La llegada masiva de migrantes procedentes de Marruecos a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla provocó una grave crisis de seguridad que obligó al gobierno comunista de España a desplegar efectivos militares junto a la Policía Nacional y la Guardia Civil. El episodio llevó además a la Embajada de Estados Unidos en España a emitir una alerta para sus ciudadanos y respaldó las advertencias del presidente Donald Trump sobre los peligros de permitir que las fronteras permanezcan expuestas a flujos migratorios descontrolados.
La Embajada estadounidense señaló que miles de migrantes habían llegado a Ceuta y cientos a Melilla en apenas 24 horas, una situación que calificó de potencialmente ''impredecible y peligrosa''. Washington recomendó a sus ciudadanos evitar las zonas afectadas, mantenerse alejados de posibles manifestaciones y seguir las instrucciones de las autoridades españolas.
El Gobierno español desplegó al ejército para intentar contener la situación, mientras agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil reforzaron los puntos fronterizos. La magnitud del episodio quedó reflejada en las cifras oficiales: el Ministerio del Interior español informó que alrededor de 50.000 invasores habían cruzado la frontera desde el jueves por la mañana, aunque unas 48.300 habían regresado a Marruecos antes de las 18:00 del viernes.













