El término "tasas chinas" ganó popularidad durante la primera década del siglo XXI y permaneció vigente buena parte de la siguiente. Este concepto hacía referencia a un ritmo de crecimiento cercano a los dos dígitos, impulsado por la integración de China en la economía global.
El gigante asiático demandaba grandes cantidades de materias primas e insumos, elevando los precios de commodities agrícolas, minerales e industriales, lo que beneficiaba especialmente a las economías emergentes.
Sin embargo, tras la crisis financiera de 2008/2009 y un nuevo pico en los precios de las commodities en 2012, la economía argentina comenzó a estancarse. Desde entonces, el Producto Bruto Interno (PBI) per cápita, una de las métricas más utilizadas para medir el progreso material de un país, mostró una tendencia a la baja.
No obstante, después de un 2024 marcado por la recesión, con un colapso de la demanda en los primeros meses del año que tocó fondo en abril, los indicadores comenzaron a mostrar signos de estabilización, recuperación y crecimiento.














