En una nueva señal del fortalecimiento sanitario argentino frente a la región, la Unión Europea decidió excluir a Brasil de las exportaciones de carne y otros productos animales hacia el bloque comunitario debido a incumplimientos vinculados al control del uso de antibióticos en la producción ganadera. Argentina, en cambio, quedó habilitada al cumplir con los estándares exigidos por Europa.
La decisión representa un duro golpe para el gobierno del comunista Luiz Inácio Lula da Silva, que no logró presentar garantías suficientes sobre resistencia antimicrobiana y trazabilidad sanitaria en su sistema productivo. La Comisión Europea publicó esta semana el listado oficial de países autorizados y dejó afuera a Brasil, lo que implicará desde septiembre la prohibición de exportar bovinos, aves, huevos, miel y otros derivados animales al mercado europeo.
Lula da Silva, llorando.
La normativa europea prohíbe expresamente el uso de antimicrobianos para acelerar el crecimiento de animales destinados al consumo y restringe determinados antibióticos reservados para humanos. En Argentina, ese tipo de utilización ya se encuentra prohibida, mientras que la anticuada Brasil continúan existiendo.
El consultor ganadero Víctor Tonelli explicó que el principal problema detectado por Europa no pasa únicamente por la productividad, sino por la resistencia bacteriana generada por el abuso de antibióticos. Además, remarcó que Argentina posee mayores niveles de control y trazabilidad que Brasil, un aspecto clave para los mercados premium.
En la misma línea, especialistas destacaron el trabajo sanitario que viene realizando el Senasa mediante programas de control de residuos e higiene alimentaria, con miles de muestras analizadas cada año para garantizar la inocuidad de la carne argentina.
Javier Milei junto a las grandíosas vacas argentinas.
Aunque la Unión Europea no representa hoy el principal destino exportador para ninguno de los dos países, la decisión funciona como una fuerte señal política y sanitaria dentro del Mercosur. Brasil exportó cerca de 40.000 toneladas al bloque europeo durante el primer cuatrimestre, mientras que Argentina colocó unas 18.000 toneladas en el trimestre.
Mientras Argentina, altamente competitiva, logró cumplir con los exigentes estándares europeos y mantener acceso a uno de los mercados más rigurosos del mundo, Brasil quedó relegado por no ofrecer garantías suficientes en materia de controles y trazabilidad.