El fiscal general de Estados Unidos, Todd Blanche, cuestionó este martes las crecientes advertencias sobre los riesgos de la inteligencia artificial (IA) y sostuvo que parte del repentino debate político sobre una eventual regulación responde a intereses electorales de cara a las elecciones legislativas de noviembre. Sus declaraciones respaldaron la posición adoptada por el presidente Donald Trump, quien ha rechazado nuevas restricciones amplias al sector y ha advertido que frenar el desarrollo estadounidense podría beneficiar a China.
Durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, Blanche afirmó que los temores sobre una eventual toma de control de la humanidad por sistemas de IA, comparados con escenarios de películas como ''Terminator'', representan un intento de influir en las elecciones de medio término. El funcionario señaló que varios senadores demócratas comenzaron a pronunciarse simultáneamente sobre los peligros de la tecnología después de permanecer meses sin abordar públicamente el asunto.
Blanche sostuvo que el calendario de estas advertencias resulta significativo y defendió que las decisiones de Washington sobre inteligencia artificial no deberían estar determinadas por consideraciones electorales. En particular, destacó la competencia tecnológica con China y advirtió que Estados Unidos no puede perder la carrera por el liderazgo en IA frente a Pekín.
El Fiscal General de los Estados Unidos acusó a los demócratas de generar miedo en base a la IA de cara a las elecciones de medio término
La Casa Blanca mantiene una postura favorable a continuar desarrollando esta tecnología. Trump afirmó el lunes en redes sociales que Estados Unidos ya cuenta con mecanismos suficientes para actuar contra usos indebidos de la IA y rechazó la necesidad de imponer nuevos ''guardrails'' o barreras regulatorias. El presidente también sostuvo que una regulación excesiva podría perjudicar la posición estadounidense frente a China.
La discusión se intensificó después de que Jacob Coxon, un ex empleado de Anthropic, publicara la semana pasada advertencias sobre los posibles riesgos de sistemas cada vez más avanzados. Coxon sostuvo que quienes desarrollan estas tecnologías creen que podrían alcanzar capacidades capaces de causar daños graves a la humanidad antes de que termine la década. Sus comentarios fueron ampliamente difundidos y provocaron nuevas demandas de regulación entre legisladores y figuras de la industria tecnológica.
Blanche, sin embargo, marcó una diferencia entre regular la industria y perseguir delitos cometidos mediante inteligencia artificial. ''Somos fiscales, no reguladores'', afirmó al explicar que el Departamento de Justicia no pretende asumir la función de establecer normas generales para el sector. Al mismo tiempo, aseguró que las leyes penales existentes pueden utilizarse contra personas vinculadas a la IA que cometan delitos y señaló que el Departamento de Justicia ya ha presentado casos relacionados con el uso ilícito de esta tecnología.
El fiscal general también subrayó los beneficios que la IA puede aportar a la sociedad, en contraste con las advertencias sobre escenarios extremos. Su posición coincide con la estrategia general de la administración Trump de priorizar la innovación tecnológica estadounidense y evitar medidas que, a su juicio, puedan ralentizar el desarrollo frente a competidores extranjeros.
El gobierno de Donald Trump se ha mostrado favorable al desarrollo de la inteligencia artificial y aclaró que nuevas regulaciones podrían concederle una ventaja a China
La postura del gobierno ha encontrado oposición entre dirigentes demócratas. El líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, pidió mayores controles y respondió directamente a Trump, argumentando que incluso un presidente considerado altamente capacitado no sería suficiente para controlar los riesgos asociados con sistemas avanzados de IA. Schumer ha reclamado además que el gobierno trabaje con el Congreso y la industria para establecer mecanismos de seguridad.
El enfrentamiento refleja un debate cada vez más amplio en Washington: mientras la administración Trump pone el foco en preservar la ventaja tecnológica estadounidense y aplicar las leyes existentes contra los abusos, sectores de izquierda en el Congreso y algunos líderes tecnológicos reclaman nuevas salvaguardas para limitar riesgos potencialmente graves.