Un informe de la ONG Prisoners Defenders expuso una crisis humanitaria de gran escala en Cuba. Según el documento, cerca de 90.000 presos sufren condiciones de desnutrición severa que ponen en riesgo directo sus vidas.
El reporte señala que los reclusos reciben entre 250 y 353 calorías diarias. Es apenas entre el 10% y el 14% de lo necesario para un adulto.
“Infraalimentación severa” y daño físico irreversible
El presidente de la organización, Javier Larrondo, fue contundente.
“No hablamos de una mala dieta. Hablamos de infraalimentación severa”, advirtió.
Las consecuencias son graves:
Pérdida extrema de peso
Anemia
Inmunodepresión
Daño neurológico
Alta vulnerabilidad a infecciones

El informe indica que estos efectos pueden aparecer en pocos meses.
Una dieta que no cubre lo mínimo
La alimentación en prisión es extremadamente limitada.
El desayuno suele ser pan y té.
El almuerzo y la cena incluyen pequeñas raciones de arroz, sopa y una croqueta.
El resultado es un déficit crítico de proteínas, vitaminas y minerales.
La ingesta proteica diaria no supera los 10 gramos.
El aporte de vitamina C es prácticamente nulo.
Esto provoca enfermedades como escorbuto, beriberi y deterioro muscular severo.

Condiciones insalubres y abandono médico
La situación se agrava por la falta de higiene.
Las celdas están infestadas de insectos.
Los presos sufren heridas, infecciones y problemas de sueño.
El acceso a atención médica es escaso o inexistente.
Esto multiplica el riesgo de complicaciones y muerte.









