La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos anunció una ampliación de las restricciones contra equipos electrónicos fabricados por varias empresas chinas, una medida que fortalece la estrategia de seguridad nacional impulsada por la administración del presidente Donald Trump para reducir los riesgos asociados con tecnologías sensibles.
La decisión, dada a conocer este viernes, amplía la prohibición impuesta en 2022 y extenderá el veto a modelos antiguos de equipos de telecomunicaciones y videovigilancia fabricados por Huawei, ZTE, Hytera, Hikvision y Dahua, compañías que Washington considera representan un riesgo para la seguridad nacional debido a sus posibles vínculos con el gobierno chino.
Hasta ahora, las restricciones afectaban únicamente a los nuevos modelos desarrollados después de 2022. Con la nueva normativa, la prohibición abarcará también dispositivos anteriores utilizados en áreas estratégicas, como la seguridad pública, la protección de instalaciones gubernamentales, la vigilancia de infraestructura crítica y otras funciones relacionadas con la seguridad nacional.
La FCC informó que la medida entrará en vigor a comienzos de julio y explicó que el objetivo es cerrar vacíos regulatorios que todavía permitían la importación de equipos fabricados antes de la entrada en vigor de las restricciones originales.
El gobierno de Trump ordenó frenar la importación de componentes tecnológicos chinos y advirtió sobre riesgos de espionaje
Según el organismo regulador, ampliar el alcance del veto resulta necesario para proteger el sector de las comunicaciones de Estados Unidos frente a amenazas que podrían comprometer la infraestructura tecnológica del país.
Al mismo tiempo, la comisión aclaró que los ciudadanos y organizaciones que ya poseen este tipo de equipos podrán seguir utilizándolos, ya que la medida únicamente impide la importación de nuevos dispositivos comprendidos dentro de la prohibición.
La decisión forma parte de una política que Washington ha venido desarrollando durante los últimos años para reducir la dependencia de tecnologías chinas en sectores considerados estratégicos.
En diciembre pasado, la FCC prohibió la importación de nuevos modelos de drones fabricados en China, mientras que en marzo extendió restricciones similares a nuevos modelos de routers domésticos chinos, dispositivos fundamentales para conectar computadoras, teléfonos inteligentes y otros equipos a internet.
La FCC, presidida por Brendan Carr, prohibió recientemente la importación de nuevos modelos de drones fabricados en China
Sin embargo, al igual que ocurre con la nueva regulación sobre sistemas de telecomunicaciones, esas medidas no afectan los equipos que ya se encuentran en circulación ni prohíben el uso de productos previamente adquiridos por consumidores o empresas.
Durante octubre, la FCC también aprobó por unanimidad una norma que bloquea nuevas certificaciones para dispositivos que incorporen componentes provenientes de empresas incluidas en la lista de entidades consideradas riesgosas para la seguridad estadounidense. Esa decisión también otorgó a la agencia mayores facultades para retirar autorizaciones previamente concedidas en determinados casos.
Una de las compañías afectadas, Hikvision, presentó posteriormente una demanda contra el organismo regulador argumentando que la FCC excedió sus atribuciones legales y que la medida carecía de fundamentos suficientes.
No obstante, las autoridades estadounidenses sostienen que la protección de las redes nacionales frente a posibles amenazas de espionaje o interferencia extranjera constituye una prioridad estratégica, especialmente en un contexto de creciente competencia tecnológica entre Washington y Pekín.
Huawei es una de las compañías chinas alcanzadas por las nuevas restricciones del gobierno de Trump
La FCC también estudia nuevas acciones que podrían restringir aún más la presencia de empresas chinas dentro del mercado estadounidense. Entre ellas figura la posibilidad de impedir que operadores de telecomunicaciones estadounidenses establezcan interconexiones con compañías chinas, una decisión que, en la práctica, dificultaría seriamente la operación de centros de datos administrados por firmas del gigante asiático dentro de Estados Unidos.
La ampliación del veto refleja la continuidad de una estrategia orientada a fortalecer la seguridad de las infraestructuras críticas mediante un mayor control sobre las tecnologías utilizadas en sectores sensibles.
Desde la administración de Donald Trump se ha insistido en que la creciente influencia de empresas tecnológicas chinas representa un desafío estratégico que trasciende el ámbito comercial y alcanza directamente la seguridad nacional. Bajo ese enfoque, reducir la dependencia de proveedores considerados de alto riesgo constituye una herramienta preventiva para proteger las redes de comunicaciones, los sistemas gubernamentales y las infraestructuras esenciales frente a posibles vulnerabilidades.
Los defensores de estas restricciones sostienen que permitir el acceso de equipos fabricados por compañías señaladas por sus vínculos con el régimen chino podría facilitar actividades de espionaje, recopilación de información sensible o interferencias en servicios críticos durante eventuales conflictos internacionales.
El régimen comunista de Xi Jinping mantiene fuertes vínculos con las empresas tecnológicas, las cuales muchas veces proveen información el gobierno chino