Uno de los ejes centrales del texto es la orden directa de búsqueda y captura. El decreto instruye a los cuerpos policiales nacionales, estadales y municipales a detener en todo el territorio a cualquier persona que haya “promovido o apoyado” la operación estadounidense. La redacción amplia y ambigua habilita persecuciones discrecionales y criminaliza expresiones políticas, opiniones públicas y presuntos vínculos con actores externos.
La norma también dispone la militarización de sectores estratégicos: servicios públicos, industria petrolera y otras industrias básicas del Estado. El personal civil que opera en estas áreas queda temporalmente sometido al régimen militar, consolidando la presencia de las Fuerzas Armadas en la economía y en la vida cotidiana. Además, el Ejecutivo queda facultado para requisar bienes y servicios considerados necesarios para la defensa nacional.











