidios totales a las empresas públicas ascenderán al 1,2% del PBI, una cifra que supera al gasto federal en asignaciones familiares (AUH) y el Programa Alimentar, puestos juntos. Las prioridades del sector público se encuentran completamente desencajadas de la realidad.

Contrariamente al escenario actual, las privatizaciones de los años 90 no solamente le devolvieron los servicios públicos a la sociedad y lograron eliminar los déficits, sino que además permitieron la captación de ingresos significativos para las arcas públicas. Los ingresos por privatizaciones promediaron el 0,3% del PBI entre 1993 y 1999, y superaron el 0,8% del producto al momento de la venta de YPF en 1999

El efecto de las privatizaciones y las estatizaciones entre 1993 y 2022.

Una a una, las más importantes empresas estatales creadas o nacionalizadas desde 2003

Gestión Néstor Kirchner

  • 2004: Correo argentino, Energía Argentina (ENARSA)
  • 2006: Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), AR-SAT
  • 2007: Astilleros TANDANOR

Gestión Cristina Fernández de Kirchner

  • 2008: Aerolíneas Argentinas, Operadora Ferroviaria, Administración de infraestructuras ferroviarias
  • 2009: Ferrocarril Trasandino Central, Radio y Televisión Argentina SA
  • 2010: Centro de Ensayos de alta tecnología (CEATSA), Fábrica Argentina de Aviones (FADEA)
  • 2012: Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) por el 51% del paquete accionario
  • 2013: Belgrano Cargas y Logística, Administración de RRHH ferroviarios
  • 2014: Playas ferroviarias de Buenos Aires
  • 2015: Ferrocarriles Argentinos, Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA)

Gestión Mauricio Macri

  • 2016: Contenidos Públicos S.E
  • 2017: Corredores viales
  • 2019: Fabricaciones Militares S.E

Gestión Alberto Fernández

  • 2020: Estatización de rutas nacionales con peaje, intento de nacionalización de Vicentin
  • 2021: Hidrovía Paraná-Paraguay, Transporte de ferrocarril de cargas
  • 2022: Eliminación de las concesiones privadas por contratos de obra pública PPP

La más reciente ofensiva del kirchnerismo apunta a la estatización de las represas de energía hidroeléctrica tras el vencimiento de los contratos de concesión en agosto de 2023, un proyecto del ala dura del oficialismo presentado por el fanático kirchnerista Oscar Parrilli. 

La profundización del modelo kirchnerista revitalizó los mismos problemas que atravesó el país durante la segunda mitad del siglo XX. Las empresas del Estado no fueron administradas eficientemente por ningún Gobierno, y cada vez se hace más necesario la reinstalación del debate por la privatización

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Economía

JP Morgan le suelta la mano a Biden: La financiera pronostica una fuerte recesión en Estados Unidos

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La firma financiera más importante de Estados Unidos cuestionó el diagnóstico optimista del presidente Biden, y asegura que la fortaleza en el gasto de los consumidores no podrá sostenerse, y este era el único factor que hasta ahora limitaba la recesión en el país. 

El CEO de la firma JP Morgan & Chase, Jamie Dimon, advirtió por el deterioro de las condiciones macroeconómicas de Estados Unidos de cara a los primeros trimestres de 2023, en una dura crítica a la política económica de Joe Biden.

El multimillonario hombre de negocios explicó que la actividad sufrirá un impacto recesivo aún más importante del que se registró hasta ahora, y pidió un cambió en el rumbo económico de la Casa Blanca de manera “urgente” para evitar una recesión más profunda.

Se debe tener en cuenta que si bien la economía estadounidense cayó por dos trimestre consecutivos y entró formalmente en recesión, el presidente Biden decidió negar públicamente que el país atraviesa una recesión y se concentró en la evolución de los pocos datos que aún sortean el ambiente recesivo, entre ellos la expansión del consumo privado

Pero el diagnóstico de JP Morgan advierte que, esta vez, ni siquiera el consumo logrará salvarse de la estampida recesiva. Pese al deterioro de los salarios reales desde mediados de 2021, el consumo privado real mantuvo un ligero crecimiento en base al endeudamiento (vía tarjetas de crédito) y la caída en la tasa de ahorro. 

De hecho, en noviembre la tasa de ahorro personal de Estados Unidos cayó al 2,3% sobre la base del ingreso disponible, la cifra más baja desde julio de 2005 y una de las más reducidas desde el comienzo de la serie histórica de datos en 1959. 

Para Jamie Dimon la drástica caída en la tasa de ahorro conforma una señal temprana de recesión, ya que la persistencia de la inflación y el alza en las tasas de interés de los bancos obligarán a los consumidores a agotar completamente todos los ahorros que obtuvieron por los cheques familiares adquiridos en pandemia. 

Cabe recordar que los cheques de estímulo fiscal lanzados entre marzo de 2020 y marzo de 2021 fueron mayormente ahorrados por los consumidores, y no consumidos como se esperaba para “estimular la economía”.

Son activos que los estadounidenses decidieron atesorar para suavizar su consumo en el futuro. Se estima que los ciudadanos de EE.UU tienen hasta 1,5 billones de dólares en sus cuentas bancarias, más del triple de la suma que tenían antes del comienzo de la pandemia. 

Una vez que los consumidores hayan agotado sus posibilidades de endeudamiento con tarjetas de crédito, y hayan hecho uso de sus ahorros por los cheques gubernamentales, la única opción posible será la retracción del consumo, que deberá alinearse con la caída de los salarios reales

“El menor gasto de los consumidores puede descarrilar la economía y causar una recesión leve o dura que preocupa a la gente”, explicó Dimon.

Este efecto es el que teme JP Morgan, y de producirse la economía perdería el último “motor” de crecimiento que hasta ahora mantenía. El consumo privado representa hasta el 60% de la economía estadounidense, por lo que adquiere una relevancia trascendental.

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