La segunda jornada de la Copa Asiática de fútbol femenino terminó convertida en un escándalo político internacional luego de que varias integrantes de la selección de Irán se negaran a cantar el himno impuesto por el régimen islamista durante la presentación del partido frente a Corea del Sur. El gesto ocurrió apenas dos días después del inicio de la operación conjunta israelí-estadounidense que acabó con la vida del líder supremo Ali Jamenei y parte de la cúpula del poder iraní, un hecho que elevó dramáticamente la tensión política en la región.
Las imágenes recorrieron el mundo: un grupo de futbolistas permaneció en silencio mientras sonaba el himno del régimen de los ayatolás. El episodio fue interpretado como un acto de desafío contra el gobierno iraní. Sin embargo, lo que comenzó como un gesto simbólico pronto se transformó en una situación potencialmente peligrosa. Una semana más tarde, tras la eliminación del equipo iraní del torneo, medios oficiales del país comenzaron a referirse a las jugadoras como “traidoras”, exponiéndolas a posibles represalias si regresaban a Irán.

Ante el creciente temor por su seguridad, cinco futbolistas decidieron apartarse del resto de la delegación y solicitar protección, lo que abrió un complejo debate diplomático sobre su futuro.
La situación alcanzó repercusión global cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intervino públicamente para exigir que se protegiera a las atletas. En una publicación en Truth Social, Trump lanzó un mensaje directo al primer ministro australiano Anthony Albanese. “Australia está cometiendo un terrible error humanitario al permitir que obliguen a la selección nacional femenina de fútbol de Irán a regresar a Irán, donde muy probablemente serán asesinadas. No lo haga, señor primer ministro, concédales ASILO”, escribió el mandatario.
En el mismo mensaje fue aún más claro sobre la responsabilidad moral del caso y agregó que Estados Unidos estaba dispuesto a recibirlas si Australia no actuaba. El pronunciamiento fue particularmente significativo en medio de un escenario geopolítico marcado por la confrontación con el régimen iraní y por el historial de persecuciones del gobierno de Teherán contra disidentes.
Poco después, el propio Trump informó que había mantenido contacto con el primer ministro australiano y actualizó la situación. ''Acabo de hablar con el Primer Ministro australiano, Anthony Albanese, sobre la Selección Nacional Femenina de Fútbol de Irán. ¡Está al tanto! Cinco ya han sido atendidas y el resto está en camino. Sin embargo, algunos sienten que deben regresar porque les preocupa la seguridad de sus familias, incluidas las amenazas a sus familiares si no regresan. En cualquier caso, el Primer Ministro está haciendo un excelente trabajo con esta situación tan delicada. ¡Que Dios bendiga a Australia!”, publicó.
Según informó la cadena SBS News, las jugadoras permanecían bajo la protección de la Policía Federal Australiana, mientras se analizaba su situación migratoria. Finalmente, el ministro del Interior y Migraciones de Australia, Tony Burke, anunció que el país les concedería asilo político, y aseguró que la misma opción estaba disponible para otras integrantes del equipo. “Australia ha acogido al equipo femenino de fútbol iraní en nuestro corazón”, afirmó Burke, agregando que “a los demás miembros del equipo la misma oportunidad está ahí”.
Las cinco jugadoras que solicitaron protección son Zahra Sarbali, Mona Hamoudi, Zahra Ghanbari, Fatemeh Pasandideh y Atefeh Ramazani-Zadeh, según informaron medios iraníes.
Paradójicamente, la participación de Irán en el torneo había sido inicialmente celebrada por activistas internacionales. La clasificación del combinado a la Copa Asiática femenina fue la primera desde 2002, un hecho que muchos interpretaron como un avance simbólico para las mujeres en un país donde las libertades femeninas están severamente restringidas. Sin embargo, el clima cambió radicalmente tras la eliminación del equipo y la posibilidad del regreso a Irán.









