Funcionarios de Minnesota acusan al gobernador de Minnesota de encubrir fraude y perseguir denunciantes.
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El escándalo comenzó con una investigación del New York Times que expuso un fraude social de más de mil millones de dólares en Minnesota. La estafa involucró programas estatales creados durante la pandemia para alimentar a niños y asistir a familias vulnerables.
En un principio, muchos creyeron que se trataba de un abuso aislado. Pero los fiscales descubrieron tres tramas distintas que mostraban cómo empresas fantasma cobraban millones por servicios que nunca prestaron. La mayoría de los acusados pertenecía a la diáspora somalí del estado, según los documentos judiciales.
El Fiscal Federal Joseph Thompson fue contundente: “Estamos perdiendo nuestro modo de vida en Minnesota de una manera muy real”. El Inspector General del Estado coincidió y dejó una frase que marcó el tono de la crisis: “El fraude es el modelo de negocio”.
Joe Thompson, fiscal federal
Los primeros indicios y un error político decisivo
Las primeras señales aparecieron en 2020. El Departamento de Educación empezó a dudar de las cifras infladas del programa “Feeding Our Future”. Pero la organización respondió con amenazas legales y denuncias mediáticas. En un correo, amenazó que si no aprobaban nuevos centros, habría acusaciones de racismo “difundidas por todas las noticias”.
El clima político pos-George Floyd agravó la situación. Los reguladores temían ser acusados de discriminación si actuaban. El propio fiscal Thompson explicó que “las acusaciones de racismo pueden destruir una reputación o una carrera”.
El gobernador demócrata Tim Walz admitió que su administración priorizó la rapidez y la “generosidad” en el reparto de fondos. “Los programas están diseñados para mover el dinero hacia la gente”, afirmó. Así, los controles quedaron en segundo plano y las redes de fraude crecieron sin freno.
Tim Waltz, gobernador demócrata de Minnesota inmiscuido en una red fraudulenta
El quiebre: empleados estatales tomaron la cuenta oficial
El escándalo explotó esta semana. Trabajadores del Departamento de Servicios Humanos tomaron la cuenta oficial y publicaron un comunicado devastador contra Walz. "Tim Walz es 100% responsable del fraude masivo en Minnesota”, comienza el texto.
Asi inicia el tweet de los empleados de Minnesota
Los empleados aseguran que avisaron desde el principio y recibieron “monitoreo, amenazas y represión”. Señalan que los jefes designados por Walz “amenazaron a las familias de los denunciantes” y bloquearon toda auditoría. También sostienen que el gobernador “desempoderó a la Oficina del Auditor Legislativo”, impidiendo controles efectivos.
El mensaje acusa al mandatario demócrata de ser “deshonesto, sin ética ni integridad” y de inflar el supuesto superávit del estado usando fondos federales temporales. “Minnesota nunca tuvo un superávit”, afirman.
Reacción nacional y terremoto político
La publicación superó los 22 millones de visualizaciones. Algunos usuarios sintetizaron el clima político del momento: “Walz está acabado. Renuncie y no busque la reelección”, escribían.
Los republicanos ya convirtieron el caso en el eje de la campaña 2026, ya que demuestra exactamente como los demócratas usan las redes del Estado para estafar a la ciudadanía. Walz busca un tercer mandato, pero enfrenta su peor crisis política.
El demócrata Tim Waltz
Las investigaciones continúan. Los programas más comprometidos fueron cerrados y el daño institucional es enorme.
Lo que empezó como un fraude pandémico terminó exponiendo un aparato estatal vulnerable, sin controles y condicionado por la política del miedo. Minnesota enfrenta ahora su mayor desafío: reconstruir la confianza en un sistema que dejó de supervisar y dejó de proteger.