La iniciativa se da en el marco de una estrategia que busca garantizar la “superioridad espacial estadounidense”.
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Con la mira puesta en consolidar su liderazgo tecnológico, la NASA del Gobierno de Donald Trump lanzó oficialmente un ambicioso proyecto para instalar reactores nucleares en la órbita terrestre y en la superficie de la Luna antes de 2030, en el marco de una estrategia que busca garantizar la “superioridad espacial estadounidense”.
La iniciativa fue formalizada a través de un memorándum difundido por la Oficina de Política Científica y Tecnológica (OSTP) de la Casa Blanca, donde se establecen nuevas directrices para el desarrollo de tecnología nuclear espacial.
El documento define una hoja de ruta concreta que involucra a la NASA, el Departamento de Defensa y el Departamento de Energía (DOE), en un esquema coordinado para acelerar la innovación en este campo.
El objetivo central del plan es desplegar un reactor de potencia media en órbita para 2028, junto con una variante destinada a la propulsión eléctrica nuclear, y avanzar hacia la instalación de un reactor de gran escala en la superficie lunar para el año 2030.
Reactor nuclear en la Luna.
Según se detalla, estas tecnologías deberán ser modulares, escalables y aptas tanto para sostener futuras bases en la Luna como para impulsar misiones espaciales de mayor alcance.
Actualmente, la mayoría de los sistemas espaciales dependen de la energía solar, una fuente que presenta limitaciones operativas para proyectos más complejos. Si bien existe disponibilidad constante de luz solar, su carácter intermitente y la necesidad de almacenamiento en baterías voluminosas reducen su eficiencia en entornos exigentes.
La importancia de la energía nuclear
Frente a este escenario, la energía nuclear aparece como una alternativa estratégica. Los reactores permiten generar energía continua durante años mediante la fisión nuclear, lo que no solo facilitaría la subsistencia en bases lunares, sino que también habilitaría avances en propulsión espacial. Esta última aplicación permitiría a las naves acelerar de forma constante sin depender de combustibles químicos tradicionales.
“El poder nuclear en el espacio nos proporcionará la electricidad sostenida, la calefacción y la propulsión esenciales para una presencia permanente en la Luna, Marte y más allá”, señalaron desde la OSTP al resumir el alcance del programa.
Reactor nuclear en la Luna.
En la misma línea, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, afirmó: “Ha llegado el momento de que Estados Unidos emprenda el uso de energía nuclear en el espacio”.
El plan también establece metas técnicas concretas. Los sistemas deberán generar al menos 20 kilovatios eléctricos durante tres años en órbita y cinco años en la superficie lunar, con capacidad de escalar hasta los 100 kWe. Además, se prevé que los primeros diseños estén disponibles en el plazo de un año.
El Departamento de Energía tendrá un rol clave en garantizar el suministro de combustible, la infraestructura necesaria y los estándares de seguridad nuclear. A su vez, evaluará la capacidad de la industria para producir hasta cuatro reactores en un período de cinco años.
En el trasfondo de esta iniciativa se encuentra la competencia tecnológica con China, en una carrera por desarrollar infraestructura energética avanzada en el espacio. En este contexto, la energía nuclear se posiciona como un eje central de la estrategia estadounidense para ampliar su presencia más allá de la órbita terrestre y consolidar su liderazgo en la exploración lunar.