El régimen comunista de Nepal atraviesa su peor crisis política en décadas. La represión ordenada por el gobierno dejó al menos 22 muertos y cientos de heridos tras las protestas contra la censura, la corrupción y la desigualdad económica. La violencia estalló luego de que el ex primer ministro K.P. Sharma Oli y su coalición de izquierda intentaran imponer un bloqueo a 26 redes sociales, entre ellas WhatsApp, YouTube y LinkedIn, en un intento por silenciar las voces críticas.
La reacción popular fue inmediata: miles de manifestantes, en su mayoría jóvenes, tomaron las calles de Katmandú desafiando el toque de queda, incendiando edificios gubernamentales, hoteles y hasta viviendas de funcionarios. El Parlamento y la Corte Suprema ardieron en llamas, reflejando el hartazgo de una sociedad que ve cómo un pequeño grupo de la élite política comunista acumula riqueza mientras la mayoría sufre desempleo y precariedad.
Salió el ejército a la calle
El despliegue del Ejército en Katmandú marcó un giro drástico en la crisis política de Nepal. Tras la renuncia del primer ministro comunista K.P. Sharma Oli y la incapacidad del gobierno para controlar la ola de protestas, las Fuerzas Armadas anunciaron que asumirían la responsabilidad del “orden público”. A partir de la medianoche del martes, soldados y policías fuertemente armados ocuparon las calles, rodearon a grupos de manifestantes y en muchos casos los obligaron a arrodillarse con las manos en la cabeza, en una escena que recordó los peores episodios de la guerra civil.

El comunicado oficial del Ejército aseguró que su misión era proteger bienes públicos y privados, pero en la práctica significó una militarización total de la capital. Organismos internacionales y defensores de derechos humanos alertaron que este tipo de intervención suele desembocar en abusos y represión indiscriminada, especialmente en un país con un largo historial de impunidad para las fuerzas de seguridad. El “despacho del Ejército” para restaurar el orden, lejos de garantizar paz, instaló el temor de que Nepal caiga aún más profundo en la violencia y el autoritarismo comunista.
El comunismo en caída libre
La represión desatada por el régimen dejó al descubierto la cara más autoritaria del comunismo nepalí. Las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra la multitud con balas de plomo y goma, además de usar cañones de agua, lo que generó una ola de condenas internacionales. La ONU exigió explicaciones y una investigación independiente, advirtiendo que el gobierno violó los estándares básicos de derechos humanos.









