Días después de su visita al Vaticano, referentes de la Iglesia salieron a cuestionar al presidente.
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El 9 de abril, el Papa León XIV recibió en el Vaticano a David Axelrod, jefe de campaña y principal asesor de Barack Obama. Apenas días después, el propio Pontífice y varios referentes de la Iglesia Católica salieron a criticar abiertamente a Donald Trump, desatando una fuerte polémica política en Estados Unidos.
El encuentro fue confirmado oficialmente por el Vaticano en su agenda de audiencias, lo que inicialmente parecía protocolar tomó otra dimensión tras las críticas del Papa a Trump por Irán y la aparición de tres cardenales en 60 Minutes cuestionando al presidente. La secuencia alimentó sospechas de una estrategia impulsada desde el entorno de Obama para erosionar la base católica republicana y condicionar la visita papal a Estados Unidos.
Los cardenales Blase Cupich, Robert McElroy y Joseph Tobin salieron en la CBS defenestrando a la administración.
Axelrod fue el jefe de campaña de Obama y su principal asesor político durante años, además de ser uno de los operadores más relevantes del aparato demócrata en Estados Unidos. Su llegada al Vaticano, en medio de un escenario internacional en extremo sensible, encendió y arrojó las especulaciones sobre la mesa.
Apenas días después del encuentro, el propio Papa León XIV salió a cuestionar abiertamente a Trump por su política frente a Irán, marcando una postura alineada con el discurso del multilateralismo y la crítica a la escalada militar.
La ofensiva no quedó ahí. En paralelo, varios referentes de la Iglesia Católica comenzaron a multiplicar las críticas contra el presidente estadounidense, en una seguidilla que llamó la atención por su simultaneidad.
El punto más fuerte de la ofensiva se dio cuando tres cardenales estadounidenses —Blase Cupich (Chicago), Robert McElroy (Washington) y Joseph Tobin (Newark)— aparecieron en el programa 60 Minutes de la cadena CBS y lanzaron críticas directas contra Donald Trump. En sus intervenciones, cuestionaron su política exterior, calificaron la guerra contra Irán como “injusta” y apuntaron contra la política migratoria.
Durante el programa, McElroy fue contundente al señalar que una guerra solo puede justificarse si tiene como objetivo restaurar la paz, en una crítica implícita a la estrategia de Trump. La aparición coordinada de los tres cardenales en uno de los espacios más influyentes de la televisión estadounidense reforzó la percepción de una intervención política deliberada.
En Washington, la lectura política fue inmediata. La coincidencia entre la reunión de Axelrod con el Papa y el posterior alineamiento discursivo de sectores de la Iglesia alimentó la hipótesis de una estrategia impulsada desde el entorno de Obama: El objetivo sería debilitar el vínculo entre Trump y el electorado católico, de cara a las prontas elecciones de medio término.
En ese contexto, comenzaron a circular versiones sobre un posible intento de cancelar la visita del Papa a Estados Unidos prevista para el 4 de julio, lo que elevaría aún más la tensión con la Casa Blanca. Lejos de retroceder, Trump respondió con dureza y dejó en claro que no piensa ceder ante las críticas.